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Putin desafía a Japón desde las Kuriles: la disputa que mantiene abierta una herida de la Segunda Guerra Mundial

by Redaccion
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La visita del presidente ruso a Iturup reavivó una disputa territorial de más de ocho décadas. Japón reclama cuatro islas controladas por Moscú y el conflicto ha impedido que ambos países firmen un tratado de paz definitivo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

MOSCÚ/TOKIO.– Más de 80 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Rusia y Japón continúan técnicamente sin haber firmado un tratado de paz definitivo.

En el centro de esa anomalía histórica se encuentran cuatro islas del Pacífico Norte controladas por Rusia y reclamadas por Japón.

La disputa volvió a ocupar el escenario internacional después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, visitara Iturup, una de las islas que Moscú denomina Kuriles del Sur y Tokio considera parte de sus Territorios del Norte.

La visita, realizada el 13 de agosto, provocó una fuerte protesta del Gobierno japonés y volvió a demostrar que Moscú no parece dispuesto a negociar su soberanía sobre el archipiélago.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la presencia de Putin en la isla como “absolutamente inaceptable”.

Rusia rechazó las protestas y reiteró que considera las islas parte integral de su territorio.

Detrás del enfrentamiento diplomático existe una historia mucho más profunda: territorio, memoria de la Segunda Guerra Mundial, rutas marítimas, presencia militar y el creciente enfrentamiento estratégico entre Rusia y los aliados asiáticos de Estados Unidos.

Las cuatro islas que enfrentan a Rusia y Japón

La disputa se concentra principalmente en cuatro territorios situados entre la península rusa de Kamchatka y la isla japonesa de Hokkaido: Iturup, Kunashir, Shikotan y el grupo de islotes Habomai.

Rusia administra actualmente todos estos territorios, Japón sostiene que forman parte históricamente de su territorio y los denomina Territorios del Norte.

La Unión Soviética tomó control de las islas durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, después de declarar la guerra a Japón en agosto de 1945.

Japón se rindió poco después, la población japonesa de las islas fue posteriormente desplazada y la Unión Soviética consolidó su control.

Desde entonces, Moscú y Tokio mantienen interpretaciones incompatibles sobre la soberanía del territorio, una guerra que terminó, pero sin tratado de paz

La consecuencia histórica resulta extraordinaria.

Aunque Japón y la Unión Soviética normalizaron sus relaciones diplomáticas mediante una declaración conjunta en 1956, nunca consiguieron firmar un tratado formal de paz que resolviera definitivamente las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.

El principal obstáculo siempre fueron las islas, durante décadas hubo diferentes intentos de negociación.

En determinados momentos llegó a plantearse la posibilidad de que Moscú entregara Shikotan y Habomai después de la firma de un tratado de paz…Nunca ocurrió.

Las conversaciones continuaron después de la desaparición de la Unión Soviética y hubo períodos en los que parecía posible alcanzar algún compromiso.

Uno de los momentos de mayor acercamiento ocurrió durante el Gobierno del entonces primer ministro japonés Shinzo Abe, quien mantuvo numerosas reuniones con Putin intentando encontrar una fórmula que permitiera resolver la disputa, el acuerdo tampoco llegó.

Ucrania terminó de romper el diálogo

La invasión rusa de Ucrania en 2022 modificó profundamente las relaciones entre Moscú y Tokio. Japón se incorporó a las sanciones occidentales contra Rusia, congeló activos, restringió determinadas exportaciones y aumentó su cooperación con Estados Unidos y Europa.

Moscú respondió suspendiendo las negociaciones relacionadas con el tratado de paz, en febrero de 2026, el Ministerio ruso de Exteriores volvió a dejar clara su posición: actualmente no existe diálogo de paz con Japón.

Rusia responsabiliza a Tokio por el deterioro de las relaciones y sostiene que las políticas japonesas contra Moscú hacen imposible reanudar las negociaciones.

Japón mantiene que las sanciones son consecuencia de la invasión rusa de Ucrania y continúa reclamando las islas.

¿Por qué Putin decidió visitarlas ahora? La presencia personal del presidente ruso tiene un fuerte contenido simbólico, No era necesario que Putin viajara hasta Iturup para reafirmar jurídicamente la posición rusa y precisamente por eso la visita tiene significado político.

Putin recorrió una escuela, un hospital y una planta procesadora de pescado, proyectando la imagen de un territorio integrado en la administración y la economía rusas.

El mensaje hacia Tokio resulta difícil de ignorar: Moscú administra las islas como territorio ruso y no está mostrando señales de considerar su devolución.

La fecha añadió todavía más sensibilidad, la visita ocurrió apenas dos días antes de que Japón conmemorara el final de la Segunda Guerra Mundial.

China aparece en el escenario

La disputa ya tampoco puede observarse únicamente como un problema bilateral entre Rusia y Japón, China está adquiriendo cada vez mayor importancia.

Los embajadores de Rusia y China en Japón emitieron recientemente una declaración conjunta advirtiendo contra lo que consideran intentos de reinterpretar los resultados de la Segunda Guerra Mundial y criticando el fortalecimiento militar en la región.

La posición tiene implicaciones claras, Rusia y China han profundizado considerablemente su cooperación estratégica mientras ambos mantienen disputas y tensiones con países aliados de Estados Unidos en Asia.

Japón, por su parte, está aumentando su presupuesto militar y fortaleciendo su alianza con Washington, el archipiélago se encuentra así dentro de una competencia geopolítica mucho mayor.

Mucho más que unas pequeñas islas

Las Kuriles poseen importancia estratégica por su ubicación, la cadena de islas se extiende desde la península de Kamchatka hasta las proximidades de Hokkaido y ayuda a separar el mar de Ojotsk del océano Pacífico.

El mar de Ojotsk tiene enorme importancia para Rusia, es una de las zonas utilizadas por submarinos estratégicos rusos capaces de transportar misiles nucleares.

Controlar los accesos marítimos de la región tiene, por tanto, un valor que trasciende ampliamente la superficie terrestre de las islas.

Rusia también ha reforzado su presencia militar en las Kuriles durante los últimos años, para Moscú, cualquier modificación territorial tendría implicaciones no solamente políticas, sino potencialmente militares.

Japón, Estados Unidos y el Pacífico

La disputa también está condicionada por la alianza entre Japón y Estados Unidos, Washington mantiene decenas de miles de militares desplegados en territorio japonés y considera a Tokio uno de sus principales aliados en el Indo-Pacífico.

Desde la perspectiva rusa, una eventual transferencia de territorio plantea interrogantes sobre qué tipo de presencia militar podría existir posteriormente en las islas.

Japón insiste en que la cuestión debe resolverse mediante negociación y mantiene formalmente su reclamación, peto el deterioro de las relaciones después de Ucrania ha hecho que cualquier solución parezca mucho más distante.

Una frontera donde todavía vive 1945

La visita de Putin a Iturup demuestra hasta qué punto las consecuencias territoriales de la Segunda Guerra Mundial continúan influyendo sobre la geopolítica contemporánea.

Para Japón, las islas representan territorio nacional pendiente de recuperación, para Rusia, forman parte de las consecuencias irreversibles de la victoria soviética sobre Japón.

Ninguna de las dos posiciones parece actualmente compatible con la otra y la guerra de Ucrania ha añadido una nueva capa de confrontación, Japon está cada vez más integrado en la estrategia occidental para contener a Rusia y está última está profundizando sus relaciones con China y Corea del Norte.

El resultado es que una disputa territorial nacida en 1945 está comenzando a mezclarse con la competencia estratégica del siglo XXI en el Indo-Pacífico.

¿Puede resolverse la disputa?

En el corto plazo parece extremadamente difícil, Rusia ha dejado claro que considera las islas parte de su territorio soberano, Japón  por su parte no ha renunciado a sus reclamaciones.

Las negociaciones de paz están suspendidas y las relaciones políticas entre ambos países se encuentran en uno de sus peores momentos de las últimas décadas.

Por eso la visita de Putin tiene un significado mayor que el simple recorrido de un presidente por una isla remota, es una declaración política.

Ochenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Rusia y Japón todavía tienen una frontera donde la guerra nunca terminó completamente en términos diplomáticos.

Y ahora esa vieja disputa está entrando en una nueva época marcada por la competencia entre Rusia, China, Japón y Estados Unidos por el equilibrio estratégico del Pacífico.

 

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