Por Abril Peña
Nueva Delhi.– Los BRICS iniciaron este sábado en India una de sus cumbres más importantes de los últimos años, en momentos en que las guerras, las tensiones comerciales, las sanciones económicas y la disputa por el control del sistema financiero internacional están acelerando la transformación del orden mundial.
La 18.ª Cumbre de los BRICS, que se celebra los días 12 y 13 de septiembre en Nueva Delhi bajo la presidencia de India, reúne a las principales economías emergentes del bloque en torno al lema “Construyendo resiliencia, innovación, cooperación y seguridad”.
El encuentro tiene una dimensión que va mucho más allá de una reunión económica. Los BRICS intentan consolidarse como una plataforma política y financiera capaz de aumentar el peso del llamado Sur Global en las grandes decisiones internacionales.
El bloque está integrado actualmente por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudita, además de países asociados y Estados invitados.
En conjunto, sus integrantes representan más del 40 % de la población mundial y una proporción cada vez mayor de la economía internacional.
Declaración de Nueva Delhi
Uno de los primeros resultados políticos de la reunión fue el acuerdo sobre una declaración conjunta, algo especialmente relevante debido a las diferencias existentes entre algunos miembros.
El documento reclama una mayor representación de las economías emergentes dentro de las instituciones internacionales y defiende reformas en organismos como Naciones Unidas y las instituciones financieras multilaterales.
La posición refleja una de las reivindicaciones históricas de los BRICS: que el peso económico y demográfico adquirido por los países emergentes tenga una correspondencia mayor en las estructuras donde se toman las decisiones globales.
El primer ministro indio, Narendra Modi, insistió en que el bloque debe convertir su capacidad de consenso en resultados concretos y defendió nuevamente una reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
China también respaldó la necesidad de avanzar hacia un sistema internacional considerado más representativo de las nuevas realidades económicas.
Oriente Medio pone a prueba la unidad
Pero la cumbre ocurre bajo circunstancias extraordinariamente complejas.
La escalada bélica en Oriente Medio y las tensiones alrededor de Irán —miembro de los BRICS desde la ampliación del bloque— han colocado a la organización ante uno de sus mayores desafíos diplomáticos.
Los líderes expresaron preocupación por el deterioro de la situación regional y cuestionaron las sanciones económicas unilaterales que no cuentan con autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El lenguaje utilizado en la declaración, sin embargo, evidencia las dificultades para construir posiciones comunes entre países con intereses estratégicos muy diferentes.
Los BRICS ya no son el pequeño grupo formado inicialmente alrededor de Brasil, Rusia, India, China y posteriormente Sudáfrica. Su expansión ha aumentado considerablemente su peso mundial, pero también ha hecho más difícil alcanzar consensos.
Xi Jinping vuelve a India
Otro de los acontecimientos políticos más relevantes de la cumbre es la presencia del presidente chino Xi Jinping, quien visita India por primera vez en siete años.
Su encuentro con Modi adquiere especial importancia después de años de tensiones entre las dos potencias asiáticas por disputas fronterizas y rivalidades estratégicas.
India y China representan dos de los principales motores económicos de los BRICS, pero también mantienen intereses geopolíticos que no siempre coinciden.
El acercamiento entre ambos países podría convertirse en uno de los principales resultados diplomáticos de esta cumbre.
También participa el presidente ruso Vladimir Putin, quien sostuvo conversaciones con Modi sobre cooperación económica, energética, política y de defensa.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian llegó igualmente a Nueva Delhi en momentos especialmente delicados para su país.
Brasil, en cambio, está representado por su canciller, Mauro Vieira.
El dólar vuelve a estar sobre la mesa
Uno de los temas más observados internacionalmente es el esfuerzo de los BRICS por ampliar los mecanismos de comercio y pagos entre sus miembros utilizando monedas nacionales y sistemas financieros menos dependientes de las estructuras dominadas por Occidente.
Esto no significa necesariamente la creación inmediata de una “moneda BRICS”.
La estrategia que ha ganado mayor terreno consiste en desarrollar sistemas de pagos transfronterizos, aumentar las operaciones comerciales denominadas en monedas nacionales y fortalecer instituciones propias como el Nuevo Banco de Desarrollo.
Desde su creación, esa institución ha aprobado decenas de miles de millones de dólares para proyectos de infraestructura y desarrollo.
Para Rusia, China e Irán, reducir la vulnerabilidad frente al sistema financiero occidental tiene además una dimensión estratégica debido a las sanciones internacionales.
India y Brasil, sin embargo, han mostrado posiciones más cautelosas frente a cualquier intento de convertir los BRICS en una alianza abiertamente enfrentada a Estados Unidos y Europa.
Ahí se encuentra una de las contradicciones fundamentales del grupo.
Comercio, inteligencia artificial y cadenas de suministro
La agenda de Nueva Delhi tampoco se limita a la geopolítica.
Los miembros están trabajando en mecanismos destinados a aumentar el comercio, la inversión y la cooperación tecnológica.
Entre las iniciativas discutidas se encuentran una red de incubadoras BRICS, un posible fondo de innovación para startups y un marco de cooperación para fortalecer las cadenas logísticas y de suministro.
La inteligencia artificial y la economía digital también ocupan un espacio importante dentro de las conversaciones.
El objetivo es aumentar la cooperación tecnológica entre economías emergentes y reducir vulnerabilidades frente a las interrupciones de las cadenas globales de producción.
¿Una alternativa a Occidente?
El crecimiento de los BRICS ha alimentado durante años la idea de que el grupo pretende convertirse en una especie de contrapoder frente al G7 y las instituciones tradicionalmente dominadas por Estados Unidos y Europa.
La realidad es más compleja.
China y Rusia favorecen claramente una arquitectura internacional menos dependiente de Washington.
India, Brasil y otros integrantes prefieren presentar el bloque como una plataforma destinada a ampliar la representación del Sur Global sin transformarlo necesariamente en una alianza antioccidental.
Precisamente esa diversidad constituye simultáneamente la fortaleza y la debilidad de los BRICS.
Sus miembros poseen enormes mercados, recursos naturales estratégicos, capacidad energética, población y creciente influencia política.
Pero también mantienen rivalidades históricas, sistemas políticos diferentes y relaciones muy distintas con Estados Unidos y Europa.
Un mundo cada vez más multipolar
La cumbre de Nueva Delhi confirma, sin embargo, una tendencia difícil de ignorar.
El sistema internacional que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que durante décadas estuvo dominado fundamentalmente por Estados Unidos y sus aliados occidentales enfrenta una creciente presión para reformarse.
Los países emergentes reclaman mayor participación en organismos como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Los BRICS intentan convertirse en uno de los principales vehículos de esa transformación.
El tema ya no es si el bloque tiene suficiente tamaño económico o demográfico para influir en el mundo, porque lo tiene.
La verdadera interrogante es si once países con intereses geopolíticos tan diferentes podrán convertir ese enorme peso económico y poblacional en una estrategia internacional coherente.
La reunión de Nueva Delhi está intentando demostrar precisamente eso y el resultado podría ofrecer una pista importante sobre cómo se distribuirá el poder económico y político mundial durante las próximas décadas.

