El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la economía de República Dominicana crecerá un 4.6 % durante 2026, exactamente el doble del 2.3 % previsto para América Latina y el Caribe. Es una noticia positiva que confirma la capacidad de expansión de la economía dominicana en un escenario internacional marcado por la incertidumbre.
El organismo también estima que el país crecerá un 4.4 % en 2027, mientras la región alcanzaría un 2.5 %. Las cifras colocan a República Dominicana entre las economías de mejor desempeño previsto, aunque no a la cabeza de toda América Latina.
Este resultado merece reconocimiento. La estabilidad macroeconómica, el desarrollo del turismo, las zonas francas, la inversión y la diversificación de las actividades productivas han contribuido a construir una economía con capacidad para crecer por encima del promedio regional.
Sin embargo, el crecimiento económico plantea una discusión que no podemos seguir posponiendo: su traducción en mejores ingresos y condiciones de vida para los trabajadores.
Crecimiento económico y bienestar no son sinónimos
El producto interno bruto mide la actividad económica, pero no explica por sí solo cómo se distribuyen los ingresos ni cuánto poder adquisitivo tienen las familias.
Una economía puede crecer mientras determinados sectores laborales enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades. También puede registrar aumentos salariales que pierden parte de su efecto cuando suben los precios.
Por eso, celebrar el crecimiento dominicano no debe impedirnos examinar la calidad del empleo, la productividad y la evolución de los salarios reales.
El desafío no consiste únicamente en generar más riqueza, sino en ampliar las oportunidades para que una mayor proporción de la población participe de sus beneficios.
La responsabilidad no corresponde solamente al Gobierno
Durante décadas, el Estado dominicano ha destinado recursos a infraestructura, formación, servicios públicos e incentivos para estimular la actividad empresarial.
Esas inversiones crean condiciones para producir, competir y atraer capital.
Pero el desarrollo económico también requiere un compromiso del sector privado.
Las empresas deben invertir en tecnología, modernización de procesos, capacitación y mejores condiciones laborales. La competitividad no puede depender exclusivamente de mantener bajos los costos salariales.
Un trabajador capacitado, equipado con tecnología y respaldado por una organización eficiente puede producir más valor. Ese aumento de productividad debe abrir espacio para mejores remuneraciones, sin comprometer la sostenibilidad de las empresas.
El Gobierno, por su parte, tiene la responsabilidad de mejorar la calidad educativa, reducir las trabas a la actividad productiva, promover la formalización y garantizar condiciones que favorezcan la inversión.
Ni los salarios dignos pueden sostenerse sin productividad, ni el crecimiento puede considerarse plenamente exitoso si sus beneficios no alcanzan a una parte cada vez mayor de los trabajadores.
Una oportunidad que no debemos desperdiciar
El FMI ha reducido su previsión de crecimiento para América Latina y el Caribe, en un contexto de presiones energéticas y beneficios todavía limitados de la revolución de la inteligencia artificial.
República Dominicana tiene la oportunidad de aprovechar su dinamismo económico para fortalecer la formación técnica, impulsar la innovación, elevar el valor agregado de sus exportaciones y crear empleos mejor remunerados.
También necesita prestar atención a las pequeñas y medianas empresas, cuya capacidad para aumentar salarios depende, en buena medida, de su acceso al financiamiento, la tecnología y mercados más amplios.
No se trata de enfrentar a empresarios y trabajadores. Se trata de comprender que una economía moderna necesita empresas competitivas y una fuerza laboral que participe de los resultados de esa competitividad.
El verdadero indicador del desarrollo
La proyección de crecimiento del 4.6 % es una señal alentadora, pero sigue siendo una estimación sujeta a riesgos internacionales y a la evolución de la economía nacional.
Debemos celebrarla sin triunfalismos y analizarla sin desconocer los avances alcanzados.
República Dominicana ha demostrado capacidad para crecer. Ahora corresponde profundizar las transformaciones necesarias para que ese crecimiento se traduzca en mayor productividad, mejores ingresos y oportunidades reales de progreso.
Porque el éxito económico de un país no se mide únicamente por cuánto aumenta su riqueza, sino también por cuánto mejora la vida de quienes contribuyen a producirla.
RD al Descubierto — Más allá del titular.

