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El veloz envejecimiento de la población en América Latina obliga a los Estados a elaborar planes y políticas específicas, pues la reducción de la fuerza laboral activa y el aumento de la dependencia demográfica pueden impactar negativamente el Producto Interno Bruto tanto de cada nación como del bloque regional, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
Datos de la Organización de Naciones Unidas revelan que la mayor proporción de adultos mayores de 65 años se encuentra en Uruguay, con un 16,5 % de su población, y en Chile, con un 15,1 %, los dos países con el mayor porcentaje de personas de esa edad en la zona.
La Cepal indica que en el año 2025 la población de 60 años o más ya superó a la de edades más jóvenes, constituyendo un segmento demográfico relevante. Las proyecciones estiman que para 2050 ese número se duplicará, alcanzando los 138 millones de personas, lo que representará el 25 % de la población regional, en contraste con apenas el 5 % registrado en 1950.
Históricamente, los países con mayor concentración de adultos mayores son tres: Cuba, Uruguay y Chile, todos ellos con tendencias pronunciadas de envejecimiento poblacional.
En el caso de Cuba, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) prevé que para 2040 el 36 % de los habitantes tendrán más de 65 años. Además, la misma entidad señala que la población total descendió a 9.748.007 personas en 2024, una reducción de 307.961 respecto al año anterior, y que los mayores de 65 años suman alrededor de 545.301 individuos.
La relación entre niños y ancianos ha variado de forma drástica: en el censo de 1908 existían 16 menores de 14 años por cada persona mayor; hoy la proporción se ha equilibrado a uno a uno. La participación de los mayores de 65 años en la población pasó del 6,6 % en 1992 al 14 % en el último recuento.
En una entrevista, el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar‑Xirinachs, advirtió que el rápido envejecimiento plantea retos para las políticas públicas, sobre todo en la demanda de servicios de salud, cuidados de larga duración y protección social. Señaló que entre 2028 y 2032 la población de 65 años y más superará a la infantil en la mayoría de los países latinoamericanos, y que para 2050 habrá cerca de 34 millones de personas mayores de 80 años, lo que requerirá una inversión intensiva en cuidados.
La Cepal describe el envejecimiento como un desafío estructural que incide en todas las esferas de la sociedad y la economía, afectando la capacidad de consumo, la generación de ingresos, los patrones de ahorro y el financiamiento de los períodos de dependencia. Asimismo, subraya que las desigualdades socioeconómicas hacen que la vejez se experimente de manera desigual, acumulando desventajas en educación, salud y empleo digno.
Según la Organización de Naciones Unidas, la cobertura de protección social para los jubilados se ha deteriorado, agravada por la pandemia; en 2022, el 34,5 % de los mayores de 65 años no disponía de ingresos ni pensiones, lo que los obliga a permanecer en la fuerza laboral, mayormente en la economía informal, para cubrir sus necesidades básicas. Las enfermedades crónicas y la mayor demanda de cuidados especializados aumentan la vulnerabilidad, planteando retos para los sistemas de salud y las familias, aunque la llamada «economía plateada» abre nuevas oportunidades de crecimiento en sectores como salud, farmacéutico, financiero, tecnológico, turismo y vivienda adaptada.

