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Retinopatía diabética: una amenaza silenciosa que puede provocar pérdida de visión

by maria_lopez
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Un especialista del Instituto Espaillat Cabral alerta que las complicaciones oculares vinculadas a la diabetes pueden progresar sin presentar síntomas y sugiere realizar exámenes oftalmológicos de forma regular.

La diabetes tiene la capacidad de generar cambios progresivos en la retina sin que la persona note molestias ni perciba alteraciones evidentes en su visión; de esta forma, la retinopatía diabética se convierte en una amenaza silenciosa que subraya la necesidad de chequeos oftalmológicos periódicos.

La doctora Patricia Fernández, experta en Retina y Vítreo del Instituto Espaillat Cabral, explicó que la enfermedad daña los diminutos vasos sanguíneos que nutren la retina, el tejido ubicado en la parte posterior del ojo responsable de captar las imágenes.

Cuando la glucosa en sangre se mantiene alta durante largos periodos, esos vasos se deterioran y facilitan la aparición de la retinopatía diabética.

Esta patología puede evolucionar sin producir señales perceptibles; la especialista indicó que afecta tanto a pacientes con diabetes tipo 1 como tipo 2.

Los elementos que inciden en su aparición y avance incluyen el tiempo que lleva la diabetes, el control glucémico, la presión arterial y los niveles de colesterol.

Uno de los riesgos más relevantes es que la enfermedad avanza mientras el individuo sigue con sus actividades cotidianas sin percibir alteraciones en su capacidad visual.

En sus primeras fases, la retinopatía diabética provoca pequeñas modificaciones en los vasos de la retina; al progresar, pueden aparecer filtraciones de líquido, hemorragias y la formación de vasos anormales.

Estas alteraciones comprometen el funcionamiento retinal y, en etapas avanzadas, pueden conducir a una pérdida considerable de la visión.

El edema macular diabético representa otra complicación, surgida cuando se acumula líquido en la mácula, zona central de la retina que permite distinguir los detalles finos.

Dicho edema dificulta tareas cotidianas como leer, conducir, usar dispositivos electrónicos o reconocer rostros.

La doctora Fernández advirtió que, pese a su desarrollo silencioso, existen señales que exigen atención oftalmológica, entre ellas visión borrosa o fluctuante, dificultad para enfocar, manchas oscuras, aparición repentina de puntos flotantes y pérdida parcial del campo visual.

Resaltó la importancia de efectuar exámenes de fondo de ojo aun cuando el paciente perciba su visión como normal.

Este estudio permite al profesional observar el estado de la retina e identificar alteraciones que aún no generan síntomas.

En ciertos casos, los médicos pueden recurrir a pruebas complementarias como la tomografía de coherencia óptica (OCT) para examinar con mayor precisión las estructuras retinales y detectar acumulaciones de líquido.

Detectar la enfermedad de forma temprana facilita un seguimiento adecuado y la valoración de opciones terapéuticas antes de que se produzcan daños visuales significativos.

El manejo de la retinopatía diabética depende de la etapa de la enfermedad y de las características particulares de cada paciente.

Cuando es necesario intervenir, se dispone de alternativas como inyecciones intravítreas, tratamientos con láser y, en casos más complejos, cirugía vitreorretiniana.

La doctora Fernández enfatizó que un control óptimo de la diabetes juega un papel fundamental en la protección de la visión.

Mantener la glucosa, la presión arterial y el colesterol dentro de rangos adecuados, seguir las indicaciones médicas y adoptar hábitos saludables ayudan a reducir el riesgo o a retrasar la progresión de la enfermedad.

El Instituto Espaillat Cabral recomienda integrar las evaluaciones oftalmológicas al seguimiento médico habitual de las personas con diabetes.

La institución subraya que los controles periódicos, aun en ausencia de síntomas, permiten detectar a tiempo alteraciones de la retina y adoptar medidas para preservar la visión y la calidad de vida de los pacientes.

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