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La Iglesia católica de la República Dominicana abre un nuevo capítulo al recibir a monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como responsable del gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Santo Domingo, una misión que llega cargada de expectativas, esperanza y desafíos para quien ha dedicado su vida al servicio divino y a la comunidad cristiana.
El pontífice León XIV aceptó la renuncia de monseñor Francisco Ozoria Acosta al cumplir los 75 años establecidos por el Derecho Canónico, marcando así el cierre de una etapa y el inicio de otra en una de las jurisdicciones eclesiásticas más relevantes del país.
Morel Diplán no es un desconocido en el escenario eclesial dominicano; su formación incluye estudios de filosofía y teología en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino y su ordenación sacerdotal el 24 de junio del 2000. En 2007 obtuvo una licenciatura en Teología Moral en el Instituto Alfonsiano de Roma.
Su trayectoria pastoral lo llevó a Santiago de los Caballeros, donde fue nombrado obispo auxiliar el 25 de febrero de 2017. En diciembre de 2023 el papa Francisco lo designó administrador apostólico de la Diócesis de La Vega, y en octubre de 2025 el pontífice León XIV lo nombró arzobispo coadjutor de Santo Domingo.
Estas experiencias le han permitido familiarizarse con distintas realidades de la Iglesia dominicana, sus comunidades y los retos que enfrentan, convirtiéndolo en una pieza clave para robustecer la misión evangelizadora, acercar la Iglesia a los barrios y seguir impulsando los valores cristianos en una sociedad que anhela esperanza, solidaridad y compromiso.
El rol eclesial va más allá de predicar desde los templos; implica acompañar a las familias, escuchar a los jóvenes, defender la dignidad humana, apoyar a los sectores vulnerables y ofrecer guía ante las dificultades sociales. Así, el nuevo arzobispo tiene la tarea de mantener viva la fe, fortalecer la unidad del clero y acercar la Iglesia a la gente, especialmente a quienes necesitan una palabra de aliento y una mano solidaria.
Es preciso reconocer también la gestión de monseñor Francisco Ozoria Acosta, quien dirigió la Arquidiócesis de Santo Domingo desde su nombramiento como arzobispo metropolitano en 2016. Ordenado sacerdote el 2 de septiembre de 1978, estudió Teología Pastoral en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y fue consagrado obispo de San Pedro de Macorís el 15 de marzo de 1997; su ministerio episcopal constituye una etapa digna de respeto institucional. Los cambios en la conducción eclesial forman parte de la continuidad histórica; cada generación de pastores recibe una misión que debe cumplir con responsabilidad, humildad y fidelidad al Evangelio. Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán asume una gran responsabilidad, pero también una extraordinaria oportunidad para seguir sembrando esperanza en el pueblo dominicano, requiriendo sabiduría, prudencia, cercanía con sacerdotes, religiosos y laicos, y una disposición permanente para escuchar y acompañar. Que esta nueva etapa sea, en efecto, un nuevo sol para la Iglesia católica en Santo Domingo, una luz que fortalezca la fe, promueva la unidad y renueve el compromiso de servir al prójimo.

