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El jueves 17 de septiembre se cumplieron dos meses exactos desde que el pequeño Mauro dejó este mundo, y la ausencia del niño se percibe con mayor fuerza en la cotidianidad de la actriz cubana.
En una reciente publicación de sus redes sociales, la artista compartió: “Cada día te extraño más, Mauro. Con el pasar del tiempo entiendo que hay ausencias que nunca se aprenden a aceptar. No quiero borrar de mi mente tu sonrisa, tu felicidad, tu entusiasmo, tu amor por la música, la vida y, sobre todo, por tu familia. Hay momentos en los que cierro los ojos y casi siento tu presencia, pero al abrirlos la falta vuelve a romperme el alma. Te extraño demasiado, hijo mío, de una forma que no cabe en palabras, pero también te amo de una manera que la muerte no podrá borrar”.
Transcurridos esos dos meses, la intérprete, conocida por sus papeles antagonistas en populares telenovelas, confirmó que todavía no ha recibido las cenizas de su primogénito.
Explicó que, al contar con la ciudadanía estadounidense y haber fallecido en otro territorio, el trámite de cremación se alargó más de un mes; sin embargo, “hace apenas tres días se realizó la cremación y seguimos a la espera de las cenizas”.
Aunque la falta física es evidente, Aylín asegura sentir que su hijo la acompaña de alguna manera y que incluso le envía señales.
Relató que mientras estaba en Colombia, grabando en Villa de Leyva, percibió una corriente, se levantó, la cortina se movió y al encender la linterna del móvil apareció el número 333, el cual está tatuado en el cuerpo del niño y al invertirlo forma las tres M de su nombre, interpretándolo como un mensaje de su parte.
La artista manifestó que ese indicio le recuerda no caer en la tristeza, pues “él está en un lugar muy bonito, lleno de paz”. Añadió que lo extraña y anhela abrazarlo, pero reconoce que está bien.
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En la actualidad, Aylín forma parte de una competencia culinaria de una cadena televisiva, conducida por una destacada presentadora, actividad que se ha convertido en su principal terapia durante este difícil periodo.
“No puedo cambiar lo que me sucede, pero sí puedo decidir cómo reacciono ante ello. Mi trabajo es mi ancla y el mejor bálsamo para mi alma. Si no trabajara, ni siquiera tendría fuerzas para respirar. Me arrancaron una parte de mi ser, pero eso no significa que deba romperme; al contrario, el escenario y la cocina me permiten olvidar el dolor y descubrir capacidades que desconocía”.

