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Menos bibliotecas, más desigualdad

by Redaccion
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@abrilpenaabreu

Resulta increíble que, en el mismo año en que PISA vuelve a mostrar las debilidades de nuestro sistema educativo, tengamos que discutir el abandono de las bibliotecas públicas. Mientras necesitamos acercar los libros a los estudiantes, seguimos perdiendo espacios destinados a formar lectores.

Según denunció el encargado de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, unas sesenta bibliotecas han desaparecido desde 2009. Es un deterioro acumulado que exige respuestas y responsabilidades. Cada comunidad que pierde una biblioteca queda con menos recursos para estudiar, investigar y aprender.

Los resultados de PISA 2025, publicados este año, deberían convertir la lectura en una prioridad nacional: apenas el 23 % de los estudiantes dominicanos evaluados alcanzó el nivel mínimo de competencia lectora. Eso significa que alrededor de tres de cada cuatro quedaron por debajo de ese umbral. ¿Cómo enfrentaremos semejante debilidad si permitimos que desaparezcan los lugares donde muchos pueden acceder gratuitamente a un libro?

La evidencia merece atención. La OCDE ha encontrado que los estudiantes que leen libros principalmente en papel, o combinan papel y medios digitales, tienden a obtener mejores resultados en comprensión lectora. Suecia, por su parte, ha destinado recursos a recuperar los libros físicos y fortalecer las bibliotecas escolares. Son decisiones que reconocen el valor de leer con tiempo, continuidad y acompañamiento.

En República Dominicana, proteger esos espacios también es una cuestión de equidad. Una familia con recursos puede comprar libros, pagar tutorías y ofrecer un lugar tranquilo para estudiar. Para muchos hogares, la biblioteca pública puede suplir parte de esas oportunidades. Su cierre profundiza una desventaja que la escuela debería ayudar a corregir.

Educación, Cultura y los ayuntamientos deben presentar un inventario público de las bibliotecas, un calendario de recuperación y recursos para personal, colecciones y actividades vinculadas con las escuelas. Reabrir edificios debe ir acompañado de una política sostenida para formar lectores.

La comprensión lectora se construye leyendo. Un país alarmado por sus resultados educativos tiene que demostrarlo también en sus prioridades presupuestarias. Mantener abiertas y activas sus bibliotecas es una de ellas.

 

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