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Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán señala que el exceso de aparatos digitales merma el diálogo entre padres, hijos y cónyuges.
El prelado coadjutor de la arquidiócesis de Santo Domingo vuelve a insistir en la necesidad de fortalecer la familia como columna vertebral de la comunidad, advirtiendo que su deterioro afecta las relaciones interpersonales, la convivencia y el desempeño de otras entidades sociales.
En su pronunciamiento dentro del XXIX Encuentro‑Concierto Pan y Vino, realizado en el Multiuso de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, el obispo subrayó que el hogar es el primer escenario donde se aprende a convivir, a formarse y a asumir responsabilidades frente a la sociedad.
Según sus palabras, la debilidad del núcleo familiar repercute en los organismos sociales, pues son los individuos educados en casa quienes luego forman parte de esas instituciones y ayudan a mantener el orden y la armonía.
Uno de los retos más notorios que menciona es la erosión de la comunicación dentro del hogar. A pesar de que hoy abundan los medios y herramientas tecnológicas para intercambiar mensajes, en muchas casas el intercambio cara a cara entre padres, hijos y parejas se ha debilitado.
Advierte que la exposición constante a teléfonos móviles, computadoras y demás innovaciones puede alejar a los miembros de la familia, llegando a situaciones en que la interacción con los dispositivos supera la interacción entre los propios familiares.
Resalta también la importancia de recrear espacios de intimidad, diálogo y encuentro presencial, pues la familia precisa tiempo para escucharse, atenderse y acompañarse mutuamente.
El arzobispo vincula los problemas familiares con escenarios de estrés, ansiedad, enfrentamientos y violencia, y sostiene que la crianza de niños y jóvenes requiere hogares tranquilos, serenos, con acompañamiento y guía.
Morel Diplán afirma que la carga de edificar una sociedad mejor no recae únicamente en partidos políticos, dirigentes o instituciones públicas, sino que parte de las familias, donde se inicia la educación y la formación de ciudadanos ejemplares.
Concluye llamando a madres, padres y jóvenes a asumir su papel en la comunidad, recordando que la construcción de personas capaces de cuidar a otros, proteger el medio ambiente, vivir su fe y contribuir al progreso nacional se gesta en el hogar.

