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¿Y quién hará todo lo demás ?

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

República Dominicana ha hecho una apuesta extraordinaria por la formación tecnológica.

Solo en las últimas semanas hemos conocido iniciativas de una escala que hace apenas unos años habría resultado difícil imaginar: el programa RD Inteligente pretende capacitar gratuitamente a un millón de dominicanos en inteligencia artificial; Amazon Web Services anunció otras 50,000 becas para inteligencia artificial y computación en la nube; y el ITLA adjudicó más de 36,000 becas de educación continua vinculadas principalmente a áreas de transformación digital.

Que un país prepare a su población para una revolución tecnológica que ya está ocurriendo es una buena noticia. Sería absurdo plantear esta discusión como una batalla contra la tecnología.

Pero precisamente la magnitud de esa apuesta obliga a formular otra pregunta: ¿Estamos planificando con la misma intensidad quién hará todo lo demás?

Porque no solo de tecnología funciona un país, necesitamos médicos, enfermeras, bioanalistas, odontólogos, veterinarios y profesionales de la salud. Necesitamos maestros, investigadores, contadores, economistas, administradores, ingenieros, arquitectos, agrónomos, químicos y científicos.

Y necesitamos abogados también, pero vayamos todavía más lejos. Una de las grandes equivocaciones de nuestras sociedades ha sido asociar el éxito exclusivamente con un título universitario y mirar por encima del hombro la formación técnica y los oficios.

¿Quién construirá las viviendas? ¿Quién instalará su electricidad y su plomería? ¿Quién reparará los vehículos? ¿Quién fabricará nuestros muebles? ¿Quién soldará las estructuras, instalará los sistemas de refrigeración, cocinará nuestros alimentos, cultivará nuestros campos o mantendrá funcionando las industrias?

No todo el mundo tiene que ser licenciado y muchísimo menos todo el mundo tiene que trabajar en tecnología.

El presidente Luis Abinader hizo una precisión importante al presentar RD Inteligente: el objetivo no es convertir a un millón de dominicanos en programadores, sino conseguir que puedan utilizar la inteligencia artificial para hacer mejor aquello que ya saben hacer.

Ahí precisamente está la clave. La tecnología debe ser transversal al desarrollo, no sustituir la diversidad de conocimientos y oficios que hacen posible una sociedad.

Queremos agricultores que utilicen inteligencia artificial, pero primero necesitamos agricultores, queremos médicos que utilicen inteligencia artificial, pero necesitamos médicos.

Queremos maestros capaces de incorporar nuevas herramientas a sus aulas, pero necesitamos maestros. Queremos pequeñas empresas digitalizadas, pero alguien tiene que cocinar, construir, transportar, reparar, fabricar, sembrar y producir.

Una inteligencia artificial podrá calcular los materiales necesarios para levantar una casa. Pero alguien tendrá que construirla.

Puede detectar una avería eléctrica. Alguien tendrá que repararla, puede analizar una radiografía. Seguiremos necesitando profesionales sanitarios capaces de atender al paciente.

Puede optimizar una cosecha. No sembrará por sí sola todos nuestros campos, por eso quizás ha llegado el momento de ampliar la conversación sobre las becas.

La pregunta no debería ser solamente cuántas becas estamos otorgando, sino qué país estamos intentando construir con ellas.

¿Cuántos médicos necesitaremos dentro de diez años? ¿Cuántos enfermeros? ¿Cuántos maestros? ¿Cuántos ingenieros? ¿Cuántos veterinarios, agrónomos, investigadores y científicos? ¿Y cuántos técnicos eléctricos, mecánicos, soldadores, plomeros, ebanistas, cocineros y trabajadores especializados necesitaremos para sostener una economía que aspiramos a hacer cada vez más sofisticada?

Esa planificación debería determinar dónde colocamos los incentivos públicos, porque el futuro no será exclusivamente digital. Será digital, industrial, agrícola, científico, sanitario, educativo, creativo y humano.

Desde el científico que investiga los misterios del universo hasta el plomero que consigue que llegue agua a nuestra casa, todos ocupan un lugar en el engranaje.

Una sociedad no funciona porque todos sepan hacer lo mismo. Funciona precisamente porque cada uno sabe hacer algo que los demás necesitamos.

Podemos tener un millón de dominicanos capacitados en inteligencia artificial…Magnífico. Ahora asegurémonos de tener también un país completo al cual aplicarla.

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