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Las playas no son de los hoteles, pero tampoco basta con que la ley lo diga

by Redaccion
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@abrilpen

Cada cierto tiempo, República Dominicana vuelve a discutir exactamente el mismo tema: el derecho de los ciudadanos a acceder libremente a sus playas. Esta vez fue el comunicador Sergio Carlos quien volvió a poner el debate sobre la mesa, al publicar un video en el que un agente de seguridad de un hotel le pide que se retire hacia el agua porque en la playa se celebraba una boda. Lo llamativo es que Sergio se encontraba dentro de los límites que establece la legislación dominicana para el libre acceso a las playas.

¿Es el primer caso? Para nada.

En los últimos meses se han viralizado numerosos videos de situaciones similares. En algunos, personal de seguridad de hoteles intenta limitar el acceso de ciudadanos dominicanos; en otros, son los propios turistas quienes parecen convencidos de que, por haber pagado una habitación, también adquirieron el derecho a disfrutar de una playa prácticamente exclusiva, llegando incluso a cuestionar la presencia de personas en un espacio que, por ley, es público.

Eso demuestra que el problema está lejos de resolverse.

Aquí solo caben dos explicaciones. La primera, y la más benévola, es que muchos hoteles siguen sin capacitar adecuadamente a su personal sobre la legislación dominicana y los derechos que esta reconoce. La segunda es mucho más preocupante: que algunos simplemente prefieran imponer reglas propias, aun cuando contradigan la ley.

Pero hay otro actor del que casi nunca se habla: el turista.

Antes de indignarnos con quien viene de vacaciones, vale la pena preguntarnos quién le hizo creer que la playa era privada. Nadie nace conociendo las leyes dominicanas. Si durante todo el proceso de compra se vende la experiencia de una playa exclusiva, si el hotel nunca explica cuáles son los límites de ese derecho y si nadie le informa que las playas en República Dominicana son de libre acceso, es comprensible que algunos visitantes actúen bajo una percepción equivocada.

Eso no los convierte en dueños de la playa, pero sí evidencia un problema de información.

Por eso esta discusión no puede limitarse a señalar a un guardia de seguridad o a un turista confundido. La pregunta de fondo es otra: ¿por qué seguimos viendo los mismos videos año tras año?

Si la legislación es clara, entonces el problema está en su aplicación.

Hace falta que los hoteles capaciten a su personal, pero también que el Estado haga cumplir la normativa. Y, sobre todo, hace falta educar a quienes nos visitan. Así como se les informa sobre normas migratorias, restricciones ambientales o protocolos de seguridad, también debería explicárseles, desde el tour operador, durante el vuelo o en el mismo proceso de check-in, que las playas dominicanas son públicas y cuáles son los derechos y obligaciones de todos.

Porque este no es un debate contra el turismo.

El turismo es uno de los principales motores de nuestra economía y precisamente por eso necesita reglas claras y respetadas por todos. Un turista bien informado disfruta mejor su experiencia, y un ciudadano no debería tener que discutir con nadie para ejercer un derecho que la ley ya le garantiza.

Lo verdaderamente preocupante es que esta conversación siga reapareciendo cada pocos meses. Cuando un mismo conflicto se repite una y otra vez, el problema ya no es la falta de legislación; es la incapacidad para hacerla cumplir.

Y mientras eso no cambie, seguiremos viendo el mismo video, con distintos protagonistas, una y otra vez.

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