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San Miguel Arcángel: fe católica, Michaelmas y Belié Belcán en República Dominicana

by Redaccion
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por Abril Peña

Cada 29 de septiembre la Iglesia católica celebra a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y en República Dominicana esa fecha tiene una dimensión que va mucho más allá de la liturgia, porque en determinadas expresiones de nuestra religiosidad popular el mismo día en que el catolicismo honra a San Miguel Arcángel, hay comunidades que celebran a Belié Belcán, y esa coincidencia no es accidental sino el resultado de siglos de historia que este país todavía no termina de procesar con la honestidad que merece.

El nombre Miguel viene del hebreo y se traduce como «¿Quién como Dios?», y la Biblia lo menciona por su nombre en cinco ocasiones, en Daniel, en la carta de Judas donde aparece explícitamente como «el arcángel Miguel», y en el Apocalipsis donde encabeza a los ángeles que combaten contra el dragón. De ese papel como defensor y guerrero celestial procede la iconografía que se extendió por el mundo cristiano durante siglos, Miguel armado con espada o lanza venciendo al demonio bajo sus pies, una imagen tan poderosa que sobrevivió el cruce del Atlántico y terminó adquiriendo significados que sus creadores originales probablemente no anticiparon.

En Europa, la fiesta de San Miguel fue conocida como Michaelmas y convivió durante siglos con costumbres relacionadas con el calendario agrícola, el final de las cosechas y el pago de obligaciones económicas, en una coincidencia simbólica poderosa: cuando en el hemisferio norte los días comienzan a acortarse y la oscuridad gana terreno, el calendario cristiano celebra precisamente al guerrero que derrota las fuerzas del mal. No es una fiesta pagana convertida al cristianismo, como a veces se simplifica, sino una festividad cristiana alrededor de la cual convivieron y se desarrollaron costumbres relacionadas con los ciclos estacionales.

Pero es cuando esa historia cruza el Atlántico que se vuelve verdaderamente nuestra. La colonización y la trata esclavista trasladaron forzosamente a millones de africanos hacia América y el Caribe, y esas poblaciones llegaron con sus propios sistemas religiosos que no desaparecieron pese a desarrollarse dentro de sociedades oficialmente cristianas, sino que se transformaron, conservaron elementos anteriores e interactuaron con el catolicismo hasta producir expresiones religiosas nuevas con características propias. Haití desarrolló el Vodou, Cuba la Regla de Ocha, Brasil el Candomblé, y República Dominicana desarrolló su propio universo religioso popular cuya definición y denominación continúan siendo objeto de discusión entre investigadores, como documenta el antropólogo Carlos Esteban Deive en Vodú y magia en Santo Domingo, una de las obras fundamentales sobre el tema, y como plantea Luis Peguero en su investigación ¿Vudú dominicano o vudú en Santo Domingo?, publicada en la revista Ciencia y Sociedad, una discusión que no es meramente semántica sino que recuerda que las manifestaciones religiosas dominicanas no pueden reducirse automáticamente a una reproducción del Vodou haitiano.

Es dentro de ese complejo universo donde aparece Belié Belcán y su relación con San Miguel Arcángel, una asociación que no pertenece únicamente a la tradición oral sino que está suficientemente documentada. El Centro León conserva en su colección de religiosidad popular piezas catalogadas expresamente bajo la identificación «San Miguel (Belié Belcán)» y documenta la presencia de esta figura dentro de prácticas religiosas dominicanas, relacionando a Belié con los ogunes y con atributos vinculados al poder, la fuerza y la protección. La relación aparece también en Imágenes de posesión: vudú dominicano, de Geo Ripley, e investigaciones etnográficas contemporáneas han registrado celebraciones dedicadas a Belié Belcán realizadas precisamente coincidiendo con el día católico de San Miguel.

Pero hay que decir algo que con frecuencia se pierde en la conversación popular: no es correcto afirmar sin más que «San Miguel es Belié Belcán». Desde la doctrina católica, San Miguel es el arcángel presente en las Escrituras. Dentro de determinadas expresiones de las 21 Divisiones, Belié Belcán está asociado o sincretizado con la imagen y los atributos de San Miguel. La diferencia importa porque permite reconocer el fenómeno antropológico sin presentar dos sistemas religiosos diferentes como si fueran teológicamente idénticos, y porque el sincretismo religioso caribeño solo puede entenderse dentro de su contexto histórico, el de poblaciones africanas esclavizadas que vivieron durante siglos bajo estructuras coloniales donde el cristianismo ocupaba una posición dominante y sus propias prácticas podían ser perseguidas, y que encontraron en las imágenes católicas un espacio para la adaptación, la reinterpretación y la supervivencia cultural.

La misma imagen puede representar realidades diferentes según el sistema de creencias desde el cual se contemple. Para un católico, una estampa de San Miguel representa al arcángel que combate el mal. Dentro de determinadas prácticas de las 21 Divisiones, esa iconografía puede estar asociada con Belié Belcán. Para el historiador o el antropólogo, esa misma imagen es evidencia de siglos de encuentros entre Europa, África y el Caribe. Ninguna de esas lecturas cancela a las otras, y precisamente esa multiplicidad es lo que hace extraordinaria la historia de esta figura.

El guerrero con la espada levantada que derrota al mal sigue siendo, más de dos milenios después, una de las imágenes religiosas más reconocibles del mundo. En el Caribe, además, cuenta otra parte de nuestra historia: la del encuentro, muchas veces violento, entre pueblos, religiones y culturas que terminaron dejando huellas unas sobre otras de maneras que todavía estamos aprendiendo a entender.

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