RDalDescubierto
El cuadro es alarmante: en la última semana la Policía Nacional ha sido responsable de 15 fallecimientos, se registraron 16 muertes en septiembre y, hasta ahora, el año 2026 suma 173 víctimas mortales.
Todos esos nombres aparecen reunidos en un mismo mapa sangriento que abarca Santiago, Moca, La Vega, Baní, San Juan, Hondo Valle, Boca Chica, Villa María, Barahona, El Almirante, Azua y Pimentel, evidenciando que la violencia se extiende por todo el territorio.
No existen procesos judiciales, tribunales ni marco legal que regulen estos hechos. Surge la duda: ¿se trata de un intercambio de fuego o de una ejecución? La crudeza de la situación quedó patente en el funeral de una víctima presuntamente involucrada en un intercambio con la Policía, donde tres jóvenes de vestimenta ostentosa y tatuajes proclamaban ser “las tres reinas”, las supuestas esposas del delincuente.
Esta realidad compromete gravemente la imagen internacional de la República Dominicana, un país cuya economía depende del turismo y de la atracción de inversión extranjera.
¿Qué turista se animaría a visitar una “selva” donde los homicidios son rutina y el propio jefe policial se glorifica por la cantidad de disparos que ha lanzado contra un hombre?
¿Qué inversor decidiría colocar su capital en un entorno donde la seguridad jurídica se reduce a tiroteos de intercambio? A ello se suma la creciente disponibilidad de armas ilegales —pistolas, fusiles, escopetas y armamento de guerra— en manos de pandillas y criminales.
Se ha señalado que gran parte de esas armas provienen de Haití, cruzando una frontera que funciona como un colador, sin controles ni vigilancia efectiva.
Además, el narcotráfico, la extorsión y los secuestros llegan desde México, Colombia y Rusia, configurando estructuras tipo cartel con sicarios, cobro de peajes y secuestros exprés.
La nación está convirtiéndose en una jungla de criminalidad; si no se actúa pronto, el problema nos devorará. Seguiremos investigando y daremos a conocer los avances.

