Home INTERNACIONALESNetanyahu rechaza el nuevo plan de Trump para Gaza y abre una brecha con Washington sobre el fin de la guerra

Netanyahu rechaza el nuevo plan de Trump para Gaza y abre una brecha con Washington sobre el fin de la guerra

by Redaccion
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El plan estadounidense propone vincular el desarme progresivo de Hamás con una retirada israelí por etapas y transferir posteriormente la administración del enclave a un gobierno tecnocrático palestino respaldado internacionalmente. Benjamin Netanyahu exige que Hamás entregue completamente sus armas antes de que Israel retire sus fuerzas.

JERUSALÉN / WASHINGTON / GAZA, 10 de agosto de 2026. El intento de Estados Unidos de convertir la frágil tregua de Gaza en una salida definitiva del conflicto enfrenta un obstáculo que hasta ahora parece difícil de superar: Israel y la administración de Donald Trump discrepan sobre cuándo debe producirse la retirada israelí y cuándo debe completarse el desarme de Hamás.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechazó el nuevo plan de Trump para Gaza, una hoja de ruta de 15 puntos que busca establecer un mecanismo gradual mediante el cual Hamás entregue sus armas mientras Israel retira progresivamente sus fuerzas del enclave. 

La posición israelí es sustancialmente diferente. Netanyahu sostiene que Israel no abandonará Gaza hasta que Hamás haya sido completamente desarmado, una condición que altera el orden de implementación propuesto por Washington y amenaza con bloquear uno de los esfuerzos diplomáticos más importantes para terminar definitivamente la guerra. 

La discrepancia resulta especialmente significativa porque no enfrenta únicamente a Israel con Hamás. Introduce una diferencia política entre Netanyahu y Trump sobre cómo ejecutar la transición de Gaza, aun cuando Washington continúa siendo el principal aliado internacional del gobierno israelí.

¿Qué propone realmente el nuevo plan de Trump para Gaza?

La propuesta estadounidense intenta resolver uno de los problemas que han frustrado negociaciones anteriores: ninguna de las partes quiere realizar primero la concesión que considera irreversible.

Israel exige el desarme de Hamás pero Hamás exige garantías de retirada israelí, la nueva fórmula pretende que ambos procesos ocurran de manera progresiva y vinculada.

Según detalles publicados este lunes por Reuters, el plan contempla el desarme por fases de Hamás y otras milicias palestinas, mientras las fuerzas israelíes se retirarían gradualmente de determinadas zonas conforme se verifique la entrega o inutilización de armamento. 

También plantea un alto el fuego inmediato y la creación de una administración palestina tecnocrática respaldada por Estados Unidos para gestionar Gaza durante la transición.

El objetivo es evitar tanto el regreso de Hamás al control político-militar del enclave como una ocupación israelí indefinida.

Una fuerza internacional entraría en Gaza

Uno de los elementos más ambiciosos del plan de Trump para Gaza es el establecimiento de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF).

Su misión sería contribuir a garantizar la seguridad durante la transición, apoyar el entrenamiento de fuerzas policiales palestinas y facilitar las condiciones necesarias para la reconstrucción y la distribución de asistencia humanitaria. 

Sin embargo, convertir esa fuerza en una realidad sigue siendo complicado, expertos señalan que el despliegue todavía podría tardar meses y que hasta ahora solo un número limitado de países ha manifestado disposición concreta a participar.

Uno de ellos es Uganda, cuyo Parlamento autorizó el pasado 6 de agosto el eventual envío de tropas a Gaza. Marruecos también figura entre los países que han comprometido participación. 

Esto significa que Washington está intentando construir no solamente un acuerdo entre Israel y Hamás, sino también una estructura internacional capaz de sostenerlo sobre el terreno.

Hamás acepta la hoja de ruta, pero quedan diferencias, auí aparece uno de los elementos políticamente más llamativos.

Mientras Netanyahu rechaza la fórmula estadounidense, Hamás ha aceptado la hoja de ruta inicial, aunque todavía existen discrepancias sobre algunos aspectos concretos del desarme. 

El grupo palestino ha mostrado disposición a entregar armas bajo una administración respaldada por Estados Unidos, pero insiste en que Israel debe detener sus ataques e iniciar su retirada como parte simultánea del proceso.

Reuters advierte además que Hamás mantiene objeciones respecto de condiciones añadidas posteriormente relacionadas con determinadas armas ligeras. 

Por tanto, decir que Hamás ha aceptado un “desarme total e inmediato” sería incorrecto, lo que ha aceptado es un proceso negociado y gradual dentro de una transición política más amplia.

Y precisamente ahí se encuentra la diferencia fundamental con Netanyahu, quien exige invertir el orden, para el gobierno israelí, el mecanismo contiene un riesgo evidente.

Si Israel comienza a retirarse antes de verificar el desarme completo, Hamás podría conservar capacidad militar suficiente para reorganizarse posteriormente y quieren evitar ese escenario.

Su posición consiste esencialmente en establecer una secuencia mucho más rígida: primero el desarme completo de Hamás; después la retirada israelí.

La propuesta estadounidense intenta sustituir esa secuencia por otra: desarme progresivo y retirada progresiva, vinculados mediante verificaciones internacionales.

Puede parecer una diferencia técnica, pero en realidad constituye el corazón de toda la negociación.

Trump y Netanyahu: una diferencia política que importa

La relación entre Estados Unidos e Israel continúa siendo estratégica, y no existe evidencia de una ruptura entre Trump y Netanyahu, pero la discrepancia actual es relevante.

Trump necesita que Israel acepte un mecanismo que permita convertir el alto el fuego en un acuerdo duradero. Netanyahu, por su parte, enfrenta consideraciones de seguridad y fuertes presiones dentro de su propia coalición política.

Expertos señalan que el primer ministro israelí se encuentra además bajo presión electoral de cara a los comicios previstos para octubre, mientras sectores de la derecha israelí mantienen posiciones todavía más duras respecto de Gaza. 

Esto introduce la política doméstica israelí directamente dentro de una negociación internacional. Aceptar una retirada antes del desarme total podría ser presentado por sus adversarios de derecha como una concesión a Hamás.

Rechazar completamente la propuesta estadounidense, sin embargo, puede aumentar las diferencias con Washington y prolongar un conflicto cuyo costo diplomático y humanitario continúa creciendo.

Alemania respalda la oportunidad abierta por Washington

La propuesta comenzó también a generar reacciones entre los aliados occidentales. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania afirmó este lunes que el plan estadounidense podría proporcionar una vía hacia el desarme de Hamás, aunque reconoció que permanecen numerosas preguntas sin resolver y que las diferentes reacciones de las partes eran previsibles dada la complejidad de las negociaciones.

El respaldo alemán es importante porque evidencia que Washington intenta construir apoyo internacional alrededor del mecanismo antes de que todos sus componentes hayan sido acordados.

Pero ese apoyo difícilmente sustituirá el consentimiento israelí.

Sin Israel, la retirada progresiva prevista en el plan simplemente no puede ejecutarse, mientras tanto Gaza sigue esperando mientras los dirigentes negocian

Toda esta discusión diplomática ocurre sobre un territorio devastado. El último informe humanitario disponible de OCHA, publicado el 6 de agosto, continúa describiendo graves necesidades y dificultades para proporcionar asistencia a la población.

Naciones Unidas ha advertido previamente que la mayoría de los habitantes de Gaza continúa desplazada y que cientos de miles de personas carecen de refugio adecuado, mientras persisten problemas de agua, saneamiento, medicamentos y servicios médicos. 

Además, aunque la intensidad de las operaciones israelíes ha disminuido, los ataques no han desaparecido completamente.

Ese elemento añade urgencia a las negociaciones, Cuanto más se prolongue la disputa sobre el orden del desarme y la retirada, más difícil será transformar la tregua existente en una estructura política estable.

¿Quién gobernará Gaza después?

El desarme es solo una parte del problema, el siguiente es quién ejercerá el poder cuando termine la transición.

El esquema estadounidense pretende colocar la administración cotidiana en manos de tecnócratas palestinos, mientras una estructura internacional supervisaría la reconstrucción y la seguridad durante el período inicial. 

La fórmula busca evitar dos escenarios que Washington considera problemáticos: que Hamás recupere el control político de Gaza o que Israel permanezca indefinidamente administrando el territorio.

Pero gobernar Gaza requerirá mucho más que crear instituciones. Será necesario restablecer servicios públicos, reconstruir infraestructura, garantizar seguridad, gestionar la asistencia internacional y generar legitimidad política entre una población profundamente afectada por años de guerra.

Ese proceso podría durar años.

Finalmente el problema ya no es diseñar un acuerdo, sino lograr que las partes confíen en su secuencia, el nuevo plan de Trump para Gaza intenta resolver mediante simultaneidad lo que las partes llevan meses planteando como condiciones previas.

Ahí está su principal innovación y también su mayor debilidad. Hamás teme entregar sus armas y descubrir posteriormente que Israel no completa la retirada. Israel teme retirar sus fuerzas y descubrir posteriormente que Hamás conserva suficiente capacidad militar para reconstruirse.

Washington intenta colocar entre ambos procesos verificación internacional, una fuerza multinacional y una nueva administración palestina.

Sobre el papel, esa arquitectura puede reducir los riesgos, en la práctica, necesita algo mucho más difícil de conseguir: confianza suficiente para que cada parte realice su primera concesión.

El rechazo de Netanyahu demuestra que esa confianza todavía no existe, por eso la disputa entre Washington y Jerusalén no constituye simplemente un desacuerdo diplomático.

Puede determinar si Gaza entra finalmente en una transición política o permanece atrapada en un ciclo en el que cada parte exige que la otra cumpla primero.

Y mientras nadie quiera dar ese primer paso, el final definitivo de la guerra seguirá estando más cerca sobre el papel que sobre el terreno.

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