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Esta semana las manifestaciones en la capital francesa alcanzaron niveles de mayor intensidad, con ciudadanos que reclaman la reducción del elevado costo de la vida. Según fuentes locales, las fuerzas del orden contabilizaron un récord de 855 personas arrestadas durante los disturbios, los cuales también se extendieron a varias ciudades del territorio.
La Prefectura de Policía informó que un hombre sufrió un paro cardiorrespiratorio al colapsar en el bulevar Magenta el sábado, en pleno desarrollo de la marcha. A pesar de la rápida intervención de los equipos de emergencias, la víctima falleció antes de poder ser trasladada al centro hospitalario. Hasta el momento no se ha revelado su edad ni los motivos que provocaron la crisis médica.
Los enfrentamientos dejaron también heridos a miembros de la autoridad: trece policías y gendarmes resultaron lesionados, y dos bomberos se lesionaron mientras desempeñaban sus tareas de protección y auxilio.
Simultáneamente, se registraron actos de saqueo y agresiones contra edificios públicos en distintas urbes francesas, mientras que concentraciones masivas surgieron en otras localidades, ampliando la escala del descontento social.
El presidente de la República declaró que los responsables de los hechos violentos serán perseguidos y sancionados, enfatizando que «No hay lugar para la violencia en nuestra república». Con esa afirmación buscó calmar a la población ante la escalada de los disturbios.
Los manifestantes provienen de diversos sectores, entre ellos estudiantes, sindicalistas y algunos que aún se identifican con el movimiento de los ‘chalecos amarillos’. Sus peticiones se centran en el alza de los precios de los productos básicos, problemas del sistema educativo y la percepción de un deterioro del modelo social francés.

