@abrilpenaabreu
Cinco privados de libertad permanecen aislados después©s de que se les ocuparan teléfonos celulares y otros objetos prohibidos en Las Parras. Las autoridades mantienen investigaciones internas y han advertido que familiares, abogados e incluso empleados penitenciarios que participen en estas prácticas sometidos a la acciónde la justicia.
Hasta ahí el procedimiento es el esperado. Pero hay una interrogante estructural que no puede quedar sepultada detrás del parte oficial de las requisas: ¿Cómo entraron?
Porque cuando un aparato telefónico aparece operativo dentro de una celda, detectarlo e incautarlo es apenas la mitad del trabajo. La otra mitad de la verdaderamente decisiva consiste en establecer con precisión quién permitió que burlara los controles de seguridad para llegar hasta allÃ.
Las propias autoridades reconocen que los intentos de introducir sustancias, alcohol y dispositivos se canalizan tanto a través de los visitantes como mediante la complicidad interna del personal del penal.
Precisamente por eso, el debate público no puede limitarse al interno sorprendido en un video o a la sanción de turno.
Una infraestructura moderna se define, ante todo, por su capacidad rigurosa de controlar los flujos de acceso: quien entra, quién entra y quién mantiene contacto con la población recluida.
Las Parras fue concebida y presentada a la sociedad como la respuesta definitiva a décadas de colapso y precariedad en el sistema penitenciario. Desplazar las operaciones desde el infierno de La Victoria hacia instalaciones nuevas constitución a un paso ineludible, pero nunca iba a ser suficiente por sí solo.
Se pueden levantar muros modernos, desplegar sistemas de vigilancia electrónica y colocar arcos detectores.
Lo que resulta inaceptable es pretender mudar las viejas prácticas, las complicidades enquistadas y los vicios estructurales junto con los reclusos.
Las requisas son indispensables, al igual que el régimen de consecuencias.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegará el día en que las instituciones dejen de contabilizar cuantos teléfonos fueron incautados en una requisa y comiencen a rendir cuentas claras sobre por qué los filtros fallaron en la puerta.
Ahí, y en ninguna otra parte, comienza la verdadera reforma penitenciaria.

