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El miércoles, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, manifestó que la consecución de la victoria en Ucrania está supeditada a la autorización por parte de la Duma del nuevo esquema de gastos militares que cubrirá los próximos tres años.
El mandatario, que rara vez se presenta ante la cámara baja –su última visita se remonta a 2020–, abrió la novena legislatura, en la cual el bloque oficial del Kremlin controla 349 de los 450 asientos; sin embargo, la oposición y analistas independientes ponen en tela de juicio la legitimidad del organismo debido a las múltiples irregularidades detectadas en los comicios recientes.
En su alocución saludó a los diputados con experiencia militar, que representan el 10 % del total, así como a los representantes recién elegidos de las cuatro provincias ucranianas incorporadas, centrando su discurso en la partida presupuestaria destinada al quinto año del conflicto.
«Lo esencial es evitar equivocaciones. En estos momentos, los errores resultan inadmisibles», declaró, añadiendo que Rusia no seguirá el ejemplo de otros –aludiendo a Ucrania– y no recurrirá a suplicar ayuda externa, a lo que calificó de «humillante». Continuó: «En primer lugar, nadie nos la concederá, lo sabemos bien; y, sobre todo, no la necesitamos».
Para el presidente, el plan financiero debe ser realista y equilibrado, garantizando la estabilidad macroeconómica y asegurando la ejecución de todos los programas sociales.
Aunque previamente había apoyado la reanudación de negociaciones de paz tras la visita de emisarios estadounidenses a Moscú y Kiev, Putin modificó su postura después del mayor ataque contra Moscú ocurrido el 20 de septiembre, en pleno proceso electoral.
Desde esa fecha, la capital rusa ha intensificado una serie de bombardeos continuos sobre Kiev. Todo indica que el conflicto alcanzará su quinto aniversario en febrero próximo, pues el ejército ruso solo ha conseguido avances marginales en el Donbás, donde recientemente sufrió serios reveses en Donetsk.

