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Trump pide a Ucrania frenar los ataques contra el diésel ruso: ¿está funcionando la estrategia de Kyiv?

by Redaccion
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Por Abril Peña

Los ataques ucranianos contra refinerías han reducido la producción rusa de combustibles y contribuido a problemas de abastecimiento. Ahora Donald Trump pide a Volodímir Zelenski detener esos golpes, mientras el precio del diésel alcanza niveles récord en Estados Unidos. Pero la crisis internacional tiene más de una causa.

SANTO DOMINGO.– La campaña ucraniana contra las refinerías rusas acaba de producir una consecuencia que trasciende el campo de batalla: el presidente estadounidense, Donald Trump, pidió públicamente a Volodymyr Zelenskyy que deje de atacar la infraestructura rusa vinculada al diésel.

Trump hizo la petición este domingo desde Irlanda, argumentando que la destrucción de capacidad rusa está contribuyendo a una escasez de combustible que está perjudicando al resto del mundo.

“Hay muchos otros objetivos”, dijo el mandatario, antes de pedir que Ucrania no golpee el diésel ruso. Trump confirmó además que Washington ya había hablado con Zelenski sobre el asunto. 

La intervención estadounidense introduce una pregunta inevitable: ¿ha conseguido Ucrania que su campaña contra el petróleo ruso sea suficientemente efectiva como para convertirse en un problema internacional?

La respuesta requiere matices, existe evidencia sólida de que los ataques están haciendo daño a la industria rusa. Pero sería incorrecto responsabilizar exclusivamente a Ucrania por la actual tensión mundial del diésel.

Ucrania lleva meses utilizando drones de largo alcance para atacar refinerías, depósitos y otras instalaciones petroleras situadas a cientos de kilómetros de su frontera.

Kyiv defiende esas operaciones argumentando que el petróleo ruso financia la guerra y proporciona combustible directamente a las Fuerzas Armadas de Moscú. 

La estrategia persigue dos objetivos simultáneos: dificultar el abastecimiento militar ruso y aumentar el costo económico de continuar la guerra.

Y ya existen resultados medibles, corresponsales  confirman que la oleada de ataques ha reducido la producción rusa de combustibles y provocado escasez de gasolina dentro del país. También han documentado además filas en estaciones de servicio, problemas de suministro y restricciones después de meses de ataques contra refinerías.

Esto resulta especialmente llamativo porque Rusia no es un país pobre en petróleo, es precisamente una de las grandes potencias energéticas mundiales.

El problema no consiste necesariamente en disponer de crudo, sino en tener suficiente capacidad operativa para transformarlo en gasolina, diésel, combustible de aviación y otros productos refinados.

Atacar una refinería busca precisamente romper ese eslabón, Rusia responde protegiendo su mercado interno, tomando medidas extraordinarias.

Rusia restringió las exportaciones de combustibles para priorizar el abastecimiento doméstico. AP señala que las interrupciones rusas se han convertido ya en uno de los factores que están reduciendo la oferta internacional de diésel. 

Y ahí la estrategia ucraniana adquiere una dimensión mucho mayor. Cuando Ucrania destruye capacidad de refinación rusa, la consecuencia no termina necesariamente en una estación de gasolina de Moscú.

Si Rusia reduce sus exportaciones para abastecer primero su mercado interno, desaparece del mercado internacional parte de un producto que otros países compraban. Menos oferta, en un mercado ya extremadamente tensionado, significa presión adicional sobre los precios.

El diésel supera los US$6 en Estados Unidos, así que el momento político de la petición de Trump tampoco es casual. El precio promedio nacional del diésel en Estados Unidos superó por primera vez los US$6 por galón esta semana, según GasBuddy y Reuters.

Eso importa mucho más de lo que puede parecer. El diésel mueve camiones, trenes, barcos, maquinaria pesada y buena parte del equipamiento agrícola. Por tanto, cuando aumenta su precio no solamente paga más quien llena un tanque.

Aumenta el costo de transportar alimentos, mercancías y materias primas, y una parte termina trasladándose al consumidor, pero Estados Unidos se encuentra además a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre. El precio de los combustibles tiene, por tanto, una evidente dimensión económica y política.

Pero Ucrania no es la única responsable y este es probablemente el matiz más importante de toda la historia.

Trump vincula directamente los ataques ucranianos con la escasez de diésel. Contribuyen. Pero no explican por sí solos la crisis.

Reuters señala que el mercado internacional también está siendo afectado por las interrupciones de los flujos de petróleo vinculadas a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. 

AP llega a una conclusión similar: la reducción de las exportaciones rusas es uno de los factores, mientras las perturbaciones en Oriente Medio constituyen otro componente fundamental de la escasez. 

Por eso sería exagerado concluir que Ucrania ha provocado por sí sola el aumento mundial del diésel, lo que sí podemos afirmar es algo más interesante: una campaña militar ucraniana contra infraestructura situada dentro de Rusia está contribuyendo a alterar un mercado energético internacional.

Y Ucrania sigue atacando. La petición de Trump tampoco ha significado, al menos por ahora, el final inmediato de la estrategia.

Este  domingo Ucrania informó haber alcanzado una importante refinería en Slavyansk-on-Kuban, en la región rusa de Krasnodar, cerca de Crimea.

La inteligencia militar ucraniana aseguró que sus drones alcanzaron una unidad clave de procesamiento y depósitos de la instalación.

Las autoridades rusas confirmaron un ataque contra una empresa de la zona y dijeron que tres personas resultaron heridas y un oleoducto sufrió daños, aunque no confirmaron todos los detalles proporcionados por Kyiv. 

También se produjeron ataques en Nizhnekamsk, en Tartaristán, uno de los principales centros petroleros e industriales rusos. Dos civiles murieron y 14 personas resultaron heridas, según autoridades rusas.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado 389 drones ucranianos durante la noche. La cifra procede de Moscú y no ha sido verificada independientemente. 

Rusia también golpea la energía y la logística ucranianas, aquí aparece una cuestión que no puede omitirse, Ucrania justifica sus ataques energéticos señalando que Rusia lleva años atacando centrales eléctricas, redes de distribución, puertos y otras infraestructuras ucranianas.

Y este fin de semana volvió a hacerlo, Rusia lanzó 453 drones contra Ucrania durante la última oleada nocturna, según la Fuerza Aérea ucraniana, que afirmó haber interceptado o neutralizado 409. Esas cifras corresponden a Kyiv.

Odesa, principal centro portuario ucraniano del mar Negro, sufrió un ataque masivo que dejó al menos nueve heridos. Otro dron ruso provocó un incendio cerca del paso fronterizo Yahodyn-Dorohusk, que conecta Ucrania con Polonia y constituye una importante ruta para mercancías y ayuda occidental.  Es decir, ambos países están intentando utilizar la infraestructura económica como instrumento de presión.

El dilema de Trump

Aquí está la parte geopolíticamente más interesante. Estados Unidos apoya la capacidad de Ucrania para defenderse de Rusia, pero Washington también necesita evitar que las consecuencias económicas de la guerra terminen afectando gravemente a la economía estadounidense y mundial, ahora esas dos prioridades empiezan a entrar en tensión.

Para Kyiv, las refinerías rusas son objetivos especialmente valiosos porque permiten atacar simultáneamente la logística militar y una de las principales fuentes económicas del Estado ruso.

Para Trump, sin embargo, destruir demasiada capacidad de refinación puede retirar combustible del mercado internacional y contribuir a elevar los precios.

Por eso su mensaje es revelador: no está pidiendo a Ucrania que deje de atacar Rusia en general; está pidiendo específicamente que deje de golpear el diésel, eso dice mucho sobre la importancia que ha adquirido la campaña energética.

Entonces, ¿está funcionando la estrategia de Kyiv?

En términos estrictamente económicos, existen señales claras de que sí está produciendo efectos, los ataques han reducido capacidad de refinación, han contribuido a problemas de abastecimiento, Rusia ha restringido exportaciones y ahora el presidente estadounidense interviene públicamente porque considera que el impacto está contribuyendo a perjudicar el mercado mundial.

Pero “funcionar” militarmente es una cuestión diferente. Rusia continúa teniendo una enorme capacidad energética, mantiene sus operaciones militares y sigue lanzando ataques masivos contra Ucrania.

Por tanto, no existe evidencia de que los ataques a las refinerías estén cerca de paralizar la maquinaria de guerra rusa.

Lo que sí han conseguido es elevar su costo y quizá la señal más reveladora de ese efecto no sea una refinería incendiada, es que el presidente de Estados Unidos esté pidiendo públicamente a Ucrania que deje de atacarlas.

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