RDalDescubierto
Se conoció en las últimas horas que Por respeto a compañeros con más de treinta años de trayectoria, analizo la situación con la mayor objetividad; mi cargo como militar de la Fuerza del Pueblo no me exime de mantener la ética que exige el escrutinio público.
Al respecto, En la arena pública dominicana vuelve a surgir, con persistencia, la costumbre de descubrir cosas demasiado tarde, encarnada por voces que acuden a los micrófonos para ofrecer diagnósticos que la realidad nacional dejó archivados hace años, atrapadas en el eco de sus propias palabras y creyéndose las únicas poseedoras de una visión que nadie había pedido. Tal ejemplo corresponde a un comunicador y exdiputado que, desde el Centro de Documentación del PLD, saltó a la fama mediática y después a una curul legislativa, apoyado en la misma estructura que hoy intenta desacreditar usando argumentos reciclados y retrocediendo en su discurso para adaptarse a corrientes más favorables. En su discurso nostálgico, el exlegislador condena sumariamente al partido, alegando que la institución donde se formó bajo la influencia de Juan Bosch abandonó su misión de ser un laboratorio formador y se convirtió en un mero «cascarón electoral», perdido en la persecución del poder por el poder y silente ante temas como la extracción de tierras raras o la invasión del sargazo. Esa queja, sin embargo, olvida que fue precisamente esa maquinaria pragmática la que le permitió ocupar la Cámara de Diputados durante cuatro años, revelando una predicación tardía donde la pretensión de modernidad no oculta la pérdida de su propio horizonte político ni la incongruencia de exigir pureza a la estructura que impulsó su ascenso.
Las fuentes consultadas sostuvo que en contraste, otros expertos consideran que se trata de un simple tropiezo logístico, propio de los grandes partidos en períodos de transición, y sostienen que la organización mantiene una amplia red territorial, liderazgos arraigados en las comunidades y un sentido de cuerpo que no se desmorona por la ausencia momentánea de equipos técnicos, por lo que la pausa podría servir para auditar el padrón y recuperar la disciplina interna. No obstante, sin caer en fatalismos ni en triunfalismos, la realidad obliga a reconocer que el partido atraviesa un estrecho lleno de obstáculos prácticos para mantener la cohesión de sus militantes; mantener la cabeza de la boleta en suspenso prolongará el desgaste logístico y emocional, avivará la incertidumbre en los comités provinciales y municipales y pondrá a prueba la autoridad de sus órganos directivos, exigiendo a la alta dirigencia una madurez excepcional para evitar que la espera se convierta en una paralización dañina. Esta oleada de descalificaciones remite a la atmósfera que rodeó a la política dominicana a finales de noviembre de 1973, cuando el profesor Juan Bosch renunció a la presidencia del PRD bajo la presión de antiguos compañeros y adversarios conservadores; en ese contexto, Don Rafael Herrera Cabral publicó en el periódico una advertencia que se volvió célebre: “No pateen a Bosch”.
En ese sentido, Para Don Rafael, estaba claro que pronunciar la muerte prematura de una fuerza con arraigo social era una ligereza peligrosa, premisa que hoy vuelve a resonar frente al morbo de quienes quieren “patear” al PLD por sus problemas administrativos, ignorando que una organización con dos décadas de presencia territorial no se disuelve por una dificultad técnica ni por el ruido de tribunas que confunden inercia con sepelio. Subestimar la capacidad de supervivencia de un aparato que aún cuenta con representación congresual y municipal suele resultar un error costoso; en el tablero político dominicano los partidos de masas no desaparecen por un sermón mediático, y la historia muestra que quien intenta aplastar a un adversario que parece vencido solo lo incita a levantarse con mayor fuerza. “Cometen una imprudencia imperdonable quienes celebran el fin de su carrera y pretenden ensañarse contra él en medio de la polvareda de la división; en política, arrinconar al vencido que aún respira es la manera más segura de obligarlo a levantarse con mayor fuerza y determinación”.
El tema sigue siendo seguido de cerca por los sectores interesados.

