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¿Quién está reclutando dominicanos para ir a pelear a Rusia?

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

La aparición de dominicanos combatiendo del lado ruso abre una discusión que va mucho más allá de los videos virales: ¿sabían todos que estaban siendo contratados para ir a la guerra, quién los reclutó y qué conocían las autoridades dominicanas?

Los videos de Juan Carlos Ávila han provocado sorpresa, comentarios y hasta humor en las redes sociales. Un dominicano uniformado, armado y aparentemente integrado a las fuerzas rusas narra su cotidianidad con una tranquilidad que contrasta brutalmente con el escenario en el que se encuentra: una guerra.

Pero pasado el impacto inicial, hay preguntas que República Dominicana no debería dejar perder entre memes y reproducciones.

La primera no es por qué un dominicano decidió combatir para Rusia. Un adulto puede tomar decisiones que otros jamás tomaríamos. Si una persona conoce perfectamente que está firmando un contrato militar, entiende que será incorporada a unas fuerzas armadas y sabe que puede terminar en el frente, estamos ante una decisión individual cuyas consecuencias también tendrá que asumir.

La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿todos los dominicanos que han terminado vinculados al conflicto sabían a qué iban?

Porque desde República Dominicana se han producido denuncias sobre personas que presuntamente habrían sido reclutadas bajo ofertas de empleos diferentes a combatir. Y si alguien salió del país creyendo que sería conductor, mecánico, trabajador logístico o desempeñaría cualquier otra función civil y terminó con un fusil en las manos, el problema cambia completamente de naturaleza.

Ya no hablaríamos únicamente de libre albedrío. Hablaríamos potencialmente de engaño, coerción y, dependiendo de las circunstancias que pueda establecer una investigación, incluso de delitos vinculados a la trata de personas.

Hay otro aspecto que hace imposible despachar el tema diciendo simplemente que cada quien es responsable de lo que hace después de salir del país.

La Ley General de Migración 285-04, en su artículo 143, establece que está prohibida la promoción y el reclutamiento en territorio dominicano de dominicanos y residentes extranjeros mediante ofertas de trabajo en el exterior cuando no exista autorización expresa de las autoridades nacionales competentes.

Es un dato fundamental. Por tanto, si existieron personas, empresas o intermediarios reclutando ciudadanos dentro de República Dominicana para enviarlos a trabajar al extranjero, corresponde establecer cómo operaban, qué ofrecían, qué documentos presentaban y si contaban con las autorizaciones correspondientes.

Y ahí comienzan los misterios  ¿Quién los reclutó? ¿Dónde fueron contactados? ¿Qué establecían sus contratos? ¿Quién pagó los boletos? ¿Qué salarios les prometieron? ¿Qué rutas utilizaron para llegar hasta Rusia? ¿Hubo intermediarios dominicanos? ¿Cuántas personas viajaron mediante el mismo mecanismo?

Y una pregunta especialmente importante: ¿Las autoridades dominicanas conocían estas operaciones?

El Comité Dominicano de los Derechos Humanos denunció ante la Procuraduría General de la República en 2025 la supuesta existencia de una red que habría reclutado a más de 150 dominicanos para incorporarlos a las fuerzas rusas.

Esto debe manejarse periodísticamente con precisión: es una denuncia, no un hecho judicialmente establecido, pero la magnitud denunciada basta para justificar una investigación exhaustiva.

Porque una cosa sería descubrir que decenas de dominicanos, individualmente y por distintas vías, decidieron enrolarse voluntariamente. Otra muy diferente sería comprobar que existió una estructura organizada desde territorio dominicano para captarlos y trasladarlos.

Y existe todavía un tercer escenario, muchísimo más grave: que algunas personas hubieran sido engañadas respecto de la naturaleza del trabajo que realizarían y que incluso se les impide renunciar.

Precisamente por eso necesitamos hechos y no especulaciones, el Estado dominicano no puede detener una guerra, pero sí investigar

También hay que evitar crear expectativas falsas, República Dominicana no puede simplemente ordenar a Rusia que libere a cualquier dominicano que haya firmado voluntaria y legalmente un contrato militar. La capacidad de actuación dominicana dependerá de la situación jurídica de cada ciudadano, de las leyes del país donde se encuentre y de las circunstancias específicas de su incorporación.

Pero eso no significa que el Estado dominicano no tenga nada que hacer, puede investigar lo sucedido aquí, puede establecer quién reclutó, puede determinar si hubo agencias o intermediarios operando sin autorización, puede identificar a los dominicanos involucrados y las circunstancias en las que viajaron, puede brindar asistencia diplomática y consular dentro de las posibilidades existentes.

Y, sobre todo, si aparecen indicios de engaño, coerción o trata, las autoridades pueden investigar penalmente a quienes hayan participado desde territorio dominicano.

Juan Carlos Ávila tiene hoy rostro porque sus videos se hicieron virales. ¿Y los demás?

Se ha hablado también de dominicanos que estarían combatiendo del lado ucraniano. Hasta que existan fuentes suficientemente sólidas que permitan establecerlo, RD al Descubierto no lo presentará como un hecho confirmado.

Pero precisamente ahí está uno de los vacíos que las autoridades deberían ayudar a despejar. ¿Cuántos ciudadanos dominicanos se encuentran vinculados militarmente al conflicto ruso-ucraniano? ¿Cuántos están allí voluntariamente? ¿Alguno ha solicitado asistencia consular? ¿Existen familiares que hayan denunciado engaño o incomunicación? ¿Se está investigando la posible existencia de reclutadores en República Dominicana?

Estas respuestas no deberían depender de que otro soldado dominicano abra una cuenta en redes sociales y comience a publicar videos.

Detrás de cada contrato hay una vida, hay algo profundamente inquietante en todo esto. Para una persona con dificultades económicas, una oferta de varios miles de dólares puede parecer la oportunidad que lleva años esperando. Precisamente por eso las ofertas internacionales de empleo necesitan controles.

Porque entre “te conseguí un trabajo en Rusia” y “te recluté para combatir en una guerra” existe una diferencia demasiado grande para dejarla en manos de intermediarios sin supervisión.

Si alguien conocía el riesgo y decidió asumirlo, estamos ante su decisión, si alguien fue engañado, estamos ante otra historia.

Y República Dominicana necesita saber cuál de las dos historias estamos contando, los videos virales nos enseñaron al dominicano que está allá. Ahora corresponde mirar hacia acá.

Porque el libre albedrío merece respeto, pero para decidir libremente, primero hay que saber exactamente para qué te están contratando.

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