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Tras concluir una especialización en neurocirugía en México y en los Estados Unidos, el médico dominicano ha decidido volver a la isla para poner en marcha sus conocimientos y ofrecer una atención neuroquirúrgica alineada a las necesidades de los pacientes y sus familias.
Durante su período de entrenamiento fuera del país, el doctor mantuvo la firme intención de regresar y contribuir a elevar la calidad del sistema de salud dominicano, consciente de los retos que enfrenta y de la urgencia de contar con servicios de alta especialidad.
«Sabía que regresar sería difícil, pero pensaba en lo que significa para una familia escuchar que alguien que ama tiene un tumor cerebral o una enfermedad que amenaza su capacidad de caminar. En ese momento, el mundo se reduce a una pregunta: ¿qué podemos hacer por él? Quería que mi preparación pudiera ser parte de esa respuesta, aquí, en mi tierra», manifestó el neurocirujano Edgardo Mateo.
Según su hoja de vida, Mateo Nouel se convirtió en el primer neurocirujano admitido y graduado tanto de la especialidad de Neurocirugía como de la alta especialidad en Cirugía de Base de Cráneo y Endoneurocirugía del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN) en México. Además, fue miembro fundador del primer Centro de Excelencia Pituitaria (PCOE) de esa casa, donde colaboró en el desarrollo de técnicas avanzadas como el abordaje transorbitario endoscópico y formó parte de un equipo con amplia experiencia en dichos procedimientos dentro de Latinoamérica.
Continuó su formación en Weill Cornell NewYork‑Presbyterian, EE. U., profundizando en microcirugía, cirugía de base de cráneo y técnicas mínimamente invasivas de columna. Los registros académicos indican que ha sido autor o coautor de más de cuarenta artículos científicos publicados en revistas internacionales especializadas.
Para Mateo, el verdadero valor de su preparación radica en la posibilidad de mejorar la vida de quienes enfrentan enfermedades complejas. «Cuando miro una resonancia, sé que esa imagen pertenece a alguien que tiene una vida esperando fuera del hospital. Puede ser una madre que quiere volver a peinar a su hija, un padre que desea regresar al trabajo o un abuelo que espera escuchar otra vez las risas de sus nietos en casa. Eso es lo que una enfermedad pone en riesgo. Y eso es lo que debemos tener presente al decidir cómo ayudar», afirmó.
Su visión de la medicina está marcada por el humanismo; cita al reconocido cardiocirujano argentino René Favaloro: «La medicina sin humanismo médico no merece ser ejercida». Reconoce los retos y sacrificios que implica ejercer en la isla, pero insiste en que su deber es ofrecer toda su preparación con honestidad y respeto. «Mi deber es ofrecerles toda mi preparación, explicarles con honestidad y acompañarlos con respeto. No puedo prometer que siempre tendremos el desenlace que deseamos; sí puedo comprometerme a estudiar cada caso con esmero y rigor, acompañar de la mano a cada familia en el proceso, pero sobre todo a que ninguna persona se sienta reducida a un diagnóstico. Aun en los momentos más difíciles, merece saber que su vida nos importa tanto como a ellos», declaró.
El regreso de Mateo Nouel representa, para él, la oportunidad de aplicar en su tierra los conocimientos adquiridos durante años de estudio e investigación, con la aspiración de robustecer la atención neuroquirúrgica, fomentar el intercambio de saberes y acompañar a las familias que enfrentan diagnósticos difíciles. Señala que ver la recuperación de la independencia de un paciente, su retorno a las actividades cotidianas y el apoyo constante son algunas de sus mayores satisfacciones. «Quiero que mi trabajo hable por mí, que mi conocimiento sea útil a nuestra gente y que, aun en los días más difíciles, mi vocación de servicio y el deseo de que nuestras familias dominicanas encuentren la mejor atención posible, sigan siendo más fuertes que los obstáculos», concluyó.

