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¿Y si todos estudiamos tecnología, quién hará lo demás ?

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

La República Dominicana ha decidido apostar con fuerza por la formación tecnológica. Y tiene sentido. Inteligencia artificial, programación, análisis de datos, ciberseguridad y otras competencias digitales forman parte de una economía que está cambiando rápidamente y para la cual necesitamos preparar a nuestros jóvenes.

El Gobierno entregó este año 8,000 becas del programa Generación STEAM, concebido para formar jóvenes en ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas. La apuesta responde a una necesidad real: mejorar la competitividad del país y acercar la formación a las demandas del mercado laboral.

Hasta ahí, estamos de acuerdo, el problema comienza cuando confundimos prepararnos para el futuro con preparar a todo el mundo para hacer lo mismo.

Porque una sociedad no funciona solamente con programadores, analistas de datos, expertos en inteligencia artificial o ingenieros de software.

Si todos estudiamos tecnología, ¿quién educará a nuestros hijos? ¿Quién será médico, enfermero, bioanalista, psicólogo, veterinario o investigador? ¿Quién administrará las empresas, llevará sus finanzas, diseñará edificios, construirá carreteras, estudiará nuestra historia, desarrollará medicamentos o producirá nuestros alimentos?

Pero la conversación tiene que ir todavía más lejos, porque existe otro error que llevamos décadas cometiendo: pensar que desarrollo significa que todo el mundo debe tener una licenciatura.

¿Quién instalará la electricidad de nuestras casas? ¿Quién reparará las tuberías? ¿Quién fabricará los muebles? ¿Quién soldará las estructuras? ¿Quién reparará los vehículos, instalará los aires acondicionados, cocinará en los restaurantes, cultivará la tierra o manejará las máquinas de una industria?

Necesitamos científicos, pero también técnicos. Necesitamos ingenieros, pero también electricistas. Necesitamos médicos, pero también enfermeras y técnicos de laboratorio. Necesitamos arquitectos, pero también albañiles, ebanistas, plomeros, soldadores y pintores. Necesitamos especialistas en inteligencia artificial, pero también maestros capaces de enseñar a leer a un niño y ninguno de esos trabajos debería ser considerado menor.

Ese quizás sea el verdadero debate que debemos tener, la política de becas no debería convertirse simplemente en una carrera detrás de la profesión de moda. Debería formar parte de una planificación mucho más amplia que responda una pregunta elemental: ¿qué profesionales, técnicos y trabajadores necesitará la República Dominicana durante los próximos diez, veinte o treinta años?

El propio Ministerio de la Juventud ha comenzado a incorporar otras áreas. Ha anunciado, por ejemplo, una inversión de RD$30 millones en becas vinculadas al sector agrícola y programas para fomentar la participación juvenil en el campo. Ese camino hacia la diversificación merece profundizarse.

Porque digitalizar una economía no elimina la economía real, la inteligencia artificial puede ayudar a un médico, pero seguimos necesitando médicos. Puede optimizar una cosecha, pero alguien tiene que producir los alimentos. Puede diseñar una pieza, pero alguien tendrá que fabricarla, instalarla y repararla. Puede calcular materiales para una vivienda, pero alguien tendrá que construirla.

Y mientras más sofisticada sea una economía, paradójicamente, más diversidad de capacidades necesita, no menos.

Por eso la discusión no debería ser tecnología contra Derecho, medicina, educación, agricultura o formación técnica. Esa sería una falsa elección.

La discusión correcta es otra: ¿estamos financiando la formación de nuestra juventud de acuerdo con las necesidades integrales del país?

Un país necesita de todo. Desde quien investiga el universo hasta quien arregla una tubería. Desde quien desarrolla un algoritmo hasta quien cultiva los alimentos. Desde quien realiza una cirugía cardiovascular hasta quien instala el sistema eléctrico del hospital donde esa cirugía puede realizarse.

El desarrollo no consiste en que todos hagamos lo mismo. Consiste precisamente en que podamos hacer cosas diferentes, hacerlas bien y entender que cada una sostiene una parte de la sociedad.

Porque podemos llenar el país de programadores, pero cuando se rompa una tubería, alguien tendrá que arreglarla.

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