Por Abril Peña
El Partido Republicano celebrará en Dallas una inusual convención nacional de medio término a menos de dos meses de las elecciones del 3 de noviembre. Donald Trump hablará durante las dos jornadas ante un evento que espera reunir a unas 30,000 personas y costará más de US$40 millones. La apuesta es movilizar a una base republicana menos entusiasmada, pero convertir las elecciones en un referéndum sobre el presidente también representa un riesgo.
WASHINGTON. — Donald Trump no aparecerá en ninguna boleta electoral el próximo 3 de noviembre. Sin embargo, quiere que los estadounidenses voten como si su nombre estuviera allí.
Ese es el objetivo político detrás de la extraordinaria convención nacional que el Partido Republicano celebrará miércoles y jueves en Dallas, Texas, en plena campaña para las elecciones de medio término.
Las grandes convenciones partidarias estadounidenses suelen celebrarse durante los años presidenciales. Sirven para nominar formalmente candidatos, aprobar plataformas y presentar al país la fórmula presidencial.
Esta vez no hay candidato presidencial que escoger, tampoco una nominación que formalizar. Lo que existe es una elección legislativa capaz de determinar cuánto poder conservará Trump durante los dos últimos años de su presidencia.
El evento se realizará en el American Airlines Center, tendrá un costo superior a US$40 millones financiado por donantes republicanos y sus organizadores esperan alrededor de 30,000 asistentes durante las dos jornadas.
Trump será el protagonista, hablará ambos días y detrás del espectáculo existe una apuesta electoral bastante más profunda: conseguir que los seguidores que acuden masivamente a votar cuando Trump aparece en una boleta hagan lo mismo cuando solamente están en juego senadores y representantes.
Una convención sin precedente para unas elecciones complicadas
Celebrar una convención de esta magnitud durante unas elecciones de medio término es extraordinariamente inusual, los republicanos nunca habían realizado una convención nacional de este tipo para unas midterms. Los demócratas organizaron encuentros similares décadas atrás, durante las décadas de 1970 y 1980.
Trump comenzó a plantear la idea hace aproximadamente un año, el razonamiento político es sencillo. El movimiento MAGA ha demostrado una enorme capacidad de movilización cuando Trump compite directamente, pero trasladar esa participación hacia candidatos republicanos cuando él no está en la boleta ha sido históricamente más difícil.
La convención intenta solucionar precisamente ese problema, en lugar de permitir que las elecciones se conviertan en cientos de competencias locales desconectadas entre sí, Trump pretende nacionalizarlas.
El mensaje implícito para sus seguidores será: aunque Trump no esté en la boleta, su presidencia sí está en juego.
Trump hablará las dos noches
La programación confirma hasta qué punto la convención girará alrededor del presidente. Trump pronunciará un discurso central y volverá a ocupar el escenario durante la segunda jornada.
El vicepresidente JD Vance también tendrá una participación destacada, especialmente significativa porque dentro del Partido Republicano ya comienzan inevitablemente las conversaciones sobre la sucesión presidencial de 2028.
Entre los funcionarios anunciados figuran además el secretario del Tesoro, Scott Bessent; el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., y el fiscal general Todd Blanche.
También participarán candidatos involucrados en algunas de las carreras más importantes del país. La agenda buscará destacar asuntos que los republicanos consideran fortalezas de la administración: reducción de impuestos, seguridad fronteriza, manufactura estadounidense, comercio, seguridad pública y reducción de los precios de medicamentos.
Al mismo tiempo, intentarán presentar a los demócratas como una organización desplazada demasiado hacia la izquierda.
El problema: Trump llega con 33 % de aprobación
La convención no ocurre desde una posición de comodidad política. Las mediciones nacionales más recientes sitúan la aprobación de Trump alrededor del 33 %, uno de los niveles más bajos de su segundo mandato. La cifra explica buena parte de la importancia —y también del riesgo— del evento.
Trump continúa siendo enormemente popular entre el núcleo más fiel del Partido Republicano, pero las elecciones competitivas no se ganan únicamente con esa base.
Los candidatos necesitan independientes, moderados y electores suburbanos, precisamente ahí la figura presidencial puede resultar mucho más divisiva.
Convertir las elecciones en un referéndum sobre Trump podría movilizar a republicanos que de otro modo permanecerían en sus casas, pero también podría conseguir exactamente lo mismo entre los demócratas.
El entusiasmo republicano preocupa al partido, uno de los problemas que la convención pretende corregir es la diferencia de entusiasmo electoral.
Las mediciones recientes muestran una mayor disposición entre los demócratas a participar en noviembre que entre los republicanos, para unas elecciones de medio término esto resulta especialmente relevante.
La participación suele ser inferior a la de una elección presidencial y, por tanto, pequeñas diferencias en movilización pueden modificar completamente una contienda cerrada.
Trump posee una base extremadamente leal, el tema es si esa lealtad puede transferirse. Un ciudadano puede estar dispuesto a esperar horas para votar por Donald Trump y no necesariamente sentir el mismo entusiasmo por un candidato republicano local cuyo nombre apenas conoce.
Dallas pretende convertir esos candidatos en extensiones políticas del presidente, algunos candidatos tienen otro problema: necesitan estar haciendo campaña, existe además una contradicción logística.
La convención pretende reunir a las principales figuras republicanas justo cuando muchos candidatos competitivos necesitan permanecer en sus propios distritos.
Al menos cuatro participantes están involucrados en importantes carreras senatoriales y una decena compite en contiendas cerradas por la Cámara de Representantes.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson, ha reconocido que numerosos legisladores probablemente permanecerán haciendo campaña en sus territorios.
Tiene sentido, el voto anticipado está cada vez más cerca y cada día cuenta, una fotografía con Trump en Dallas puede movilizar a la base. Pero tocar puertas, recaudar dinero y convencer independientes en un distrito competitivo también gana elecciones.
Texas no fue elegido por casualidad, la elección de Dallas tiene un enorme simbolismo. Texas ha sido durante décadas uno de los grandes bastiones republicanos de Estados Unidos.
Pero en 2026 el estado alberga algunas de las batallas electorales que más preocupan al partido. La carrera senatorial entre el republicano Ken Paxton y el demócrata James Talarico se ha convertido en una competencia nacionalmente observada.
Analistas electorales consideran actualmente esa contienda altamente competitiva.
Trump ganó Texas nuevamente las elecciones en el 2025, pero las mediciones más recientes dentro del estado muestran un deterioro considerable de su aprobación: una encuesta del Texas Politics Project situó su respaldo en 43 %, ocho puntos por debajo de su desaprobación.
La importancia de Texas tampoco termina en el Senado. Varios distritos de la Cámara en el sur del estado, con una fuerte población latina, podrían contribuir a decidir el control nacional de la institución.
Los latinos vuelven a convertirse en una pieza decisiva, aquí aparece otro elemento especialmente interesante para América Latina.
Una nueva encuesta realizada entre 1,500 votantes latinos registrados en 17 distritos competitivos encontró una ventaja demócrata de 58 % frente a 35 % en la intención de voto genérica para el Congreso.
El cambio es particularmente llamativo en Texas, en determinados distritos competitivos del estado, el electorado latino había estado prácticamente dividido en 2024. Ahora la medición registra una ventaja demócrata de 56 %-36 %.
Más significativo todavía: alrededor de 11 % de los latinos que votaron por Trump en 2024 afirma ahora que apoyaría a un candidato demócrata al Congreso.
Eso no significa que los republicanos hayan perdido el voto latino, el electorado latino estadounidense no constituye un bloque homogéneo y sus preferencias cambian significativamente según estado, origen nacional, generación, nivel socioeconómico y prioridades políticas.
Pero sí indica que parte de los avances republicanos conseguidos en 2024 podría estar erosionándose precisamente en los lugares donde unos pocos miles de votos pueden decidir un escaño.
El costo de vida vuelve a perseguir a Trump, el mayor obstáculo político continúa siendo la economía cotidiana.
Los estadounidenses pueden recibir indicadores macroeconómicos positivos y, simultáneamente, considerar que su situación financiera personal no ha mejorado. Alimentos, Vivienda, Seguros.Crédito, Combustibles.
Esos son los indicadores que el elector encuentra cada día y ahora la guerra con Irán añade otra presión mediante los precios energéticos.
Para los republicanos, la convención constituye una oportunidad para cambiar esa conversación y recordar a los votantes los recortes fiscales, las políticas fronterizas y otras medidas aprobadas durante la primera mitad del mandato.
Para los demócratas, la estrategia será exactamente la contraria: mantener la conversación centrada en precios y costo de vida.
La guerra con Irán complica todavía más el mensaje, Trump enfrenta además una dificultad que no existía cuando comenzó a imaginar esta convención hace aproximadamente un año.
La guerra con Irán ha elevado los precios energéticos y generado preocupación sobre su duración, Trump ha defendido públicamente que los estadounidenses deben soportar determinados costos económicos para impedir que Irán consiga un arma nuclear.
Desde una perspectiva de seguridad nacional, el argumento puede movilizar a determinados sectores del electorado, electoralmente, sin embargo, presenta riesgos.
Cuando el precio de la gasolina sube, la política exterior deja de sentirse distante, entra directamente al presupuesto familiar.
Así, la convención deberá intentar vender simultáneamente fortaleza internacional y tranquilidad económica, no será una tarea sencilla.
El costo de la convención supera los US$40 millones, es una cifra extraordinaria para un evento que no elegirá candidatos ni aprobará una nueva plataforma presidencial.
Pero debe entenderse dentro de una campaña electoral estadounidense que movilizará miles de millones de dólares. Las carreras por el Senado, por sí solas, podrían superar US$3,400 millones en gasto total durante este ciclo electoral.
El movimiento político asociado a Trump dispone además de una enorme reserva financiera. Su organización comenzó recientemente a utilizar parte de aproximadamente US$400 millones disponibles, incluyendo unos US$10 millones destinados a la carrera senatorial de Texas.
Dallas es, por tanto, solamente una parte de una ofensiva electoral mucho mayor.
La batalla por el Senado ya no parece tan cómoda, hasta hace relativamente poco, los republicanos parecían tener una ruta bastante clara para conservar el Senado, eso ha cambiado.
Los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para obtener la mayoría y continúan enfrentando un mapa complicado.
Pero algunas carreras que parecían seguras para los republicanos se han vuelto competitivas, incluyendo estados como Texas e Iowa.
Al mismo tiempo, los demócratas enfrentan sus propias dificultades en lugares que esperaban conquistar, particularmente Michigan y Maine.
Eso convierte al Senado en una batalla mucho más abierta de lo previsto inicialmente y explica por qué la convención tendrá una presencia importante de candidatos senatoriales.
Si Trump pierde el Congreso, cambia su presidencia, esta es la verdadera razón por la que Dallas importa. Las elecciones del 3 de noviembre decidirán la estructura de poder de Washington durante los últimos dos años del mandato presidencial.
Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes, podrán controlar comités, iniciar investigaciones, emitir citaciones y dificultar la agenda legislativa presidencial.
Si también consiguieran el Senado —un escenario matemáticamente más difícil— podrían bloquear nombramientos y confirmaciones judiciales.
Por el contrario, mantener ambas cámaras permitiría a Trump intentar completar buena parte de su agenda con un Congreso aliado.
Por eso una convención sin nominación presidencial puede terminar teniendo consecuencias comparables a una convención presidencial, Trump no necesita conseguir una candidatura.
Necesita conservar el Congreso que permite ejecutar su presidencia. La estrategia es una apuesta de alto riesgo y tiene una lógica política evidente.
Donald Trump continúa siendo la figura más poderosa del Partido Republicano. Si alguien puede conseguir que los votantes MAGA traten unas elecciones legislativas como si fueran presidenciales, probablemente sea él.
Pero existe una segunda posibilidad. Que convertir las elecciones de medio término en un referéndum personal sobre Trump movilice tanto —o más— a sus adversarios que a sus seguidores.
Dallas será el primer gran experimento de esa estrategia, Treinta mil asistentes esperados, Más de US$40 millones, Dos discursos presidenciales.
Candidatos de algunas de las carreras más importantes del país y un presidente con apenas 33 % de aprobación intentando convencer a millones de estadounidenses de algo muy particular: su nombre no estará en la boleta del 3 de noviembre, pero su poder sí.

