@abrilpenaabreu
La alegría de una familia por la salida de prisión de uno de sus miembros es comprensible. Pero anunciar un “bonche del siglo” para recibir a alguien que se declaró culpable de narcotráfico plantea una discusión que trasciende el afecto privado: ¿a quiénes estamos convirtiendo en figuras de admiración?
El anuncio alrededor de Yamil Abreu Navarro vuelve a colocar esa pregunta sobre la mesa. Su salida bajo fianza no constituye una absolución; las informaciones disponibles señalan que su sentencia permanece pendiente y no confirman que tenga autorización para regresar al país.
La preocupación tiene antecedentes. Ramón Báez Figueroa, condenado por el fraude de Baninter, apareció posteriormente en una portada social junto a su esposa. Ante la libertad y el regreso de Quirino, hubo expresiones públicas de entusiasmo y anuncios de recibirlo como un benefactor. Figueroa Agosto reapareció en una entrevista cuya promoción y cobertura destacaron la exclusiva y los récords de audiencia.
Son situaciones distintas, pero nos obligan a examinar cómo construimos el reconocimiento público.
Entrevistar a una persona con antecedentes penales puede tener valor periodístico. El problema aparece cuando desaparecen las preguntas difíciles, las víctimas y las consecuencias del delito, mientras el protagonismo se concentra en el dinero, las conexiones y la notoriedad.
La política debe responder con igual firmeza. Los partidos necesitan criterios coherentes para recibir y promover a personas con responsabilidades penales acreditadas. La cercanía partidaria no puede determinar la exigencia ética.
Desde RD al Descubierto defendemos la reinserción. Una persona debe poder reconstruir su vida sin cargar con una condena social perpetua. Pero ofrecer oportunidades no exige homenajes ni convertir su pasado en una credencial de éxito.
¿Qué mensaje recibe el joven que estudia, trabaja y cumple las reglas cuando observa que un expediente de narcotráfico puede terminar convertido en espectáculo?
La dignidad humana se respeta. La responsabilidad se recuerda. Y la admiración pública debe tener mejores referentes.

