Por Abril Peña
La CIA hizo pública la mayor colección de informes presidenciales de inteligencia vinculados al 11 de septiembre. Los documentos muestran que Washington conocía desde años antes las intenciones de Osama bin Laden de atacar territorio estadounidense y había recibido información sobre posibles secuestros de aeronaves e incluso escenarios en los que aviones podían convertirse en armas. Sin embargo, los archivos no demuestran que el Gobierno conociera previamente el plan específico ejecutado el 11 de septiembre de 2001.
WASHINGTON.— Veinticinco años después de los atentados que cambiaron la historia contemporánea, una nueva desclasificación de documentos permite reconstruir con mayor precisión cuánto sabía la inteligencia estadounidense sobre Osama bin Laden y Al Qaeda antes del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) desclasificó este 11 de septiembre 71 productos de los President’s Daily Brief (PDB), los informes de inteligencia altamente confidenciales preparados para el presidente y los principales responsables de seguridad nacional.
La colección supera las 100 páginas de análisis y constituye, según la propia CIA, la mayor divulgación individual de documentos de este tipo relacionados con el 11-S.
Los documentos abarcan las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush y muestran algo que durante años ha estado en el centro del debate sobre los atentados: las señales de alarma existían.
Lo que no existía, al menos en la documentación conocida hasta ahora, era una pieza de inteligencia que identificara simultáneamente el día, los vuelos, los objetivos y los 19 secuestradores que ejecutarían la operación.
Advertencias desde 1998
Uno de los elementos más relevantes de la documentación es que la preocupación por un ataque de Bin Laden dentro de Estados Unidos no comenzó en el verano de 2001.
Ya en 1998, la inteligencia estadounidense informaba a los niveles más altos del Gobierno sobre las intenciones del líder de Al Qaeda.
Un informe del 10 de septiembre de ese año recogía información según la cual Bin Laden pretendía utilizar un avión cargado de explosivos contra una ciudad estadounidense. Washington figuraba entre las posibilidades contempladas.
La información era fragmentaria y no describía el método que finalmente utilizaría Al Qaeda tres años después, pero resulta particularmente significativa vista desde la perspectiva actual: la posibilidad de combinar terrorismo y aviación comercial estaba dentro del universo de amenazas conocido por los servicios de inteligencia.
Otros informes de 1998 y 1999 recogían información sobre posibles secuestros de aviones y diferentes planes atribuidos a organizaciones vinculadas a Bin Laden.
Los documentos también reflejan la preocupación estadounidense por el interés de Al Qaeda en adquirir materiales para armas químicas, biológicas o radiológicas.
Bin Laden quería atacar dentro de Estados Unidos
Conforme avanzaba 2001, las señales se hicieron más intensas. Durante la primavera y el verano, los servicios de inteligencia comenzaron a detectar un volumen extraordinario de información que indicaba que Al Qaeda preparaba una operación importante.
El problema era que gran parte de las señales apuntaban inicialmente hacia posibles ataques contra intereses estadounidenses en el extranjero.
Pero también había advertencias sobre Estados Unidos. El documento más conocido continúa siendo el President’s Daily Brief del 6 de agosto de 2001, entregado al presidente George W. Bush y titulado:
“Bin Ladin Determined to Strike in US” —“Bin Laden decidido a atacar en Estados Unidos”.
Su existencia no es una revelación de 2026: partes sustanciales del documento habían sido divulgadas anteriormente y fue analizado por la Comisión del 11-S. Lo relevante de la nueva colección es que permite colocarlo dentro de una secuencia mucho más amplia de informes presidenciales.
El documento señalaba que Bin Laden había manifestado durante años su intención de atacar Estados Unidos, mencionaba información relacionada con posibles secuestros de aeronaves, actividades sospechosas dentro del país y vigilancia de edificios federales.
Apenas 36 días después, los cuatro aviones comerciales fueron secuestrados.
¿Sabía Estados Unidos que ocurriría el 11-S?
Esta es probablemente la pregunta más importante que vuelven a plantear los documentos, la respuesta que permite sostener la evidencia disponible requiere precisión.
Estados Unidos sabía que Bin Laden quería atacar territorio estadounidense, sabía que Al Qaeda contemplaba secuestros de aeronaves.
Había recibido información sobre escenarios en los que aviones podían utilizarse en operaciones terroristas contra objetivos estadounidenses y durante el verano de 2001 sabía que la amenaza terrorista había aumentado considerablemente.
Pero los documentos desclasificados no prueban que el Gobierno estadounidense conociera previamente el plan operacional concreto del 11-S y decidiera permitir que ocurriera, esa diferencia es fundamental.
Lo que emerge de los documentos es principalmente una historia de información dispersa, señales que no fueron conectadas adecuadamente, evaluaciones contradictorias, problemas de coordinación institucional y una amenaza cuyo alcance no fue comprendido a tiempo.
Clinton y Bush recibieron advertencias
Otro aspecto importante de la nueva documentación es que el problema atravesó dos administraciones. Los informes muestran que durante la presidencia de Bill Clinton ya existía una preocupación creciente por Bin Laden y Al Qaeda.
Estados Unidos incluso lanzó ataques con misiles contra instalaciones vinculadas al grupo en Afganistán en agosto de 1998, después de los atentados contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania.
Cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca en enero de 2001, heredó esa amenaza. Durante los meses siguientes, la inteligencia continuó reportando indicios de que Al Qaeda preparaba nuevas operaciones.
Por tanto, reducir la discusión exclusivamente a lo que sabía Bush durante las semanas inmediatamente anteriores al 11-S deja fuera una parte importante de la historia: Washington llevaba años siguiendo a Bin Laden y recibiendo advertencias sobre sus intenciones.
El problema de las piezas que nunca se unieron
Las investigaciones posteriores al atentado identificaron uno de los mayores problemas del sistema estadounidense de seguridad de aquella época: diferentes organismos poseían partes distintas de la información.
La CIA tenía datos, FBI tenía otros, los servicios migratorios disponían de información adicional. Existían sospechosos vinculados con Al Qaeda que habían entrado a Estados Unidos, había investigaciones sobre individuos interesados en entrenamiento de vuelo, había advertencias sobre secuestros, había reportes sobre Bin Laden, pero las piezas no fueron integradas a tiempo en una imagen operacional suficientemente clara.
Ese fracaso de coordinación se convertiría posteriormente en una de las principales conclusiones de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos, conocida como Comisión del 11-S.
Los Archivos Nacionales también abren documentos
La desclasificación no se limitó a la CIA. Coincidiendo con el aniversario, el Interagency Security Classification Appeals Panel, vinculado a los Archivos Nacionales de Estados Unidos, publicó nuevos documentos derivados del trabajo de la Comisión del 11-S.
Entre ellos figura una síntesis de los informes presidenciales de inteligencia correspondientes al período anterior e inmediatamente posterior a los atentados, así como materiales relacionados con entrevistas realizadas a altos funcionarios de las administraciones Clinton y Bush.
La apertura de estos expedientes permite a investigadores, periodistas e historiadores contrastar directamente parte de la documentación que durante décadas permaneció clasificada. Lo nuevo no confirma las teorías más extremas, pero tampoco elimina las preguntas, Los nuevos archivos probablemente no cerrarán la discusión sobre el 11 de septiembre.
No aportan evidencia de que Washington conociera de antemano todos los detalles del atentado ni respaldan, por sí solos, la tesis de que el Gobierno estadounidense permitió deliberadamente que los ataques ocurrieran.
Pero tampoco permiten sostener que el ataque surgió completamente de la nada, la documentación confirma que Bin Laden llevaba años en el radar de la inteligencia estadounidense, que su intención de atacar Estados Unidos era conocida, que existían advertencias sobre secuestros de aviones y que incluso se habían manejado escenarios en los que una aeronave podía utilizarse contra una ciudad estadounidense.
El debate histórico, por tanto, se desplaza hacia una pregunta más compleja: ¿Cómo pudo la mayor estructura de inteligencia del mundo disponer de tantas piezas y no conseguir ensamblarlas antes de la mañana del 11 de septiembre de 2001?
Veinticinco años después, los documentos desclasificados no ofrecen una respuesta sencilla, pero permiten observar con mucha mayor claridad las señales que estaban sobre la mesa antes de que 2,977 personas murieran y el mundo cambiara para siempre.

