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Después de las medallas comienza el verdadero compromiso

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

La República Dominicana cerró los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con motivos suficientes para sentirse orgullosa. La actuación de nuestros atletas, la respuesta del público y la capacidad organizativa demostrada durante la competencia proyectaron una imagen positiva del país.

Sin embargo, el éxito de unos Juegos no termina con la ceremonia de clausura ni puede medirse solamente por las medallas obtenidas. El verdadero examen comienza ahora.

Las instalaciones construidas o rehabilitadas no pueden quedar abandonadas cuando desaparezcan las cámaras. Su mantenimiento deberá estar garantizado, junto con un programa que permita utilizarlas para la formación de nuevos atletas, las competencias nacionales y el desarrollo deportivo de escuelas, clubes y comunidades.

El país conoce demasiado bien la historia de infraestructuras levantadas para grandes acontecimientos que posteriormente se deterioran por falta de planificación, presupuesto o responsabilidad institucional. Repetir ese error convertiría una inversión importante en una oportunidad perdida.

También corresponde rendir cuentas. La celebración merece reconocimiento, pero ese reconocimiento no elimina el deber de informar cuánto costaron finalmente los Juegos, cómo fueron administrados los recursos y qué institución será responsable de preservar cada instalación. El orgullo nacional y la transparencia no son incompatibles.

Nuestros atletas tampoco pueden ser recordados únicamente cuando suben al podio. Detrás de cada medalla existen años de disciplina, sacrificios familiares y frecuentes limitaciones económicas. El homenaje más valioso no será una caravana, sino garantizarles entrenadores, alimentación, atención médica, equipos, becas y condiciones dignas para continuar sus carreras.

Santo Domingo 2026 debe convertirse en el comienzo de una política deportiva más ambiciosa. Sus instalaciones pueden servir para identificar talentos en los barrios, ampliar la educación física escolar y ofrecer alternativas a miles de jóvenes expuestos a la violencia y la exclusión.

La República Dominicana demostró que puede organizar un acontecimiento deportivo de gran magnitud. Ahora debe probar que también sabe proteger lo construido y transformar una celebración temporal en una inversión permanente.

Las medallas permanecerán en la historia. El verdadero legado dependerá de lo que hagamos a partir de hoy.

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