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León XIV, partiendo de la lectura evangélica del día, se presentó ante la abarrotada Plaza de San Pedro para subrayar que el amor divino nos brinda tanto el don como el perdón, fundamentos que nos emancipan, aclaran y vencen al odio y al rencor.
Autor: Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano
Redacción – El Pontífice solicitó a la Virgen María que acompañe a los fieles, implorando “ayudarnos a perdonar siempre, aun cuando resulte complicado dar el primer paso, y a difundir con valentía la luz serena del amor que desarma todo rencor”. Esa petición marcó el cierre de su intervención antes del rezo mariano del domingo.
Ante una numerosa multitud que asistía al Ángelus, el Santo Padre comentó el texto de Mateo 18,21, donde Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar, a lo que el Maestro responde que es necesario perdonar “setenta veces siete”. Con ello enfatizó que el perdón es un valor fundamental en la vida cristiana, recordando que Jesús mismo pidió al Padre que perdonara a sus perseguidores, pues “no saben lo que hacen”.
“Jesús nos recuerda que el don y el perdón son la base de nuestra existencia. Todo nos lo da Dios por puro amor, y ninguno de nosotros puede decirse perfecto a la hora de responder a tanta bondad”.
El Pontífice explicó que la gratuidad constituye la fuente que sostiene nuestra vida y la norma de convivencia más adecuada, ya que, en la rutina diaria, “tarde o temprano, en el corazón y entre las personas, surgen conflictos, acusaciones, rencores y venganzas que destruyen las relaciones, dividen a las familias y desencadenan guerras”. Por eso, “el perdón es indispensable, sin él no se puede vivir en paz”.
“Solo el perdón libera y devuelve la luz, incluso allí donde la pobreza material y moral del hombre, por un momento, ha ensombrecido el horizonte y ha hecho incierto el camino. El perdón, como un viento favorable, disipa incluso las nubes más densas, hasta que vuelve a dejarnos ver el sol”.
Como si nada hubiera pasado
El Papa recordó la profunda vivencia de San Pedro con respecto al perdón: después de haber negado a Jesús durante la Pasión, al encontrarse con el Resucitado a orillas del lago, recibió la invitación de seguirle “como si nada hubiera pasado”. “Esta caridad, que olvida y sana, supondrá para el primero de los apóstoles la confirmación de su misión”.

