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Trump entra en zona de peligro: republicanos temen perder el Congreso en las elecciones de medio término

by Redaccion
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Por Abril Peña Abreu

A ocho semanas de las elecciones del 3 de noviembre, la baja aprobación de Donald Trump, el costo de vida, la guerra con Irán y el desgaste acumulado de su segundo mandato amenazan las estrechas mayorías republicanas. Los demócratas llegan a la recta final con mayor entusiasmo electoral, aunque el mapa del Senado y la redistribución de distritos todavía ofrecen importantes ventajas al oficialismo.

WASHINGTON. — Las elecciones de medio término de Estados Unidos entraron en su recta final y una pregunta comienza a ocupar buena parte del debate político estadounidense: ¿podría Donald Trump convertirse en una dificultad electoral para algunos de los candidatos de su propio partido?

El próximo 3 de noviembre estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. El resultado determinará quién controlará el Congreso durante los últimos dos años del segundo mandato de Trump.

Los republicanos llegan a esta etapa controlando Washington, pero con márgenes estrechos y señales de desgaste que han encendido las alarmas dentro del partido.

El costo de vida continúa encabezando las preocupaciones de buena parte del electorado, la guerra con Irán ha añadido incertidumbre económica y política y los demócratas muestran, por el momento, mayores niveles de entusiasmo de cara a las urnas.

Sin embargo, una derrota republicana está lejos de estar asegurada.

La batalla por la Cámara de Representantes y la del Senado presentan escenarios muy diferentes, mientras la poderosa maquinaria financiera y electoral construida alrededor de Trump comienza a movilizarse.

Las midterms se convierten en un referéndum sobre Trump

Las elecciones de medio término suelen funcionar como una evaluación del presidente en ejercicio, en el caso de Trump, ese efecto podría ser todavía mayor.

El mandatario ha dominado la política estadounidense durante más de una década y pretende involucrarse personalmente en decenas de contiendas competitivas capaces de determinar quién controlará el Congreso.

Para los republicanos existe, sin embargo, una contradicción estratégica. Necesitan a Trump para movilizar a sus votantes más fieles, pero algunos candidatos que compiten en distritos divididos también necesitan conquistar independientes y moderados que muestran niveles considerablemente mayores de insatisfacción con el presidente.

Las encuestas nacionales más recientes sitúan la aprobación de Trump alrededor del 33 %, uno de los niveles más bajos de su segundo mandato.

Pero existe otro indicador particularmente importante. Aproximadamente 46 % de los demócratas asegura estar muy entusiasmado con participar en las elecciones de noviembre, frente a alrededor de 31 % de los republicanos.

La diferencia no permite predecir por sí sola el resultado de noviembre, pero representa una señal importante. En las elecciones legislativas, donde la participación suele ser inferior a la registrada durante una elección presidencial, conseguir que la base efectivamente acuda a votar puede determinar el resultado de numerosos distritos.

El bolsillo vuelve a decidir elecciones

La principal vulnerabilidad republicana probablemente no se encuentra actualmente en inmigración, seguridad o política exterior.

Está en algo mucho más cotidiano: cuánto cuesta vivir en Estados Unidos. Las encuestas muestran que cerca de 47 % de los votantes registrados considera el costo de vida como el factor individual más importante al momento de decidir su voto en las elecciones de medio término.

Ese dato representa un desafío considerable para Trump, durante la campaña presidencial de 2024 prometió reducir los precios y recuperar el poder adquisitivo de los estadounidenses.

Dos años después, millones de familias continúan sintiendo presión en supermercados, vivienda, seguros, energía y otros gastos cotidianos.

La preocupación económica ha comenzado incluso a erosionar una de las fortalezas históricas del Partido Republicano.

Algunas mediciones recientes colocan a demócratas y republicanos prácticamente empatados cuando se pregunta cuál de los dos partidos está mejor preparado para manejar la economía.

La diferencia es mínima, pero políticamente significativa, durante  años, la economía fue una de las ventajas electorales más consistentes de los republicanos.

Perder esa percepción, aunque sea parcialmente, podría resultar peligroso en distritos competitivos.

La guerra con Irán añade presión

A las preocupaciones económicas se suma ahora la guerra con Irán.

El conflicto está afectando simultáneamente dos dimensiones particularmente sensibles para cualquier administración estadounidense: política exterior y economía doméstica.

Las encuestas muestran preocupación entre los estadounidenses por la posibilidad de que el conflicto se prolongue.

Pero el verdadero riesgo electoral podría aparecer cuando una crisis internacional comienza a sentirse directamente en el bolsillo.

Los movimientos del petróleo y los combustibles son especialmente importantes, una  guerra a miles de kilómetros puede parecer distante para numerosos votantes, el precio de llenar el tanque del automóvil no.

Si la tensión internacional mantiene elevados los precios energéticos durante las próximas semanas, los republicanos podrían llegar a noviembre intentando defender simultáneamente la política exterior de Trump y sus resultados económicos.

La Cámara de Representantes concentra el mayor peligro

La Cámara es actualmente el frente electoral más delicado para los republicanos. El partido mantiene una mayoría extremadamente estrecha, lo que significa que pequeños movimientos en un grupo reducido de distritos podrían modificar quién controla la institución.

Los demócratas cuentan además con un precedente histórico favorable: el partido que ocupa la Casa Blanca suele perder escaños durante las elecciones de medio término.

No obstante, los republicanos han construido una importante línea defensiva mediante la redistribución de distritos electorales.

Diversos análisis estiman que los nuevos mapas aprobados durante este ciclo podrían proporcionar al Partido Republicano una ventaja de varios escaños.

Eso introduce una paradoja importante.

Los demócratas podrían obtener una ventaja en el voto nacional y aun así tener dificultades para convertirla en suficientes escaños para controlar la Cámara.

Por esa razón, afirmar desde ahora que la Cámara está perdida para los republicanos sería prematuro, está seriamente amenazada, pero todavía no está decidida.

El Senado presenta una batalla diferente

Si la Cámara representa la principal oportunidad demócrata, recuperar el Senado será considerablemente más difícil, los demócratas necesitan conquistar varios escaños actualmente en manos republicanas y defender simultáneamente sus posiciones.

Entre las contiendas que concentran mayor atención aparecen Carolina del Norte, Michigan, Texas, Alaska, Iowa, Maine, Georgia, Ohio y New Hampshire.

Algunas presentan escenarios que meses atrás parecían poco probables. Texas, por ejemplo, está recibiendo una cantidad extraordinaria de atención y recursos políticos.

En Carolina del Norte, el exgobernador demócrata Roy Cooper participa en una de las contiendas más observadas. Maine vuelve a representar un desafío para la republicana Susan Collins, mientras Ohio también aparece entre los estados que podrían resultar determinantes.

El problema para los demócratas es matemático, para recuperar el Senado necesitan ganar prácticamente todas las carreras competitivas y penetrar además en territorios donde Trump obtuvo ventajas importantes durante las elecciones presidenciales de 2024.

La fotografía electoral es, por tanto, diferente en cada cámara:

Cámara de Representantes: peligro real para los republicanos.

Senado: competitivo, pero estructuralmente más favorable al Partido Republicano.

Una maquinaria de cientos de millones de dólares, existe otro elemento capaz de modificar las elecciones durante las próximas ocho semanas: el dinero.

La organización política vinculada a Trump dispone de una reserva financiera de aproximadamente US$400 millones, una cantidad extraordinaria incluso para los estándares de las campañas estadounidenses.

Parte de esos recursos ya comienza a utilizarse, una inversión inicial de alrededor de US$10 millones está siendo dirigida hacia la carrera por el Senado en Texas, considerada cada vez más importante para proteger la mayoría republicana.

El despliegue permite comprender por qué las encuestas nacionales deben analizarse con cautela.

Las elecciones legislativas estadounidenses no constituyen una única elección nacional.

Son cientos de contiendas individuales.

Una ventaja nacional de varios puntos puede tener un efecto completamente diferente dependiendo de dónde estén concentrados esos votos.

Durante las próximas semanas, decenas de distritos recibirán millones de dólares en publicidad, visitas presidenciales, operaciones de movilización y campañas digitales diseñadas específicamente para pequeños segmentos del electorado.

Trump pretende involucrarse directamente en muchas de ellas.

El dilema republicano: necesitan a Trump, pero también a los independientes

El Partido Republicano enfrenta así una situación particularmente compleja. Trump continúa siendo extraordinariamente poderoso dentro de su organización política, su capacidad para movilizar a la base conservadora sigue siendo uno de los principales activos republicanos.

Pero las elecciones competitivas no se ganan únicamente con los votantes más fieles. En los distritos que pueden decidir el control de la Cámara también hacen falta independientes, moderados y votantes suburbanos.

Algunos de ellos apoyaron a Trump en 2024, pero eso no significa necesariamente que estén satisfechos con los resultados de su segundo mandato.

La estrategia republicana parece orientarse a transformar las elecciones en una confrontación entre dos modelos políticos y evitar que noviembre se convierta exclusivamente en un referéndum sobre la figura presidencial.

Los demócratas intentarán exactamente lo contrario.

Los demócratas tampoco tienen la elección ganada, las dificultades republicanas no significan que los demócratas tengan asegurado el control del Congreso.

El partido también enfrenta problemas internos, persisten diferencias entre moderados y progresistas sobre qué mensaje debe dominar la campaña.

Los republicanos intentarán utilizar las posiciones más progresistas de determinados candidatos para presentar al Partido Demócrata como demasiado alejado del votante moderado.

También existe una batalla financiera, aunque numerosos candidatos demócratas han mostrado una capacidad importante de recaudación, los republicanos conservan enormes recursos institucionales y organizaciones externas capaces de invertir cientos de millones de dólares durante las últimas semanas.

A esto se suma la estructura del mapa electoral, una elección nacional relativamente favorable para los demócratas podría permitirles recuperar la Cámara y, al mismo tiempo, resultar insuficiente para conquistar el Senado.

Todavía quedan casi dos meses de campaña, en política estadounidense, es tiempo suficiente para alterar completamente una elección.

¿Qué ocurriría si Trump pierde la Cámara?

Esta es probablemente la consecuencia más importante de las elecciones del 3 de noviembre. Una Cámara de Representantes controlada por los demócratas cambiaría radicalmente la segunda mitad del mandato presidencial.

La oposición tendría capacidad para controlar los principales comités de la Cámara, convocar audiencias, emitir citaciones, investigar decisiones gubernamentales y someter a la Casa Blanca a un nivel mucho mayor de escrutinio político.

También podría dificultar considerablemente la aprobación de nuevas iniciativas legislativas. Trump conservaría amplios poderes ejecutivos, pero gobernar Washington sería mucho más complicado.

Si los republicanos mantienen el Senado, conservarían además una herramienta fundamental para las confirmaciones judiciales y determinados nombramientos.

Una pérdida simultánea de ambas cámaras representaría un escenario mucho más severo para la Casa Blanca, aunque actualmente la conquista demócrata del Senado parece considerablemente más difícil.

Ocho semanas que pueden redefinir el segundo mandato

Las elecciones de noviembre determinarán mucho más que la composición del próximo Congreso, definirán la capacidad política de Donald Trump durante los últimos dos años de su presidencia.

El escenario contiene señales contradictorias.

La aprobación presidencial ronda niveles preocupantes para los republicanos, los demócratas muestran mayor entusiasmo electoral.

El costo de vida continúa encabezando las preocupaciones ciudadanas, la guerra con Irán introduce una nueva variable política y económica, pero los republicanos conservan importantes ventajas.

Disponen de enormes recursos financieros, mapas electorales favorables en determinados territorios y un escenario senatorial complicado para sus adversarios.

Además, Trump mantiene una extraordinaria capacidad para movilizar a su base.

La batalla decisiva probablemente estará en un grupo relativamente pequeño de distritos y estados donde ninguna de las dos fuerzas posee una ventaja suficiente para garantizar la victoria.

El resultado tendrá consecuencias mucho más allá de Estados Unidos.

Para República Dominicana, el control del Congreso estadounidense importa especialmente por la profundidad de la relación bilateral en comercio, inversión, migración, remesas, seguridad y política exterior.

Un Congreso dividido podría modificar la capacidad de Washington para impulsar determinadas reformas económicas y migratorias durante la segunda mitad del mandato.

Por eso, a ocho semanas de las elecciones, el interrogante político ha cambiado.

En 2024, Donald Trump competía para recuperar el poder. En noviembre de 2026, competirá indirectamente para determinar cuánto de ese poder podrá conservar hasta abandonar la Casa Blanca.

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