Por Abril Peña Abreu
Pekín asegura que sus vínculos con México no están dirigidos contra ningún país y pide que tampoco sean condicionados desde el exterior, en medio de la creciente competencia estratégica entre China y Estados Unidos.
China reafirmó este lunes su intención de profundizar las relaciones políticas y económicas con México y sostuvo que los vínculos entre ambos países no están dirigidos contra ninguna tercera nación ni deberían verse afectados por factores externos.
Las declaraciones fueron realizadas por el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, durante una reunión en Pekín con una delegación mexicana encabezada por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez.
De acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Wang afirmó que Pekín está dispuesto a trabajar con México para proteger los intereses legítimos de ambos países y fortalecer la cooperación bilateral.
El canciller chino expresó además el respaldo de su Gobierno a México en la defensa de su independencia, soberanía y seguridad, así como frente a lo que calificó como interferencias externas.
Aunque Wang no mencionó directamente a Estados Unidos, sus declaraciones se producen en un escenario marcado por la creciente competencia entre Washington y Pekín por influencia económica, tecnológica y estratégica en América Latina.
México busca mantener el equilibrio entre China y Estados Unidos
La relación con China representa una oportunidad comercial importante para México, pero se desarrolla dentro de una realidad económica determinada por su profunda integración con Estados Unidos y Canadá.
Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial de México, mientras China ocupa una posición relevante como proveedor de bienes, maquinaria, componentes industriales y productos tecnológicos.
Esta situación obliga al Gobierno mexicano a mantener un delicado equilibrio: preservar su relación estratégica con Washington y la integración productiva norteamericana sin cerrar las puertas a la segunda economía más grande del mundo.
Durante el encuentro en Pekín, la delegación mexicana reiteró su adhesión al principio de una sola China y defendió los principios de soberanía, igualdad entre los Estados y no intervención.
México también busca ampliar su presencia diplomática en territorio chino mediante la apertura de un consulado de carrera en Chongqing.
La relación bilateral alcanzará en 2027 los 55 años del establecimiento de relaciones diplomáticas, mientras México será sede del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en 2028.
El Gobierno mexicano pretende aprovechar ambos escenarios para fortalecer su papel como punto de conexión económica entre América y Asia.
Comercio, aranceles y tensiones
El acercamiento diplomático ocurre, sin embargo, en medio de diferencias comerciales.
México ha adoptado medidas arancelarias que afectan importaciones procedentes de países con los que no mantiene tratados de libre comercio, entre ellos China, como parte de una estrategia destinada a estimular la producción nacional y reducir determinadas importaciones.
Pekín ha manifestado preocupación por esas medidas y ha advertido contra políticas que puedan perjudicar a las empresas y exportaciones chinas.
Para México, el desafío es particularmente complejo debido a la integración de sus cadenas industriales con Estados Unidos.
Washington observa con atención la expansión de empresas y capitales chinos en territorio mexicano, especialmente ante la posibilidad de que determinadas inversiones utilicen a México como plataforma de producción para acceder al mercado estadounidense.
Esta preocupación adquiere todavía mayor importancia ante la competencia entre Estados Unidos y China en sectores considerados estratégicos, como vehículos eléctricos, semiconductores, telecomunicaciones, inteligencia artificial, infraestructura, energía y minerales críticos.
América Latina en medio de la competencia de las grandes potencias
El caso mexicano forma parte de una transformación más amplia que atraviesa América Latina.
China se ha convertido durante las últimas décadas en un socio comercial fundamental para varias de las principales economías regionales y ha incrementado sus inversiones en infraestructura, energía, minería y tecnología.
Estados Unidos, por su parte, busca preservar su histórica influencia en el hemisferio y reducir riesgos derivados de la creciente presencia china en sectores considerados estratégicos.
Brasil, Argentina, Chile, Perú y otros países enfrentan diferentes versiones del mismo dilema: aprovechar las oportunidades económicas ofrecidas por China sin deteriorar sus relaciones políticas, comerciales y de seguridad con Estados Unidos.
México enfrenta una situación todavía más compleja debido a su frontera de más de 3,000 kilómetros con Estados Unidos y a la integración de ambas economías.
La declaración de Wang Yi refleja, por tanto, una discusión que trasciende las relaciones entre México y China.
En momentos en que Washington y Pekín compiten por mercados, recursos naturales, infraestructura, tecnología y cadenas de suministro, América Latina adquiere una importancia creciente dentro de la reorganización del poder económico mundial.
México intenta posicionarse como puente entre América del Norte y Asia. El desafío será determinar hasta qué punto puede profundizar simultáneamente sus relaciones con China y Estados Unidos sin que la competencia entre ambas potencias termine condicionando sus decisiones.

