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Con el recinto completamente colmado y todas las localidades vendidas, el cantautor regaló una noche cargada de éxitos, emociones y una íntima cercanía con el público dominicano.
El sábado 26 de septiembre, el emblemático Anfiteatro de Altos de Chavón se vio invadido por seguidores que disfrutaron de un concierto inserto en la gira del artista.
Frente a una audiencia que ocupó cada asiento, Montaner ofreció más de dos horas de espectáculo, recorriendo distintas fases de su trayectoria y entonando temas que, durante décadas, han sido la banda sonora de innumerables historias de amor y forman parte del acervo de varias generaciones.
El espectáculo dio inicio con la primera canción del cantante; desde los acordes iniciales, el público entonó cada verso, evidenciando la vigencia de un repertorio que sigue latente en el corazón de sus fanáticos.
“Cuando vengo a cantar a República Dominicana me siento local”.
Tras la primera serie de temas, el intérprete tomó un breve receso para conversar y explicar por qué su vínculo con la República Dominicana ocupa un lugar tan especial en su carrera.
“Antes de salir les decía a los músicos que no se me ocurría qué decir, porque uno vive para arriba, para abajo, para todos lados. Y les decía a los músicos que yo me siento aquí, cuando vengo a cantar a República Dominicana, yo me siento local”.
Con su característico sentido del humor, añadió: “Yo soy samanense, yo no sé ustedes”. El público respondió al instante con aplausos y muestras de cariño.
En un momento más íntimo, Montaner confesó: “Yo no me podía perdonar si me subía a este escenario y no les contaba lo que siento en mi corazón”.
Reveló también que, antes de subir a la tarima, dedicó un instante a la oración, pidiendo al Señor que habitara primero el escenario y preparara el encuentro con la gente: “Antes de llegar a la tarima estaba pidiéndole al Señor que habitara primero Él este escenario y que dejara todo listo, que su rostro se reflejara en el nuestro”.
Estas palabras fueron recibidas con una cálida ovación, convirtiéndose en uno de los momentos más emotivos de la noche.
El repertorio, que cruzó generaciones, incluyó un medley de baladas muy esperado y varios de sus clásicos más recordados, manteniendo al público cantando sin pausa y transformando el anfiteatro en un enorme coro.
En el escenario lo acompañaron cuatro coristas y una violinista de pelo rojo, cuya energía y presencia capturaron la atención de los asistentes.
Montaner mostró cercanía con los fans ubicados en el área Front Stage, entregándoles toallas durante el espectáculo.
Al acercarse al cierre, el artista ejecutó un “falso final” que le permitió cambiar de vestuario y regresar al escenario para continuar la celebración con el público.
La noche culminó a las 11:40 con una canción de despedida, bajo una lluvia de aplausos, ovaciones y muestras de afecto.
La producción, a cargo del equipo organizador, se transformó en una auténtica fiesta de la música, la trayectoria y la estrecha relación de Montaner con la República Dominicana.
Una función agotada, en un escenario histórico, con un repertorio que volvió a unir a varias generaciones bajo las mismas melodías, confirma que, tras más de cuatro décadas de carrera, Montaner mantiene intacto el lazo con un público dominicano al que, según sus propias palabras, siente como propio.

