RDalDescubierto
Este viernes 18 de septiembre, el Santo Padre recibió en la Sala del Consistorio del Vaticano a los miembros del Centro Internacional de Estudios Papa León XIV, una institución creada en octubre de 2025 por iniciativa de la Orden de San Agustín para difundir la figura y el magisterio del pontífice León XIV, y les invitó a convertirse en “expertos en la novedad de Dios: en la que Él obra silenciosamente”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
El Pontífice enfatizó que su misión de esperanza consiste en impulsar, tanto en Italia como a nivel global, una educación para la vida pública y política concebida como servicio al bien común, eje central de su discurso ante los presentes.
Al dirigirse a los integrantes de esta entidad dedicada al estudio, la investigación y la producción cultural, el Papa manifestó su gratitud por acompañarlos en los primeros pasos de esta iniciativa.
«Les agradezco especialmente esta oportunidad, dada la importancia de la reflexión y el pensamiento crítico en la construcción de una civilización del amor, a la cual la Doctrina Social de la Iglesia tiene mucho que aportar», declaró.
El Santo Padre también subrayó que, desde su creación, el Centro ha buscado establecer un amplio diálogo con universidades, centros académicos, organismos públicos, organizaciones de la sociedad civil, estructuras eclesiales y redes asociativas, fomentando colaboraciones e intercambios tanto a nivel nacional como internacional, tal como indica su decreto fundacional.
«El secreto está en caminar juntos, siempre, sin excluir los encuentros con quienes son diferentes y parecen pensar, hablar o actuar de manera distinta», afirmó.
Al comentar la elección de Florencia como sede de la propuesta, el Papa resaltó que la ciudad italiana invita a inspirarse en los valores del Humanismo, una visión abierta al Creador que favorece la construcción de lazos fraternos.
«No son las guerras, sino el tejido de la paz y los equilibrios justos lo que produce la civilización, con la participación activa de todos los componentes sociales y culturales de una sociedad abierta», explicó.
Para reforzar la labor del Centro, recordó que la Doctrina Social de la Iglesia posee una raíz popular que no debe olvidarse, sobre todo en la actualidad, pues su reinterpretación de la Revelación cristiana frente a los retos sociales, laborales, económicos y culturales contemporáneos se sustenta en la acción de los laicos cristianos, acompañados por religiosos y religiosas.
Frente al cambio de época que vivimos, el Pontífice insistió en la necesidad de mantener una interacción constante entre los bautizados y el Magisterio, entre ciudadanos y expertos, y entre personas e instituciones.
Instó al Centro a fomentar ese ejercicio, señalando que requiere pioneros y facilitadores, especialmente cuando la desconfianza y la resignación amenazan con imponerse.
Enfatizó que la misión del Centro debe orientarse a una formación concebida como servicio al bien común.
«Aun a riesgo de ir contracorriente, su misión de esperanza consiste en promover, en Italia y en todo el mundo, una formación para la vida pública y política entendida como servicio al bien común, responsabilidad hacia la comunidad y construcción de relaciones basadas en la solidaridad, la justicia y la paz», reiteró.
Al evocar la visita del Papa Francisco a Florencia durante la quinta Convención Nacional de la Iglesia Italiana en noviembre de 2015, recordó que «no hay humanismo auténtico que no contemple el amor como un vínculo entre los seres humanos, sea interpersonal, íntimo, social, político o intelectual».
«La reflexión agustiniana que sustenta su iniciativa tiene mucho que ofrecer al panorama internacional actual, para una comprensión del amor como principio de renovación en la vida personal, económica y política. El amor une para liberar, congrega para generar, compromete para construir», añadió.
Antes de impartir la bendición apostólica, el Papa recordó que contemplamos la historia a la luz del Crucificado y Resucitado, que no vemos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva, y que creemos en el poder del Reino que brota de la pequeñez de una semilla de mostaza.
«Sí, sean expertos en la novedad de Dios: no en la que deslumbra por su rapidez y eficacia, sino en la que Él obra silenciosamente, liberando al viejo mundo de sus callejones sin salida y abriendo caminos por los que podemos avanzar juntos hacia su ciudad», concluyó antes de la bendición.

