Las compañías germanas elevaron alrededor de un tercio sus inversiones directas en China durante el primer semestre de 2026, mientras las destinadas a Estados Unidos se redujeron cerca de dos tercios. El movimiento desafía el discurso europeo de reducir riesgos frente a Pekín y muestra cómo los aranceles y la incertidumbre estadounidense están alterando las decisiones empresariales.
BERLÍN.– Mientras Europa lleva años hablando de reducir su dependencia económica de China, las empresas de su principal potencia industrial parecen estar tomando una dirección diferente.
Las compañías alemanas incrementaron alrededor de un tercio sus inversiones directas en China durante el primer semestre de 2026, al tiempo que redujeron drásticamente las destinadas a Estados Unidos, según cálculos del Instituto Económico Alemán (IW) basados en datos del Bundesbank y divulgados este domingo 13 de septiembre por Reuters.
La divergencia es considerable. Las inversiones alemanas en China aumentaron aproximadamente 5,600 millones de euros respecto al mismo período del año anterior. En Estados Unidos, en cambio, la inversión directa alemana cayó alrededor de 65 %, hasta su nivel más bajo para un primer semestre desde 2023.
No significa que las empresas alemanas estén abandonando Estados Unidos para trasladarse masivamente a China.
Pero sí revela algo políticamente incómodo para Berlín y Bruselas: la estrategia empresarial no siempre está siguiendo el mismo camino que la estrategia geopolítica.
Europa habla de “de-risking”; sus empresas siguen mirando a China
Desde hace varios años, la Unión Europea ha intentado establecer una diferencia entre decoupling —desacoplamiento— y de-risking —reducción de riesgos—.
Europa no pretende romper sus relaciones económicas con China, pero sí disminuir dependencias consideradas peligrosas en áreas como minerales críticos, tecnologías estratégicas, baterías, componentes industriales y determinadas cadenas de suministro.
Alemania se encuentra particularmente expuesta. Su modelo industrial depende en gran medida del comercio internacional y algunas de sus mayores compañías construyeron durante décadas una presencia extraordinaria en el mercado chino. Por eso los nuevos datos resultan relevantes.
Las empresas no parecen estar interpretando el de-risking como una señal para abandonar China. En algunos casos, están haciendo exactamente lo contrario: invirtiendo más dentro del país asiático.
¿Por qué invertir más en China si existe un riesgo geopolítico?
La respuesta está en el tamaño y la estructura del mercado chino. China no es solamente un lugar donde producir barato para posteriormente exportar al resto del mundo. Para muchas multinacionales se ha convertido en un mercado que debe abastecerse desde dentro.
Fabricar en China para vender en China puede reducir costos logísticos, acercar las empresas a sus consumidores y proveedores y proteger parcialmente sus operaciones frente a futuras barreras comerciales.
Existe además otro elemento. La competencia industrial china se ha vuelto extraordinariamente intensa en sectores como vehículos eléctricos, baterías, maquinaria, productos químicos y tecnologías limpias.
Para determinadas empresas alemanas, retirarse del mercado podría significar perder contacto precisamente con algunos de los ecosistemas industriales que están avanzando con mayor rapidez.
Ese dilema afecta especialmente a la industria automotriz alemana. China vuelve a ser el principal socio comercial de Alemania y la inversión tampoco ocurre en un vacío.
Durante el primer semestre de 2026, China volvió a situarse como el principal socio comercial de Alemania, con un intercambio total de bienes de 125,500 millones de euros.
Estados Unidos quedó inmediatamente detrás, con 123,700 millones. La composición del comercio, sin embargo, revela otro problema, las importaciones alemanas procedentes de China aumentaron 8.8 % durante el primer semestre.
Al mismo tiempo, las exportaciones alemanas hacia Estados Unidos disminuyeron 6.1 %. En el sector de vehículos y componentes automotrices, la caída de las ventas hacia el mercado estadounidense alcanzó 17.2 %.
Es decir, Alemania no solamente mantiene una relación económica enorme con China. En determinadas áreas, su dependencia importadora está aumentando y eso ocurre precisamente cuando Berlín y Bruselas intentan reducir vulnerabilidades frente a Pekín.
El factor Trump
La otra mitad de esta historia está en Washington. Las inversiones directas de compañías alemanas en Estados Unidos se desplomaron cerca de dos tercios durante el primer semestre, de acuerdo con los cálculos del IW.
El instituto vincula esa reducción con la incertidumbre provocada por las políticas comerciales y arancelarias de la administración de Donald Trump.
Los aranceles modifican los cálculos empresariales.
Una compañía que analiza construir una nueva fábrica necesita saber cuáles serán sus costos, qué podrá importar, cuánto pagará por componentes y bajo qué condiciones podrá exportar posteriormente. Cuando esas reglas cambian frecuentemente, la incertidumbre puede ser tan perjudicial para una decisión de inversión como el propio nivel del arancel.
Los datos no permiten afirmar que toda la caída de la inversión alemana en Estados Unidos sea consecuencia de Trump. Pero el IW considera que la incertidumbre comercial está jugando un papel importante.
Una paradoja: las exportaciones alemanas a EE. UU. repuntaron en julio
Aquí aparece un matiz importante, la caída de la inversión no significa que el comercio germano-estadounidense se haya desplomado completamente.
Los datos oficiales de julio muestran que Alemania exportó 14,400 millones de euros en bienes hacia Estados Unidos, un aumento mensual de 19.1 % y de 28.3 % frente a julio de 2025.
En cambio, las exportaciones hacia China disminuyeron 9.5 % respecto de junio, hasta 5,600 millones de euros, rsto demuestra por qué debemos evitar una conclusión demasiado simple.
Inversión y comercio no son lo mismo, las empresas pueden reducir nuevas inversiones en un país y continuar vendiendo enormes cantidades de productos allí. También pueden aumentar inversiones en China precisamente porque sus exportaciones hacia ese mercado están perdiendo terreno y necesitan producir localmente para competir.
El automóvil alemán está en el centro del problema
Para entender el acercamiento empresarial a China hay que mirar hacia una de las industrias más importantes de Alemania. Durante décadas, fabricantes alemanes dominaron buena parte del segmento premium del automóvil chino.
Pero el mercado ha cambiado, fabricantes locales chinos han avanzado rápidamente en vehículos eléctricos, baterías, software y sistemas digitales. Para las compañías europeas, China ya no representa solamente una enorme fuente de clientes, también es uno de sus principales laboratorios competitivos.
Retirarse puede reducir determinados riesgos geopolíticos.
Pero también puede significar dejar terreno libre a competidores chinos que posteriormente intentarán conquistar Europa y otros mercados, ese es el dilema empresarial.
China también necesita a Alemania
La relación no funciona únicamente en una dirección, Pekín tiene interés en mantener la presencia alemana. Las empresas germanas aportan tecnología, investigación, conocimiento industrial, empleo e inversión.
Durante una visita a China en mayo, la ministra alemana de Economía, Katherina Reiche, señaló que las empresas de su país contribuyen con más de un millón de empleos en China, además de investigación e innovación.
Reiche defendió relaciones económicas estables, pero también reclamó condiciones competitivas justas y acceso confiable a minerales críticos. Eso resume bastante bien la posición alemana.
Berlín quiere seguir haciendo negocios con China, pero quiere hacerlo con menos vulnerabilidades. El problema es que conseguir ambas cosas simultáneamente resulta mucho más complicado de lo que parece.
El “de-risking” enfrenta la prueba del mercado
Los nuevos datos no demuestran que la política europea de reducción de riesgos haya fracasado. El de-risking nunca significó necesariamente disminuir toda inversión en China. Europa pretende diversificar suministros y reducir dependencias en sectores particularmente sensibles, sin embargo, las cifras sí muestran una tensión fundamental.
Los gobiernos piensan en seguridad económica a diez o veinte años; las empresas también tienen que pensar en dónde están sus clientes, proveedores y beneficios hoy.
Y esas dos lógicas no siempre producen la misma decisión. Para Bruselas, depender excesivamente de China puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica. Para una multinacional alemana, perder el mercado chino puede convertirse en una vulnerabilidad empresarial.
¿Está China ganando frente a Estados Unidos?
Tampoco conviene llegar tan lejos. Estados Unidos sigue siendo fundamental para Alemania.
En el primer semestre fue todavía el principal destino individual de las exportaciones alemanas, con 73,100 millones de euros en bienes enviados al mercado estadounidense.
Washington también ofrece ventajas que China no puede replicar: una relación política y de seguridad profundamente integrada con Europa, enormes mercados de capitales, ecosistemas tecnológicos avanzados y una relación transatlántica construida durante décadas.
Lo novedoso es otra cosa. En un momento en que Washington quiere contener la expansión tecnológica y económica china y Europa habla de reducir riesgos, las decisiones de inversión de las empresas alemanas muestran que China continúa siendo demasiado importante para ignorarla.
La geopolítica dice una cosa; el capital puede decir otra
Durante los últimos años hemos escuchado términos como desacoplamiento, autonomía estratégica, friendshoring y reducción de riesgos.
Todos describen diferentes intentos de reorganizar la globalización alrededor de consideraciones de seguridad.
Pero existe una realidad difícil de borrar, las cadenas industriales construidas durante décadas no desaparecen mediante una declaración política.
China posee infraestructura, proveedores, trabajadores especializados, capacidad manufacturera, cadenas logísticas y un mercado de más de mil millones de consumidores.
Estados Unidos posee otras ventajas extraordinarias u las multinacionales intentarán permanecer donde consideren que existen oportunidades.
Por eso las cifras alemanas resultan tan interesantes, no significan que Berlín esté girando políticamente hacia Pekín. Tampoco significan que las compañías germanas estén abandonando Estados Unidos.
Significan algo quizá más importante: la fragmentación geopolítica de la economía mundial está avanzando, pero las empresas todavía se resisten a elegir un solo bando.
Y mientras los gobiernos intentan rediseñar las cadenas globales siguiendo criterios estratégicos, el capital continúa haciendo sus propios cálculos.

