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Una prófuga viviendo a plena luz en RD

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

¿Cómo una mujer buscada por asesinato, tentativa de asesinato y asociación de malhechores puede entrar a República Dominicana, hacerse procedimientos estéticos, publicar videos y circular tranquilamente sin que ninguna autoridad detecte su presencia?

Se trata de Esther Thomas, conocida como “Nice B”, requerida por la justicia haitiana por su presunta participación en el brutal asesinato de una mujer conocida como “Baby Love”. Las autoridades haitianas la describen como peligrosa y armada.

Sin embargo, mientras era vinculada con imágenes de una violencia estremecedora, ella publicaba contenidos desde Santo Domingo Este. No parecía una prófuga escondida: visitaba establecimientos, se realizaba procedimientos estéticos y se exhibía en las redes sociales.

Entonces debemos preguntar: ¿cómo entró al país?, ¿qué documentos utilizó?, ¿desde cuándo está aquí?, ¿las autoridades haitianas habían informado a República Dominicana?, ¿Migración, la Policía y los organismos de inteligencia desconocían su presencia?

El problema no es su nacionalidad. La mayoría de los haitianos que llega a nuestro país viene buscando trabajo o escapando precisamente de la violencia. El problema es que una persona señalada por crímenes gravísimos aparentemente encontró en territorio dominicano un lugar donde vivir con absoluta normalidad.

Una política migratoria seria no puede limitarse a detener trabajadores en construcciones o realizar operativos en hospitales. También debe incluir controles biométricos, intercambio de información, inteligencia criminal y seguimiento a personas vinculadas con bandas.

La frontera no se protege únicamente con una verja ni contando deportaciones. Se protege sabiendo quién entra, quién permanece y qué antecedentes tiene.

Las autoridades dominicanas deben confirmar inmediatamente si Esther Thomas continúa en el país, bajo qué identidad ingresó y si existe una solicitud formal para detenerla. Además, deben explicar por qué las redes sociales parecían conocer su ubicación antes que los organismos responsables de nuestra seguridad.

Porque no basta con capturarla después de que el caso se hizo viral. Necesitamos saber cómo llegó hasta aquí y cuántas personas igualmente peligrosas podrían haber hecho lo mismo.

El verdadero escándalo no es solamente que una mujer buscada por un crimen tan brutal pudiera encontrarse en República Dominicana.

El verdadero escándalo es que estaba aquí, haciéndose cirugías, publicando videos y viviendo a plena luz, mientras ninguna autoridad parecía haber levantado una alarma.

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