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La promesa de Trump de abaratar el supermercado se vuelve contra los republicanos rumbo a las elecciones

by Redaccion
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Dos años después de utilizar una mesa repleta de alimentos para responsabilizar a los demócratas por la inflación, Donald Trump enfrenta su propia prueba: 26 categorías básicas de supermercado cuestan en promedio 3.4 % más desde que comenzó su segundo mandato. El costo de vida emerge como una de sus principales vulnerabilidades antes de las elecciones de medio término.

Washington. — Había huevos, pan, café, cereales, tocino, frutas y otros productos cotidianos.

En agosto de 2024, Donald Trump apareció ante una mesa cargada de alimentos en su club de golf de Bedminster, Nueva Jersey. Entonces era candidato presidencial y la escenografía tenía un propósito político perfectamente calculado: convertir la inflación estadounidense en algo que cualquier familia pudiera comprender.

No había que explicar complicados indicadores económicos, bastaba con mirar el supermercado, Trump responsabilizó a la administración demócrata del aumento del costo de vida y prometió que, si regresaba a la Casa Blanca, los precios bajarían.

Dos años después, aquella imagen vuelve a aparecer en la política estadounidense, pero ahora tiene un significado muy diferente.

Un análisis publicado por Reuters muestra que los precios de 26 categorías de alimentos utilizadas como referencia han aumentado en promedio 3.4 % desde el inicio del segundo mandato de Trump. Aunque el ritmo es considerablemente inferior al registrado durante buena parte del período de Joe Biden, existe una diferencia políticamente fundamental: Trump prometió reducir los precios, no simplemente conseguir que aumentaran más lentamente. 

Y cuando faltan menos de tres meses para las elecciones de medio término del 3 de noviembre, el supermercado comienza a convertirse en uno de los lugares donde los republicanos pueden terminar pagando el precio político de esa promesa.

El problema no es solamente la inflación: son las expectativas, aquí conviene hacer una distinción económica fundamental.

Que la inflación disminuya no significa que los precios bajen, si un producto costaba US$5 y posteriormente subió a US$7, una reducción de la inflación puede hacer que el siguiente aumento sea menor, pero el consumidor continúa pagando alrededor de US$7.

Eso explica parte de la distancia que existe actualmente entre determinados indicadores macroeconómicos y la experiencia cotidiana de millones de estadounidenses.

Los precios de los alimentos consumidos en el hogar en las ciudades estadounidenses han aumentado alrededor de 33 % desde comienzos de 2019, según cifras gubernamentales citadas por AP. En los siete años y medio anteriores, el incremento había sido de apenas 6.4 %. 

Ese salto acumulado ha modificado los hábitos de compra, familias estadounidenses están recurriendo más a cupones, comparando precios entre establecimientos, sustituyendo productos y eliminando algunos alimentos de sus listas habituales.

Por eso el desafío político de Trump es diferente al que enfrentaría simplemente un presidente administrando inflación elevada.

Él convirtió explícitamente el precio del supermercado en una promesa electoral y los votantes pueden comparar aquella promesa con lo que pagan hoy.

Una fotografía de 2024 regresa para perseguir a los republicanos, la fotografía de Bedminster fue políticamente efectiva precisamente por su sencillez.

Trump utilizó productos que forman parte de la compra habitual de una familia para transmitir un mensaje: la vida era demasiado cara y los demócratas eran responsables.

Ahora los demócratas tienen la oportunidad de utilizar exactamente el mismo razonamiento contra él, corresponsales  encontraron que en el competitivo 7.º Distrito congresional de Nueva Jersey, algunos votantes que apoyaron a Trump expresan frustración económica o menor entusiasmo ante las elecciones legislativas.

Ese detalle es mucho más importante que una fotografía viral, las elecciones de medio término no necesitan producir una migración masiva de republicanos hacia el Partido Demócrata para cambiar el control del Congreso.

En distritos cerrados puede bastar con que una parte de los votantes independientes cambie de preferencia o que determinados simpatizantes republicanos pierdan suficiente entusiasmo como para quedarse en casa.

Es exactamente el riesgo que hemos observado en otros escenarios electorales durante las últimas semanas, primero apareció en las encuestas nacionales, después comenzó a percibirse entre agricultores del Wisconsin rural y finalmente ahora aparece en los pasillos del supermercado.

La línea que conecta esas historias es la misma: el costo de vida.

Trump tiene un argumento a su favor, la comparación necesita contexto para ser periodísticamente justa.

Los precios no están aumentando al ritmo observado durante algunos de los peores momentos inflacionarios de la administración Biden.

El 3.4 % calculado por Reuters para las 26 categorías examinadas desde el comienzo del segundo mandato de Trump representa un incremento, pero no reproduce el extraordinario salto acumulado de los años anteriores. 

Además, un presidente estadounidense no determina directamente cuánto cuesta cada producto del supermercado, los precios dependen de múltiples factores: energía, salarios, transporte, materias primas, condiciones meteorológicas, enfermedades animales, cadenas de suministro, mercados internacionales, política monetaria y decisiones empresariales.

Por eso sería incorrecto afirmar que Trump es responsable de cada aumento registrado en los supermercados estadounidenses.

Pero políticamente existe un problema diferente, cuando un candidato promete reducir los precios, eleva las expectativas sobre aquello por lo que posteriormente será juzgado.

Trump no pidió a los estadounidenses que evaluaran únicamente si la inflación desaceleraba, les dijo que podía hacer la vida más barata.

Aranceles, energía y guerra complican la ecuación, la situación tampoco puede separarse de otras decisiones de la administración, Trump ha utilizado los aranceles como herramienta central de su política comercial, argumentando que protegerán a los productores estadounidenses, reducirán dependencias extranjeras y obligarán a otros países a negociar mejores condiciones para Estados Unidos.

Pero los aranceles también pueden aumentar los costos de determinados productos importados y de insumos utilizados por compañías estadounidenses, a ello se suma el componente energético.

La prolongada guerra con Irán ha ejercido presión sobre los mercados de energía y los precios de los combustibles, mientras la administración intenta reducir el impacto doméstico del conflicto.

Reuters ha documentado que el costo de la guerra y el aumento de los combustibles están contribuyendo al deterioro de la percepción pública sobre el conflicto. 

La conexión con el supermercado es directa, el petróleo no solamente determina cuánto cuesta llenar el tanques, también influye en el transporte de alimentos, la producción agrícola, los fertilizantes, los envases y numerosas etapas de la cadena logística.

Cuando aumenta la energía, parte de ese costo termina trasladándose al consumidor, el supermercado puede pesar más que las grandes cifras

Las elecciones rara vez se deciden leyendo informes macroeconómicos, un ciudadano puede desconocer el dato exacto de inflación, puede  no saber cuánto aumentó el índice de precios al productor, puede incluso ignorar si la economía creció dos o tres décimas más durante un trimestre, pero sabe perfectamente cuánto pagó la última vez que compró huevos, carne, café o leche y ahí está el problema político.

La economía que aparece en las estadísticas y la economía que experimenta un votante no siempre producen la misma percepción y en unas elecciones, la percepción también vota.

Expertos señalan que el costo de vida se ha convertido en el principal asunto para numerosos electores y que los demócratas han conseguido incluso una ligera ventaja sobre los republicanos cuando se pregunta quién manejaría mejor la economía, algo especialmente significativo porque los republicanos habían conservado durante años una ventaja en ese terreno. 

Para Trump, perder la batalla de la economía sería considerablemente más peligroso que perder una discusión puntual sobre política exterior, la fortaleza económica ha sido uno de los pilares de su marca política.

Nueva Jersey muestra cómo puede traducirse el malestar en votos

El 7.º Distrito de Nueva Jersey ayuda a comprender el peligro, es un territorio competitivo donde los republicanos necesitan conservar votantes moderados e independientes para mantener el escaño.

Periodistas entrevistaron allí a electores que muestran preocupación por el costo de vida y, en determinados casos, consideran apoyar a la candidata demócrata frente al republicano en noviembre. 

No significa que el distrito esté decidido, mucho menos que exista una ola nacional irreversible contra los republicanos, pero estas son precisamente las circunscripciones donde pequeñas variaciones pueden decidir quién controla la Cámara de Representantes.

Y el mensaje demócrata es extremadamente sencillo: ¿Está pagando menos en el supermercado que cuando Trump asumió?

Para responder políticamente, los republicanos necesitan algo más que demostrar que la inflación es menor que antes, necesitan convencer a los votantes de que su situación económica está mejorando.

El impacto también llega a República Dominicana

Lo que ocurre con el consumidor estadounidense tiene consecuencias más allá de Estados Unidos. República Dominicana mantiene una relación económica extraordinariamente estrecha con ese país mediante comercio, turismo, inversión y remesas.

Cuando las familias estadounidenses sienten presión sobre su ingreso disponible, pueden reducir gastos discrecionales, viajes y consumo.

Eso importa especialmente para una economía dominicana donde Estados Unidos constituye el principal mercado emisor de turistas y uno de los centros fundamentales de nuestra diáspora.

También existe una dimensión comercial, las políticas arancelarias estadounidenses, el comportamiento del dólar y los precios internacionales de alimentos y energía terminan repercutiendo sobre los costos dominicanos.

Por eso el debate estadounidense sobre affordability no es simplemente una historia electoral, es una discusión económica que puede terminar cruzando el Caribe.

Las midterms empiezan a girar alrededor de una palabra: asequibilidad, durante meses, la agenda política estadounidense ha estado dominada por inmigración, guerra, seguridad, aranceles y las múltiples controversias que acompañan al segundo mandato de Trump.

Pero a medida que se acerca noviembre, los partidos están regresando a una preocupación mucho más básica: ¿puede una familia pagar sus cuentas?

Los demócratas han colocado la asequibilidad en el centro de su estrategia para recuperar la Cámara. AP ha documentado cómo el liderazgo demócrata está intentando convertir el costo de vida en uno de los principales argumentos de campaña rumbo a las elecciones legislativas. 

Los republicanos responderán señalando que heredaron precios ya elevados, que la inflación se ha moderado y que determinadas políticas necesitan tiempo para producir resultados.

Ambas partes tienen argumentos que presentar, pero solo una realidad terminará importando electoralmente: qué siente el votante cuando abre su cartera.

Trump convirtió el supermercado en su símbolo; ahora tendrá que defenderlo

Hay una ironía política particularmente poderosa en esta historia, Trump entendió mejor que muchos políticos en 2024 que la inflación necesitaba una imagen, no escogió una gráfica, no apareció frente a la Reserva Federal, no explicó índices económicos… puso comida sobre una mesa.

Fue brillante desde el punto de vista comunicacional porque convirtió una cuestión abstracta en una experiencia cotidiana, pero toda buena herramienta política puede volverse contra quien la utiliza.

Dos años después, esa mesa continúa ahí metafóricamente, la diferencia es que Trump está ahora sentado del lado del gobierno, eso modifica completamente la pregunta.

En 2024 podía preguntar: “¿Por qué Biden permitió que esto ocurriera?”

En 2026 los electores pueden responder: “¿Y por qué todavía no lo has solucionado?”

La respuesta económica es compleja, ningún presidente controla directamente los precios de los alimentos y sería intelectualmente deshonesto atribuir cada incremento a Trump.

La respuesta política es mucho más simple, el prometió hacerlo y ese es el verdadero riesgo electoral.

Las elecciones de noviembre probablemente estarán atravesadas por inmigración, Irán, seguridad, aborto, salud, impuestos y decenas de asuntos adicionales.

Pero cuando un ciudadano entra al supermercado, todos esos debates desaparecen durante unos minutos, quedan el carrito, la lista y el total de la caja.

Y si los demócratas consiguen convertir ese recibo en una papeleta electoral, los republicanos podrían descubrir que una de las fotografías que ayudó a Trump a regresar a la Casa Blanca en 2024 también contribuyó a complicarle el Congreso en 2026.

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