La mayor economía de América Latina inició oficialmente su campaña presidencial. Lula busca un cuarto mandato no consecutivo, mientras Flávio Bolsonaro intenta devolver la derecha al poder con la seguridad como una de sus principales banderas.
BRASIL.– Brasil entró oficialmente en campaña para las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro como principales protagonistas de una disputa que comienza mucho más cerrada de lo que parecía meses atrás.
Los dos candidatos escogieron lugares cargados de simbolismo para iniciar sus campañas.
Lula reunió a más de 10,000 simpatizantes en São Bernardo do Campo, corazón histórico del movimiento sindical donde construyó buena parte de su carrera política. El mandatario busca reconectar al Partido de los Trabajadores con una clase laboral brasileña que ha cambiado profundamente con el crecimiento del empleo informal y las plataformas digitales.
Flávio Bolsonaro comenzó desde Copacabana, Río de Janeiro, ante miles de seguidores y apelando directamente al legado político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
Las encuestas anticipan una batalla cerrada
Lula continúa encabezando la mayoría de los escenarios de primera vuelta, pero la distancia se reduce considerablemente cuando la medición enfrenta directamente a los dos favoritos.
La encuesta Genial/Quaest, divulgada el 14 de agosto, coloca a Lula con 38% frente a 31% de Flávio Bolsonaro en primera vuelta.
En una eventual segunda vuelta, la diferencia disminuye a 43% contra 40%, resultado considerado un empate técnico dentro del margen de error.
Una nueva medición de BTG Pactual/Nexus, divulgada este lunes, también mantiene a Lula con una ventaja estrecha sobre Bolsonaro en un eventual balotaje.
Brasil se encamina así hacia seis semanas de campaña particularmente intensas.
Seguridad entra en el centro de la disputa
Flávio Bolsonaro intenta convertir la inseguridad y el crimen organizado en una de las grandes divisiones de la campaña.
Su programa propone endurecer la política contra las principales facciones criminales brasileñas e incluso tratarlas como organizaciones terroristas.
También plantea reducir el tamaño del Estado, cortar al menos diez ministerios, modificar reglas fiscales y limitar determinados poderes del Supremo Tribunal Federal.
Lula, en cambio, comenzó su campaña enfatizando empleo, protección social, igualdad y soberanía nacional.
El presidente también ha colocado los minerales estratégicos brasileños dentro de su discurso de soberanía, en momentos de creciente competencia internacional por los recursos necesarios para industrias tecnológicas.
El resultado tendrá consecuencias para toda América Latina.
Brasil es la mayor economía de la región, miembro del Mercosur y BRICS y uno de los principales socios latinoamericanos tanto de China como de Estados Unidos.
Una victoria de Lula mantendría uno de los principales gobiernos de izquierda de la región. Un triunfo de Flávio Bolsonaro consolidaría el avance de fuerzas conservadoras que han ganado terreno en varios países latinoamericanos.
Pero la elección brasileña también permitirá medir un fenómeno que comienza a repetirse en la región: hasta qué punto seguridad, crimen organizado, economía y soberanía están desplazando las antiguas fronteras ideológicas como principales motores del voto.
Brasil acaba de entrar oficialmente en campaña y con las encuestas mostrando una competencia estrecha, la mayor elección latinoamericana de 2026 está completamente abierta.
