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Un choque entre dos trenes de alta velocidad, a aproximadamente 150 kilómetros al sur de Madrid, dejó como saldo mínimo 31 fallecidos y 80 lesionados, según el último informe de las autoridades regionales.
El conteo inicial ya había indicado víctimas mortales en el incidente que se desarrolló cerca de la localidad de Urda, en la provincia de Toledo.
El suceso ocurre en medio de la campaña electoral que precede a las elecciones generales del 29 de noviembre y a menos de un año del trágico accidente ferroviario de Adamuz, Andalucía, que cobró 46 vidas en una colisión de alta velocidad, conmocionando al país.
Las imágenes transmitidas por la televisión mostraron los dos extensos trenes, uno rojo de la compañía Iryo y otro blanco de Renfe, parcialmente descarrilados tras el impacto, con varios vagones volcados a los costados de la vía.
«Son al menos 31 muertos», declararon fuentes del gobierno regional en una actualización del recuento, que hasta entonces había reportado 10 fallecidos.
El accidente ocurrió a las 08:54 hora local (07:54 GMT) cuando los dos trenes colisionaron cerca de la estación de Urda, informó una portavoz del servicio de emergencias de la región.
«Consternado ante el grave accidente de trenes en Toledo», escribió el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, en su cuenta de la red social, asegurando que mantiene contacto permanente con el ministro de Transportes y con el presidente de la comunidad de Castilla‑La Mancha, donde ocurrió el incidente.
Diversas brigadas de bomberos, tres helicópteros y dos unidades móviles de cuidados intensivos fueron enviados al lugar; el Ministerio del Interior también activó efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, según fuentes gubernamentales.
«Se encuentra interrumpida la circulación en la línea de alta velocidad Madrid‑Andalucía por un alcance entre dos trenes», informó la entidad pública responsable de la infraestructura ferroviaria en su perfil oficial.
Poco después, Renfe emitió un comunicado indicando que su tren de alta velocidad, que había partido a las 08:00 de Madrid con destino a Sevilla, había «sufrido un accidente con un tren de Iryo entre Los Yébenes y Urda (en la provincia de Toledo)».
El rey Felipe VI, desde cerca de Valencia, expresó: «Lo primero es lamentar esa desgracia terrible. Transmitir a las familias nuestro pésame, nuestra tristeza, nuestro apoyo, nuestro cariño en un momento tan duro, tan difícil», en la televisión española.
Pedro Sánchez canceló su participación en una cumbre sobre la obesidad prevista para ese miércoles en Madrid, y el Partido Socialista anunció la suspensión de toda actividad de campaña durante la jornada.
«Ha sido un accidente de alto impacto», señaló la ministra de Sanidad, Mónica García, en la televisión pública, advirtiendo que podría tratarse de una «tragedia importante».
Emiliano García‑Page, presidente de Castilla‑La Mancha, manifestó que sigue el suceso con «preocupación» y decidió suspender su agenda para desplazarse al área afectada.
Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, también expresó en su cuenta de la red social que estaba «muy preocupado» ante el nuevo accidente ferroviario.
«Hoy Europa llora», comentó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, mientras que el presidente francés Emmanuel Macron lo calificó como un «drama ferroviario terrible».
Con 4.000 kilómetros de vías, la red de alta velocidad española es la segunda más extensa del mundo, solo superada por la de China, y constituye uno de los mayores orgullos del país.
El siniestro de Adamuz, ocurrido el 18 de enero, reavivó el debate sobre el mantenimiento de la red y la seguridad de los pasajeros en una nación que recibe el segundo mayor número de turistas a nivel global.
Esa tragedia, en la que un tren privado de Iryo descarriló antes de colisionar con otro de Renfe que venía en sentido contrario, desencadenó fuertes críticas de los partidos de derecha y extrema derecha contra el gobierno de izquierdas de Pedro Sánchez.

