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China prepara robots humanoides para el campo de batalla: la nueva carrera militar entre Pekín y Washington

by Redaccion
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Por Abril Peña

Documentos de investigación y registros de adquisiciones revisados por Reuters muestran que el aparato militar chino acelera el desarrollo de robots humanoides para futuras operaciones, desde reconocimiento e infiltración hasta escenarios de combate urbano. Los expertos advierten, sin embargo, que todavía existen importantes obstáculos técnicos antes de convertirlos en soldados operativos.

PEKÍN.– Hace apenas unas semanas, los robots humanoides chinos corrían, boxeaban, practicaban artes marciales y protagonizaban caídas virales ante miles de espectadores durante los World Humanoid Robot Games de Pekín.

Detrás del espectáculo, sin embargo, China desarrolla una ambición considerablemente más estratégica.

El aparato militar chino está acelerando la investigación y experimentación con robots humanoides y cuadrúpedos para su eventual utilización en el campo de batalla, de acuerdo con una investigación publicada este lunes 7 de septiembre por Reuters, basada en documentos académicos, registros de adquisiciones y proyectos vinculados al Ejército Popular de Liberación (EPL). 

La información no significa que China tenga actualmente ejércitos de robots humanoides preparados para combatir. Esa distinción es fundamental.

Lo que muestran los documentos es que Pekín está construyendo las capacidades, experimentando con escenarios militares y preparando talento especializado para que esas máquinas puedan desempeñar funciones cada vez más complejas en futuros conflictos y ahí está la verdadera noticia.

De las fábricas al campo de batalla

China ha convertido la robótica en una de sus grandes apuestas industriales.

Los humanoides ya son probados para manufactura, logística y diferentes tareas civiles. Pero las mismas características que pueden hacerlos útiles en una fábrica —movilidad, autonomía, percepción del entorno y capacidad para manipular objetos— también despiertan interés militar.

Reuters encontró que la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China (NUDT), institución directamente vinculada al Ejército Popular de Liberación, lleva años explorando estas posibilidades.

Una competencia universitaria celebrada en junio de 2025 incluyó incluso un escenario simulado de “infiltración detrás de las líneas enemigas”, en el que los robots debían penetrar una zona, cartografiarla y localizar objetivos.

Otros escenarios contemplaban patrullaje de instalaciones militares, controles de identidad y tareas de seguridad en bases.

La propia universidad presentó esas pruebas como parte del camino para llevar eventualmente los humanoides hacia el campo de batalla. 

¿Para qué quiere China robots humanoides?

La utilidad militar inicial probablemente sea mucho menos cinematográfica de lo que sugieren las películas de ciencia ficción.

Antes de imaginar robots disparando de manera autónoma, existen tareas donde una máquina puede ofrecer una ventaja inmediata precisamente porque evita exponer a un soldado.

Reconocimiento en edificios, exploración de zonas contaminadas, transporte de municiones y suministros, búsqueda de explosivos, vigilancia, operaciones en espacios peligrosos, cartografía de territorio enemigo, apoyo logístico.

La capacidad de un humanoide para moverse en entornos construidos para seres humanos —escaleras, puertas, corredores o instalaciones industriales— constituye una de las razones por las que esta tecnología resulta atractiva para las fuerzas armadas.

Los robots cuadrúpedos, por su parte, pueden ofrecer mayor estabilidad en terrenos irregulares, el objetivo no necesariamente sería sustituir inmediatamente al soldado.

Primero puede ser enviar la máquina donde enviar a una persona resulte demasiado peligroso. China también está preparando a sus militares para la guerra con IA

Existe otro dato que permite entender la dimensión de la estrategia. Investigadores de la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa han propuesto rediseñar la enseñanza de inteligencia artificial para estudiantes de posgrado colocando en el centro la idea de “educar para la guerra”.

La propuesta plantea incorporar escenarios militares concretos a la formación de futuros oficiales para prepararlos para lo que China denomina guerra inteligente. 

Y el movimiento no se limita a las universidades. China acaba de modificar por primera vez en 16 años su legislación sobre movilización de defensa nacional para dar mayor relevancia a las tecnologías avanzadas. Analistas chinos consideran que la nueva formulación abarca inteligencia artificial, drones, sistemas no tripulados, tecnologías cuánticas, ciberespacio y otros sectores emergentes. La reforma entrará en vigor el 1 de octubre.

Las piezas comienzan a encajar, China está desarrollando robots, está formando especialistas, está estudiando aplicaciones militares y simultáneamente está adaptando su marco institucional para integrar tecnologías emergentes en sus capacidades de defensa.

Pero todavía no estamos ante un ejército de Terminators, aquí conviene poner un freno a las imágenes más espectaculares, los robots humanoides todavía enfrentan problemas importantes para funcionar en un campo de batalla real.

Necesitan energía, deben soportar impactos, tienen que mantener el equilibrio sobre terrenos impredecibles, necesitan comunicaciones seguras.

Deben interpretar ambientes extremadamente complejos y reaccionar ante circunstancias que no estaban previstas por sus programadores.

Y, sobre todo, necesitan hacerlo de manera suficientemente fiable como para que un comandante militar confíe en ellos, cluso investigadores vinculados al aparato de seguridad chino reconocen limitaciones.

Un estudio reciente señaló que las aplicaciones militares chinas de inteligencia artificial permanecen concentradas principalmente en funciones auxiliares y que los usos ofensivos en combate real todavía están en una etapa exploratoria. 

Malcolm Davis, analista del Australian Strategic Policy Institute citado por Reuters, considera que los humanoides todavía no son sistemas prácticos de combate, aunque estima que en cinco o diez años la situación podría ser muy diferente. 

La competencia con Estados Unidos

La historia adquiere otra dimensión cuando se observa desde Washington. China y Estados Unidos ya compiten por semiconductores avanzados, inteligencia artificial, drones, computación cuántica y sistemas autónomos.

Ahora la robótica comienza a incorporarse al mismo tablero.

Expertos señalan que la industria estadounidense se encuentra rezagada respecto de China en el desarrollo comercial de determinados robots bípedos y cuadrúpedos. La investigación recuerda además una paradoja particularmente llamativa: diseños de los populares perros robóticos de la empresa china Unitree se apoyaron en innovaciones originalmente financiadas por el propio sector militar estadounidense. 

La competencia tecnológica entre ambas potencias está entrando así en un territorio donde las fronteras entre tecnología civil y militar resultan cada vez más difíciles de distinguir.

Una empresa puede desarrollar un robot para una fábrica y la misma plataforma puede adaptarse posteriormente para transportar suministros militares.

Un sistema diseñado para inspeccionar instalaciones industriales puede terminar explorando edificios en una zona de combate, es el conocido problema de las tecnologías de doble uso.

Existe además un precedente imposible de ignorar, la guerra en Ucrania convirtió los sistemas no tripulados en protagonistas del combate moderno.

Drones relativamente baratos pueden localizar objetivos, atacar vehículos, destruir infraestructura o proporcionar información en tiempo real.

China ha observado esas lecciones. Expertos chinos citados al analizar la reciente reforma de la legislación de movilización nacional mencionan expresamente el conflicto ruso-ucraniano como demostración de la creciente importancia de los sistemas no tripulados, las tecnologías inteligentes y las capacidades cibernéticas.

El humanoide representa potencialmente el siguiente paso: llevar parte de esa autonomía desde el aire hasta el terreno.

El dilema ético será enorme, la evolución tecnológica abre además una pregunta que ninguna potencia podrá evitar.

¿Quién toma la decisión de matar?

Una cosa es utilizar un robot para transportar suministros, otra muy distinta es permitirle seleccionar y atacar objetivos.

El debate internacional sobre los sistemas de armas autónomas lleva años desarrollándose precisamente alrededor de esa frontera.

Cuanto más capaces sean la inteligencia artificial y la robótica, más urgente será establecer qué decisiones deben permanecer bajo control humano y la competencia militar puede crear el incentivo contrario: avanzar rápidamente antes que el adversario.

La carrera apenas comienza

La imagen de robots chinos bailando o corriendo puede resultar divertida, pero sería un error quedarse únicamente con el espectáculo.

Detrás de esos avances existe una industria robótica gigantesca, una estrategia estatal de inteligencia artificial y unas fuerzas armadas que estudian cómo convertir esas capacidades civiles en ventajas militares.

China todavía no dispone de legiones de soldados humanoides. Probablemente falten años para que una máquina de este tipo pueda desenvolverse de manera fiable en un campo de batalla complejo.

Pero las guerras tecnológicas no comienzan cuando aparece el arma terminada, comienzan cuando las potencias deciden invertir, investigar, formar especialistas y construir la infraestructura necesaria para desarrollarla … y esa carrera ya empezó.

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