El presidente chino llegó a Bishkek para participar en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái y realizar una visita de Estado a Kirguistán, antes de viajar a Egipto. Infraestructura, comercio, seguridad y la expansión de los vínculos de Pekín con el Sur Global marcan una gira de cuatro días.
Por Abril Peña
BISHKEK.— El presidente chino, Xi Jinping, inició una gira internacional que conecta dos espacios cada vez más importantes para la política exterior de Pekín: Asia Central y Oriente Medio.
Xi llegó este domingo a Bishkek, capital de Kirguistán, donde participará en la Cumbre 2026 de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y realizará una visita de Estado, antes de desplazarse a Egipto para reunirse con el presidente Abdel Fattah al-Sisi.
La gira se extenderá del 30 de agosto al 3 de septiembre y supone el primer viaje de Estado de Xi a Egipto en una década.
El mandatario chino viaja acompañado, entre otros funcionarios, por el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, y por Cai Qi, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista de China.
Primera parada: Asia Central
La llegada de Xi a Bishkek estuvo acompañada por una recepción encabezada por el presidente kirguís Sadyr Japarov, quien acudió junto a su esposa al aeropuerto internacional de Manas para recibir al mandatario chino y a Peng Liyuan.
Xi mantendrá conversaciones con Japarov y participará en la cumbre de la OCS junto a otros líderes de la organización. La importancia del encuentro va más allá del protocolo diplomático.
La Organización de Cooperación de Shanghái se ha convertido en uno de los principales espacios multilaterales utilizados por China para profundizar sus relaciones políticas, económicas y de seguridad con Eurasia.
La organización, que comenzó con seis miembros, se ha expandido hasta conformar una estructura de 27 países entre miembros, observadores y socios de diálogo, según datos divulgados por China.
Una relación económica que crece rápidamente
Kirguistán ocupa además una posición estratégica para China por su ubicación geográfica. Ambos países comparten aproximadamente 1,000 kilómetros de frontera, y el territorio kirguís constituye uno de los corredores naturales entre el oeste de China y Asia Central.
El comercio bilateral alcanzó US$27,200 millones en 2025, un crecimiento interanual del 19.8 %, de acuerdo con cifras divulgadas por Xinhua.
Pero uno de los proyectos que mejor representa la relación es el ferrocarril China-Kirguistán-Uzbekistán.
Su construcción está en marcha después de décadas de negociaciones y busca crear una nueva conexión ferroviaria desde China hacia Asia Central, con posibilidades de enlazarse posteriormente con rutas hacia Europa.
Xi ha definido el proyecto como un corredor estratégico destinado a impulsar la conectividad y el desarrollo regional. Para Pekín, esas conexiones forman parte de una estrategia más amplia vinculada a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
La OCS como plataforma de influencia
Xi participa regularmente en las cumbres de la OCS desde 2013. Durante ese período, China ha impulsado dentro de la organización iniciativas relacionadas con energía, economía digital, infraestructura, inteligencia artificial, educación e innovación tecnológica.
Solo durante el último año fueron creadas siete plataformas de cooperación y más de 160 proyectos en áreas que incluyen industria verde, economía digital, energía, tecnología e inteligencia artificial, según información oficial china.
La organización también aborda terrorismo, separatismo, seguridad fronteriza y estabilidad regional. Para China, por tanto, la OCS combina dos dimensiones de su política exterior: seguridad e integración económica.
Después de Asia Central, Egipto
La segunda parte de la gira llevará a Xi a Egipto, donde mantendrá conversaciones con el presidente Abdel Fattah al-Sisi.
Será la primera visita de Estado del mandatario chino al país desde 2016 y coincide con el 70 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Egipto.
Las conversaciones estarán centradas en la asociación estratégica bilateral y en asuntos regionales e internacionales.
Egipto ocupa una posición particularmente valiosa para Pekín. El país conecta África, Oriente Medio y el Mediterráneo y controla el Canal de Suez, una de las rutas marítimas más importantes del comercio internacional.
China considera además a Egipto un punto de entrada estratégico para ampliar sus relaciones económicas con África y el mundo árabe.
China ya tiene una importante presencia junto al Canal de Suez, uno de los principales símbolos de esa relación es la Zona de Cooperación Económica y Comercial China-Egipto TEDA Suez, situada en Ain Sokhna.
Hasta finales de junio, el complejo había atraído a más de 200 empresas, acumulado inversiones superiores a US$4,700 millones y creado más de 10,000 empleos directos, según cifras oficiales chinas.
Xi y Sisi inauguraron conjuntamente la segunda fase de esta zona industrial durante la visita del presidente chino a Egipto en 2016.
El comercio bilateral también continúa creciendo.
Según cifras de Egipto citadas por medios locales, los intercambios entre ambos países alcanzaron aproximadamente US$20,780 millones en 2025, frente a US$17,370 millones durante el año anterior.
Egipto también forma parte de los BRICS
La relación entre Pekín y El Cairo adquirió otra dimensión con la incorporación de Egipto a los BRICS. China ha promovido la ampliación del grupo como parte de su apuesta por aumentar la representación de las economías emergentes dentro de la gobernanza internacional.
Egipto permite a Pekín conectar varias de esas iniciativas: BRICS, cooperación China-África, relaciones China-Estados Árabes y la Franja y la Ruta.
La visita de Xi ocurre, además, en un momento de profundas tensiones en Oriente Medio, lo que añade una dimensión diplomática a las conversaciones previstas con Sisi.
De Bishkek a El Cairo
La secuencia del viaje permite observar con claridad las prioridades exteriores de China. En Kirguistán aparecen ferrocarriles, corredores terrestres, seguridad regional y Asia Central.
En Egipto aparecen Suez, África, Oriente Medio, comercio e inversión. Son escenarios distintos, pero forman parte de una misma estrategia: ampliar las conexiones económicas y políticas de China con países situados fuera del sistema tradicional de alianzas occidentales.
La gira tampoco significa que esos gobiernos estén simplemente alineándose con Pekín. Kirguistán mantiene relaciones históricas con Rusia y busca equilibrar a sus principales socios, mientras Egipto conserva una relación estratégica fundamental con Estados Unidos.
Precisamente por eso resultan importantes para China. Pekín está profundizando relaciones con países que no necesariamente quieren elegir entre China, Estados Unidos o Rusia, sino obtener ventajas de varios centros de poder simultáneamente.
Xi llega a Bishkek con esa estrategia en marcha y después viajará a uno de los puntos geográficos más importantes del comercio mundial.
La ruta Bishkek-El Cairo resume así buena parte de la política exterior china contemporánea: infraestructura, comercio, inversión y diplomacia utilizados conjuntamente para ampliar su presencia desde el corazón de Eurasia hasta las puertas del Canal de Suez.

