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Colombia nos recuerda que los terremotos no avisan

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

La tragedia provocada por el terremoto que sacudió Colombia el pasado lunes debe despertar en República Dominicana algo más que solidaridad. Debe obligarnos a preguntarnos si realmente estamos preparados para enfrentar un sismo de gran magnitud.

Los reportes hablan de cientos de fallecidos, miles de heridos, familias desplazadas y viviendas, hospitales y escuelas destruidos o severamente afectados. Mientras continúan las labores de rescate, el desastre vuelve a demostrar que los terremotos no son evitables, pero muchas de sus consecuencias sí pueden reducirse.

República Dominicana también se encuentra en una zona de considerable actividad sísmica. La pregunta no es si volverá a producirse un gran terremoto, sino cuándo ocurrirá y qué encontrará en pie.

El país ha registrado avances. En abril de 2026 entró en vigor el nuevo Código de Construcción y la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones ha ampliado la formación de profesionales encargados de evaluar estructuras.

Sin embargo, las normas nuevas no corrigen automáticamente décadas de construcción informal, edificios levantados sin supervisión suficiente ni viviendas ampliadas sin comprobar si sus columnas y cimientos pueden soportar nuevos niveles.

Nuestra mayor vulnerabilidad no está únicamente en lo que construiremos, sino en todo lo que ya está construido.

El Estado debe determinar cuáles hospitales, escuelas, puentes, estaciones de bomberos y edificios gubernamentales podrían permanecer operativos después de un gran terremoto. Identificar el peligro no basta: se necesita un programa nacional de reforzamiento, prioridades claras y recursos presupuestarios.

También es urgente evaluar las comunidades densamente pobladas donde las calles estrechas dificultarían la entrada de ambulancias, equipos pesados y unidades de rescate. La seguridad estructural no puede ser un privilegio reservado para quienes pueden pagar ingenieros y construcciones costosas.

Prepararse implica además educar. Los simulacros no deben organizarse únicamente para tomar fotografías institucionales. La ciudadanía necesita saber cómo protegerse durante un terremoto, dónde reunirse después y qué hacer si colapsan las comunicaciones o quedan interrumpidos los servicios básicos.

Colombia nos recuerda dolorosamente que unos segundos pueden desnudar décadas de descuido. La solidaridad con su pueblo debe expresarse mediante ayuda y acompañamiento, pero también aprendiendo la lección antes de que nos corresponda enfrentar nuestra propia tragedia.

Los terremotos no avisan. La prevención, por el contrario, debe comenzar mucho antes de que la tierra se mueva.

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