ABUJA, Nigeria. La economía nigeriana empieza a mostrar señales de estabilización que entusiasman a los inversionistas, pero para millones de ciudadanos la realidad cotidiana continúa siendo muy distinta. El encarecimiento de los alimentos, el combustible, la electricidad, el transporte y la vivienda mantiene bajo presión a los hogares y amenaza con convertir el costo de vida en uno de los asuntos decisivos de las próximas elecciones presidenciales.
La paradoja nigeriana es cada vez más evidente: mientras los mercados financieros celebran algunas de las reformas económicas del presidente Bola Tinubu, buena parte de la población todavía no siente sus beneficios.
Reuters retrató este lunes 10 de agosto la situación a través de trabajadores nigerianos cuyos ingresos han perdido capacidad adquisitiva. Una empleada de una organización sanitaria en Abuja, por ejemplo, gana casi el doble del salario mínimo nacional y, aun así, enfrenta dificultades para cubrir sus gastos básicos.
El problema plantea una pregunta que probablemente acompañará a Tinubu hasta las urnas: ¿cuánto tiempo puede esperar una población para sentir los beneficios de unas reformas que, según el Gobierno, necesitan tiempo para funcionar?
Las reformas de Tinubu cambiaron la economía
Tinubu llegó al poder en 2023 prometiendo transformar una economía afectada por desequilibrios fiscales, escasez de divisas y costosos subsidios.
Una de sus primeras decisiones fue eliminar el histórico subsidio a los combustibles. Posteriormente, el Gobierno permitió una fuerte depreciación de la naira y redujo subsidios eléctricos.
Las medidas buscaban corregir distorsiones que durante años representaron una enorme carga para las finanzas públicas, pero el ajuste tuvo consecuencias inmediatas.
Desde la eliminación del subsidio, el precio de la gasolina se ha multiplicado aproximadamente por seis, según Reuters. El costo de productos básicos también aumentó considerablemente: preparar un plato de jollof rice, uno de los alimentos más populares del país, cuesta aproximadamente el doble que antes de las reformas.
Para una población que depende fuertemente del transporte por carretera y donde millones de personas destinan gran parte de sus ingresos a alimentos, la combinación resultó especialmente dolorosa.
La inflación baja, pero los precios no regresan atrás, aquí existe una diferencia fundamental.
Que la inflación esté descendiendo no significa que los productos se hayan abaratado. Significa que sus precios están aumentando a un ritmo menor.
Los últimos datos disponibles del National Bureau of Statistics de Nigeria sitúan la inflación general en torno al 15.9 %, mientras la inflación de alimentos ronda el 17.5 %.
La inflación había alcanzado niveles mucho mayores antes de comenzar a moderarse, pero las familias ya habían absorbido aumentos acumulados importantes.
Ese fenómeno ayuda a explicar por qué las cifras macroeconómicas pueden mejorar mientras el malestar social permanece.
Los mercados cuentan una historia diferente, mientras muchos hogares siguen ajustando sus presupuestos, los inversionistas observan una Nigeria considerablemente más atractiva.
Los flujos de capital alcanzaron su mayor nivel en seis años y el mercado bursátil nigeriano ha registrado un avance cercano al 60 %, de acuerdo con Reuters.
Las reformas cambiarias y fiscales han contribuido a recuperar parte de la confianza de los inversionistas internacionales.
La economía también muestra crecimiento. La oficina nacional de estadísticas informó que el PIB real aumentó 3.89 % interanual durante el primer trimestre de 2026, frente al 3.13 % registrado en el mismo período de 2025.
La manufactura creció 3.29 %, mientras el sector no petrolero representó más del 96 % de la actividad económica, sobre el papel, son señales positivas.
El problema político para Tinubu es que el crecimiento económico y la recuperación de los mercados todavía no se traducen suficientemente en el bolsillo de la mayoría de los nigerianos, las tasas de interés elevadas añaden presión, el acceso al crédito tampoco ofrece demasiado alivio.
Las tasas de interés permanecen elevadas, alrededor del 26.5 %, lo que dificulta que familias y pequeñas empresas puedan financiar compras, inversiones o expansión empresarial.
Esto afecta especialmente a una economía donde las pequeñas empresas y el sector informal constituyen importantes fuentes de empleo.
El resultado es una situación peculiar: Nigeria puede atraer más capital internacional al mismo tiempo que numerosos ciudadanos encuentran cada vez más difícil acceder a financiamiento dentro de su propio país.
El costo de vida empieza a transformarse en costo político
El problema ya no es exclusivamente económico, Reuters señala que aproximadamente ocho de cada diez nigerianos consideran que el país avanza en la dirección equivocada, una señal preocupante para el oficialismo mientras se aproxima el próximo ciclo electoral.
Las tensiones laborales también están aumentando, las negociaciones salariales se han convertido en fuente de conflicto, mientras sindicatos y trabajadores reclaman remuneraciones capaces de compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Nigeria ya ha experimentado protestas relacionadas con el costo de vida desde que comenzaron las reformas económicas de Tinubu.
Si la recuperación macroeconómica no llega a los hogares con suficiente rapidez, el malestar podría volver a las calles.
Tinubu tiene una ventaja: una oposición fragmentada
Sin embargo, el descontento económico no garantiza una derrota electoral del presidente, la oposición nigeriana atraviesa profundas divisiones.
Los intentos por construir una alianza capaz de enfrentar a Tinubu han sufrido importantes dificultades. En mayo, Reuters informó que la salida de dos figuras relevantes debilitó el proyecto de presentar un frente opositor unido para las elecciones previstas para enero de 2027.
Esa fragmentación podría convertirse en uno de los principales activos políticos del mandatario.
Nigeria utiliza un sistema presidencial en el que una oposición dividida puede dispersar el voto contrario al Gobierno, aumentando las posibilidades del candidato oficialista incluso en un contexto de fuerte descontento.
El dilema de Nigeria: reforma económica versus bienestar inmediato
El debate nigeriano refleja un problema frecuente en los programas de estabilización económica.
Eliminar subsidios insostenibles, corregir distorsiones cambiarias y atraer inversión puede mejorar los fundamentos de una economía a largo plazo, pero esos ajustes tienen costos sociales inmediatos.
El Fondo Monetario Internacional reconoció en junio que las reformas habían contribuido a fortalecer la estabilidad macroeconómica, aunque millones de personas continuaban viviendo en condiciones de pobreza.
Tinubu enfrenta precisamente esa contradicción, puede presentar crecimiento económico, mayor inversión y una inflación considerablemente inferior a sus máximos recientes.
Sus adversarios pueden responder con una pregunta mucho más sencilla: ¿Puede una familia comprar más alimentos hoy?
Y en unas elecciones, esa pregunta puede pesar más que cualquier indicador macroeconómico. Nigeria importa mucho más allá de sus fronteras, lo que ocurra en Nigeria tiene implicaciones para todo el continente.
Con más de 200 millones de habitantes, es el país más poblado de África y una de sus mayores economías. También constituye un actor fundamental en África occidental y dentro de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO).
Una Nigeria económicamente estable puede impulsar comercio, inversión e integración regional. Una Nigeria marcada por desempleo, pobreza, protestas e inestabilidad política puede producir exactamente el efecto contrario.
Por eso las próximas elecciones serán también una evaluación de uno de los experimentos económicos más importantes actualmente en marcha en África.
Tinubu apostó por aceptar el dolor inicial de profundas reformas a cambio de estabilidad futura. Ahora empieza la parte políticamente más difícil: convencer a los nigerianos de que esa estabilidad llegará también a sus hogares antes de que tengan que decidir nuevamente en las urnas.
