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Rusia prepara ataques masivos contra el sistema energético de Ucrania en respuesta a la ofensiva sobre sus refinerías

by Redaccion
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Moscú anuncia una nueva fase de represalias después de que cientos de drones ucranianos penetraran territorio ruso y alcanzaran instalaciones estratégicas. La amenaza contra la red eléctrica ucraniana llega cuando se aproxima el otoño y revive el temor a otra campaña para degradar el suministro de energía durante el invierno.

SANTO DOMINGO.– Rusia anunció este domingo que sus Fuerzas Armadas han comenzado a preparar “ataques masivos” contra instalaciones energéticas de Ucrania, en una nueva escalada de la guerra de represalias que ambos países libran cada vez más lejos de las líneas tradicionales del frente.

El Ministerio de Defensa ruso presentó la futura operación como respuesta a los continuos ataques ucranianos contra infraestructura dentro de Rusia, especialmente refinerías, instalaciones de petróleo y gas y grandes centros logísticos. La advertencia fue recogida por AP y Reuters y reproducida también por medios europeos como DW. 

El anuncio supone un cambio importante. Moscú no se limitó a advertir que responderá: aseguró que los preparativos para los ataques ya comenzaron, aunque no informó cuándo podrían ejecutarse ni identificó instalaciones concretas.

La amenaza llega además en un momento especialmente delicado para Ucrania. El otoño está próximo y los ataques rusos contra centrales eléctricas, subestaciones y otras infraestructuras energéticas han sido una de las principales herramientas utilizadas por Moscú durante los inviernos anteriores para deteriorar la capacidad ucraniana de mantener electricidad y calefacción. AP señala que funcionarios ucranianos vienen advirtiendo que el próximo invierno podría ser uno de los más difíciles desde el comienzo de la invasión a gran escala en febrero de 2022. 

Una represalia después de cientos de drones

La advertencia rusa se produce inmediatamente después de una ofensiva ucraniana de enorme magnitud, el Ministerio de Defensa ruso aseguró este domingo haber derribado o neutralizado casi 500 drones ucranianos durante la noche. La cifra procede de Moscú y no ha sido verificada independientemente en su totalidad.

Uno de los puntos alcanzados fue la zona industrial de Kirishi, al sureste de San Petersburgo, donde se encuentra una de las mayores refinerías de Rusia.

El gobernador de la región de Leningrado, Alexander Drozdenko, confirmó un incendio en la zona industrial después del ataque y aseguró que 62 drones fueron derribados sobre la región. Reuters informó que el fuego fue posteriormente extinguido y que las consecuencias estaban siendo evaluadas. 

La instalación de Kirishi tiene capacidad para procesar alrededor de 20 millones de toneladas de crudo anuales y produce, entre otros derivados, diésel y combustible para aviación. 

El ataque adquiere mayor importancia porque la industria rusa de refinación ya se encuentra bajo presión, corresponsales informaron el viernes que la producción rusa de gasolina había caído a finales de agosto hasta aproximadamente el 70 % de la demanda interna, después de que los ataques con drones obligaran a detener unidades en varias grandes refinerías.

Es decir, Ucrania no está atacando objetivos energéticos rusos de manera aislada: está desarrollando una campaña destinada a afectar la capacidad de Moscú para refinar, distribuir y comercializar combustibles.

Moscú promete una respuesta proporcional

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia dará una “respuesta apropiada” a lo que Moscú considera una estrategia de escalada ucraniana y ataques contra su economía civil.

Rusia sostiene que los ataques contra refinerías y almacenes comerciales constituyen agresiones contra infraestructura civil.

Ucrania ofrece una interpretación diferente. Kyiv argumenta que el sector petrolero ruso ayuda a financiar la guerra y abastece directamente a las Fuerzas Armadas, por lo que considera esas instalaciones objetivos vinculados al esfuerzo militar.

La misma discusión se extiende a empresas como Wildberries y Ozon, cuyos centros logísticos han sufrido ataques ucranianos. Kyiv sostiene que algunas de esas redes distribuyen productos de doble uso empleados por las fuerzas rusas; las compañías rechazan esas acusaciones. 

De las refinerías rusas a la electricidad ucraniana

Aquí está el elemento geopolítico más importante de la historia, la guerra está evolucionando hacia una campaña sistemática contra la infraestructura que sostiene la capacidad económica del adversario.

Ucrania intenta deteriorar el complejo petrolero ruso, Rusia amenaza ahora con responder atacando el sistema energético ucraniano.

Esto crea un círculo de represalias particularmente peligroso: refinerías por centrales eléctricas, depósitos por subestaciones, centros logísticos por infraestructura industrial.

La infraestructura económica se convierte así en una extensión del campo de batalla, no es una estrategia nueva para Moscú. Desde 2022 Rusia ha intensificado sus ataques contra la infraestructura energética ucraniana durante los meses fríos, buscando reducir la capacidad de generación y distribución eléctrica.

Pero el anuncio actual introduce un elemento adicional: Moscú presenta explícitamente la próxima campaña energética como represalia por los ataques dentro de Rusia.

Una guerra aérea cada vez mayor

La escalada ocurre mientras ambos países multiplican el uso de drones y misiles, según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó entre la noche del sábado y la madrugada del domingo dos misiles balísticos Iskander-M y 130 drones y otros vehículos aéreos, mientras Kyiv aseguró haber derribado 125 drones. Las cifras son ucranianas y deben considerarse como tales.

Del otro lado, Moscú habla de centenares de drones ucranianos penetrando su territorio, el resultado es una transformación progresiva del conflicto: la profundidad territorial ya ofrece mucha menos protección que al comienzo de la guerra.

Refinerías situadas a cientos de kilómetros del frente, almacenes, fábricas, redes eléctricas y centros urbanos están entrando cada vez más en el radio de acción de ambos países.

El invierno vuelve a convertirse en arma estratégica

Para Ucrania, la amenaza energética tiene además una dimensión que trasciende el campo militar. Una reducción considerable de la generación eléctrica durante el invierno afecta hogares, hospitales, industrias, telecomunicaciones, sistemas de agua y buena parte de la actividad económica.

Por eso la defensa aérea vuelve a ser una cuestión central, el volumen creciente de drones presenta otro problema: interceptar grandes cantidades de aparatos relativamente baratos puede obligar a Ucrania a consumir recursos defensivos considerablemente más costosos.

La presión no consiste únicamente en conseguir que un dron alcance su objetivo. También puede consistir en saturar radares y defensas, obligar al adversario a gastar interceptores y posteriormente utilizar misiles contra objetivos de mayor valor.

¿Hasta dónde puede llegar la represalia rusa?

Por ahora hay que mantener una distinción fundamental, Rusia ha anunciado que prepara ataques masivos; todavía no sabemos cuál será su magnitud real.

Moscú tampoco ha detallado qué instalaciones serán atacadas, por eso sería prematuro afirmar que Rusia está a punto de destruir el sistema energético ucraniano o que una nueva ofensiva ya comenzó.

Lo confirmado es suficientemente importante: el Ministerio de Defensa ruso anunció públicamente los preparativos de una campaña contra instalaciones energéticas y la vinculó directamente con los ataques ucranianos contra Rusia. 

La respuesta durante los próximos días permitirá determinar si estamos ante una advertencia destinada a aumentar la presión sobre Kyiv o ante el comienzo de una nueva campaña aérea de gran escala.

La guerra entra en otra fase de represalias

La lógica que está imponiéndose resulta cada vez más evidente, Ucrania intenta demostrar que Rusia tampoco puede librar una guerra prolongada sin experimentar consecuencias dentro de su territorio. Los ataques contra refinerías buscan precisamente convertir una de las principales fortalezas económicas rusas —su enorme industria energética— en una vulnerabilidad.

Moscú responde utilizando una ventaja que conserva: su capacidad de lanzar grandes cantidades de drones, misiles y bombas contra infraestructura ucraniana.

La consecuencia puede ser una escalada en la que ambos países intenten deteriorar no solamente las capacidades militares del contrario, sino también los sistemas económicos que permiten sostener la guerra.

Y con el invierno acercándose, la electricidad vuelve a convertirse en una de las armas estratégicas más importantes del conflicto.

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