RDalDescubierto- JOHANNESBURGO. China está modificando su estrategia automotriz en África. Después de años utilizando el continente principalmente como mercado para sus vehículos, fabricantes chinos comienzan a apostar por producirlos directamente en territorio africano, y Sudáfrica acaba de convertirse en una de las piezas centrales de esa transformación.
Chery, el mayor exportador chino de automóviles, tomó el control de la histórica planta que Nissan operaba en Rosslyn, cerca de Pretoria, y prepara inversiones para convertirla en una plataforma de fabricación desde la cual producirá vehículos para el mercado sudafricano y otros destinos africanos.
La compañía prevé comenzar la producción en 2027 después de modernizar las instalaciones y añadir nueva maquinaria. Entre sus planes figuran vehículos híbridos, híbridos enchufables y eléctricos, además de modelos de su marca Jetour.
La operación representa mucho más que el cambio de propietario de una fábrica.
Es una señal de que la competencia mundial por el futuro de la industria automotriz está llegando directamente a África.
De exportar automóviles a fabricarlos en África
Durante años, las marcas chinas ampliaron su presencia africana mediante vehículos importados que competían principalmente por precio frente a fabricantes japoneses, europeos y estadounidenses, ese modelo empieza a evolucionar.
El crecimiento demográfico africano, la urbanización, la expansión gradual de las clases medias y las políticas de varios gobiernos para promover el ensamblaje local están haciendo que fabricar dentro del continente resulte cada vez más atractivo.
Al mismo tiempo, China enfrenta un mercado doméstico altamente competitivo, capacidad industrial excedente y mayores barreras comerciales en Estados Unidos y Europa.
África aparece así como mercado y plataforma industrial al mismo tiempo. La adquisición de Rosslyn permite a Chery acelerar ese proceso sin construir una fábrica completamente nueva.
La instalación posee décadas de experiencia industrial, trabajadores especializados, infraestructura y acceso a una cadena de proveedores automotrices ya desarrollada.
Chery tomó una planta con décadas de historia
Nissan había producido vehículos en Rosslyn durante aproximadamente seis décadas. La automotriz japonesa anunció en enero la venta de sus activos industriales a Chery South Africa, incluyendo terrenos, edificios, instalaciones y una planta cercana de estampado. El acuerdo contemplaba además ofrecer empleo a la mayoría de los trabajadores existentes bajo condiciones similares.
Chery asumió formalmente el control de las instalaciones en julio y anunció que invertiría millones de dólares en modificaciones y maquinaria antes de iniciar la producción.
El relevo tiene un fuerte valor simbólico.
Una planta históricamente vinculada a una de las grandes marcas japonesas pasa ahora a manos de un fabricante chino precisamente cuando China está disputando a Japón, Europa y Estados Unidos el liderazgo mundial de la nueva industria automotriz.
Jetour también será fabricado en Sudáfrica
Los planes ya empiezan a concretarse. Jetour, perteneciente al grupo Chery, anunció que sus SUV T1 y T2 serán fabricados en Rosslyn desde 2027.
Chery proyecta inicialmente una capacidad aproximada de 50,000 vehículos anuales, mientras continúa evaluando qué otros modelos producir localmente.
La compañía también ha señalado que la planta podrá incorporar vehículos electrificados, incluyendo híbridos enchufables y eléctricos.
Esto resulta especialmente importante porque Sudáfrica no quiere limitarse a conservar su industria automotriz tradicional: pretende adaptarla a la transición mundial hacia vehículos de nuevas energías.
Sudáfrica quiere proteger una industria estratégica
Sudáfrica posee la industria automotriz más desarrollada del África subsahariana y alberga operaciones de fabricantes internacionales desde hace décadas.
El sector genera empleos industriales, exportaciones y una amplia red de proveedores. Pero la transición hacia el automóvil eléctrico representa simultáneamente una oportunidad y una amenaza.
Si el país continúa concentrándose únicamente en vehículos de combustión mientras sus principales mercados migran hacia tecnologías eléctricas, podría perder competitividad.
Pretoria ha comenzado por ello a ofrecer incentivos para inversiones vinculadas con vehículos de nuevas energías. La llegada de Chery encaja directamente dentro de esa estrategia.
Para Sudáfrica significa mantener capacidad manufacturera, atraer capital y preservar empleos.
Para Chery significa entrar inmediatamente en uno de los ecosistemas industriales más desarrollados del continente.
China está mirando mucho más allá de Sudáfrica
La transformación no se limita a Rosslyn.
Fabricantes chinos están ampliando operaciones o estudiando inversiones en distintos países africanos.
Sudáfrica, Marruecos, Kenia, Etiopía y Ghana aparecen entre los mercados que buscan captar una parte de la nueva industria.
Marruecos posee una ventaja adicional: su proximidad con Europa y una potente plataforma automotriz exportadora.El país también intenta desarrollar una cadena vinculada con baterías para vehículos eléctricos.
Etiopía, por su parte, adoptó una de las políticas más agresivas del continente al restringir la importación de automóviles de combustión y promover vehículos eléctricos.
África empieza así a convertirse en un laboratorio donde diferentes gobiernos intentan utilizar la transición energética para construir nuevas industrias.
El mercado africano tiene algo que China necesita: crecimiento
África posee una de las poblaciones más jóvenes del planeta y será responsable de una proporción creciente del aumento demográfico mundial durante las próximas décadas.
Eso significa más ciudades, más infraestructura y eventualmente una mayor demanda de movilidad.
La propiedad de automóviles todavía es relativamente baja comparada con Europa, Estados Unidos o China, para las empresas automotrices, eso representa potencial.
Las compañías chinas poseen además una ventaja importante: han desarrollado vehículos eléctricos e híbridos a precios considerablemente más competitivos que muchos fabricantes occidentales.
Esa combinación de tecnología y costo puede resultar especialmente atractiva en mercados africanos sensibles al precio.
Pero existe un obstáculo enorme: la electricidad
El futuro eléctrico africano enfrenta una contradicción. El continente posee enormes recursos minerales necesarios para fabricar baterías y vehículos eléctricos, pero muchos países todavía sufren sistemas eléctricos insuficientes.
Nigeria ofrece un ejemplo particularmente claro. El país está impulsando incentivos para los vehículos eléctricos y aspira a que representen el 60 % de su parque automotor para 2050. Sin embargo, su red eléctrica suministra alrededor de 4,000 megavatios para una población superior a 200 millones de habitantes.
La limitada infraestructura de carga está haciendo que motocicletas eléctricas, sistemas de intercambio de baterías e híbridos sean opciones más realistas a corto plazo que una electrificación inmediata del automóvil particular.
Esto significa que el mercado africano probablemente no seguirá exactamente el mismo camino de China o Europa. Las compañías tendrán que adaptar sus productos a las condiciones locales.
África posee también los minerales
Hay otra razón por la que esta transformación merece atención. África alberga muchos de los recursos fundamentales para la transición energética.
La República Democrática del Congo domina la producción mundial de cobalto y es un importante productor de cobre. Zimbabue posee importantes reservas de litio. Zambia es una potencia cuprífera.
El continente dispone, por tanto, de una combinación poco común: materias primas + mercado futuro + necesidad de industrialización.
El gran desafío consiste en evitar que vuelva a repetirse el modelo histórico bajo el cual África exporta recursos naturales mientras el procesamiento y la fabricación de productos de mayor valor añadido ocurren en otros continentes.
La expansión industrial china puede ayudar a modificar esa estructura, pero también plantea una pregunta importante: ¿cuánto de la cadena de valor permanecerá realmente en África?
Empleos sí, pero también transferencia tecnológica
Para los gobiernos africanos, atraer una fábrica no debería ser el objetivo final. La verdadera transformación económica dependerá de cuánto contenido local incorporen los vehículos, cuántos proveedores africanos participen, qué capacitación reciban los trabajadores y cuánto conocimiento tecnológico quede instalado en el continente.
Si las fábricas simplemente ensamblan componentes producidos en China, el impacto industrial será limitado. Si, en cambio, surgen cadenas locales de autopartes, baterías, software, mantenimiento e ingeniería, el efecto puede ser considerablemente mayor.
Esa diferencia determinará si África se convierte simplemente en una nueva plataforma de ensamblaje o en un verdadero polo industrial automotriz.
China también está diversificando sus riesgos
La expansión hacia África responde igualmente a necesidades chinas. Sus fabricantes enfrentan una competencia feroz dentro de su propio país y buscan nuevos mercados.
Europa ha endurecido su postura frente a determinados vehículos eléctricos chinos, mientras Estados Unidos mantiene fuertes barreras comerciales.
Fabricar directamente en terceros países permite diversificar mercados y reducir algunos riesgos derivados de depender exclusivamente de exportaciones desde China.
África ofrece además costos laborales competitivos y gobiernos interesados en captar inversión industrial. Es una combinación atractiva. Un cambio que va más allá de los automóviles
El movimiento de Chery forma parte de una tendencia más amplia. China lleva años siendo uno de los principales socios comerciales y financieros de África, especialmente en infraestructura, minería y energía.
Ahora empieza a crecer una nueva etapa: la inversión manufacturera. Algo similar comienza a observarse en la energía solar. Países africanos están intentando desarrollar producción local de paneles y componentes, aunque China continúa dominando gran parte de la cadena tecnológica mundial.
La pregunta estratégica para África será cómo aprovechar el capital y la tecnología chinos sin sustituir una dependencia por otra.
África puede dejar de ser solamente un mercado
La antigua fábrica de Nissan en Rosslyn resume perfectamente el cambio. Durante décadas produjo vehículos bajo una marca japonesa.
Ahora será modernizada por una empresa china que pretende fabricar automóviles electrificados para consumidores africanos. Pero la historia realmente importante no es Nissan ni Chery.
Es África. El continente posee recursos minerales, una población joven y un mercado con enorme potencial de crecimiento. Si consigue combinar esos elementos con energía, infraestructura, capacitación y políticas industriales estables, podría capturar una proporción mucho mayor de la fabricación que hasta ahora ocurre fuera de sus fronteras.
China parece haber comenzado a apostar por esa posibilidad. Y la adquisición de Rosslyn indica que ya no mira a África únicamente como un lugar donde vender automóviles, sino también como un lugar donde fabricarlos.
