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Galíndez x Galíndez

by maria_lopez
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RDalDescubierto

El artículo, firmado por José del Castillo Pichardo, investigador, historiador y académico, relata el secuestro de Jesús de Galíndez en la ciudad de Nueva York, su traslado aéreo bajo los efectos de narcóticos a la República Dominicana y la posterior confrontación con el implacable generalísimo, episodio que ha sido analizado desde diversos ángulos.

Ese mismo día, el académico se presentó en la universidad donde impartía la asignatura de Derecho Público Hispanoamericano e Historia de la Civilización Iberoamericana y defendió su tesis doctoral titulada «Un estudio casuístico de la dictadura hispanoamericana». Hijo de oftalmólogo, cursó la educación primaria en colegios jesuitas, se licenció en Derecho en la Universidad Central y, por su ascendencia vasca, pasaba sus vacaciones en Amurrio, Álava, lo que reforzó su identificación con Euskadi.

Durante la Guerra Civil (1936‑1939) ingresó, aún adolescente, al Partido Nacionalista Vasco, laborando en la delegación del mismo en distintas ciudades, entre ellas Valencia y Barcelona. Su activismo le dejó un perfil que, años después, se convirtió en objeto de investigaciones periodísticas, columnas de opinión, documentales y largometrajes que describen el modo operativo, los actores intelectuales y materiales, la eliminación de testigos y el daño reputacional que la acción provocó al régimen a nivel internacional.

En ese contexto, el Gobierno Vasco en el Exilio presentó denuncias ante la ONU y el Departamento de Estado de los EE. UU., vinculando al dictador con códigos de seguridad que revelaban la magnitud de la persecución. La tesis de Galíndez se imprimió póstumamente en Chile por la Editorial del Pacífico en junio de 1956, pero su relevancia ya había surgido un año antes, cuando la revista bimestral mexicana dirigida por Jesús Silva Herzog la publicó en el número de marzo‑abril de 1955 bajo el título «».

Esa publicación encendió la furia del «Ilustre Jefe», cuyo deseo de venganza desembocó en la temeraria operación en el Village de Manhattan que acabó con la vida del «vasco malagradecido». Enrique Lafourcade, en su novela, lo describió como el inicio de la decadencia de «Carrillo, el Dispensador». Galíndez llegó a la isla a finales de 1939 y habitó hasta principios de 1946 el llamado feudo del Benefactor de la Patria, animado por Rafael César Tolentino y con visado en Burdeos, creyendo encontrar un refugio menos saturado que el de los exiliados republicanos en México y Chile.

El manuscrito, elaborado con rigor académico, contenía críticas mordaces al dictador, aludiendo a rincones de su alcoba y a redes familiares, y ridiculizaba su narcisismo enfermizo. En 1949, mientras ejercía como docente en la Escuela Diplomática de la Cancillería y como secretario particular del generalísimo, publicó «Una satrapía en el Caribe», acusando de «ambisexual» al tirano. Desde México, escribió por encargo el apologético «» en Buenos Aires (1950). Sin embargo, la mano criminal del sátrapa lo alcanzó en 1960, cuando fue atropellado por un automóvil que lo llevó al cementerio; sus últimas palabras fueron «Fue …».

En agosto de 1956, el texto fue reeditado en Buenos Aires como un opúsculo de 45 páginas, precedido por el prólogo de un socialista democrático, periodista y legislador que había compartido seminario con Galíndez en Columbia junto a Germán Arciniegas y otros líderes ant dictadura. El prólogo declaraba: «Estas páginas de Jesús de …, anticipo de la tesis sobre … que se conoce gracias a la …, presentan con fineza, sin artificios, la historia natural de un poder que impera desde hace más de un cuarto de siglo…». El escrito describe al dictador como «generalísimo», «doctor honoris causa», «benefactor de los pobres», pero también como saqueador de libertades y dueño absoluto del poder económico y político.

En marzo de 1956, después de ofrecer una conferencia sobre la Argentina en la cátedra de Frank Tannenbaum, Galíndez comentó a A. Gainza Paz, director de …, y al autor, que había concluido su tesis y añadió, sonriendo: — «Espero que no me pase lo que al dominicano que por hablar fue muerto aquí en Estados Unidos por unos sicarios del tirano». Días después, desapareció sin dejar rastro de la ciudad de Nueva York, dejando abierta la incógnita sobre su destino final.

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