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El presidente Luis Abinader, el 16 de agosto, marcó el punto medio de su segundo mandato al frente del Poder Ejecutivo, con el Partido Revolucionario Moderno consolidado en la cúspide del poder y una oposición que se muestra dividida.
Esa misma fecha dio inicio a una fase donde la meta principal será concluir los grandes proyectos y programas iniciados por su gobierno, al mismo tiempo que debe garantizar la estabilidad gubernamental, mediar en la disputa interna por la sucesión y procurar que el PRM siga liderando en las elecciones de 2028.
La gestión de Abinader se ha distinguido por mantener una estabilidad macroeconómica, impulsar la inversión pública y promover una agenda de reformas institucionales.
Entre sus principales éxitos destacan la recuperación económica tras la pandemia de COVID‑19, el impulso al turismo que alcanzó cifras récord de visitantes, la ampliación de las zonas francas, el aumento de la inversión extranjera directa y una política de infraestructura que ha incluido carreteras, puentes, hospitales, escuelas, acueductos y proyectos de movilidad urbana.
Su administración también transformó significativamente la relación entre el Poder Ejecutivo y el Ministerio Público, creando un esquema con mayor autonomía para combatir la corrupción administrativa.
Se suman a ello avances en la digitalización de los servicios públicos, una mayor transparencia en los procesos de compras y contrataciones, y reformas orientadas a modernizar distintas áreas de la administración pública.
La seguridad fronteriza ha sido otro pilar de su gestión: la instalación de una verja perimetral inteligente, el fortalecimiento del control migratorio y una postura firme ante la crisis haitiana han definido su política exterior y de seguridad, obteniendo amplio respaldo popular.
Asimismo, el gobierno ha apostado por ampliar el sistema de transporte masivo, modernizar puertos y aeropuertos, realizar nuevas inversiones en generación eléctrica, desarrollar el sector logístico y posicionar a la República Dominicana como un destino atractivo para el nearshoring y la relocalización de empresas.
Pese a estos avances, el presidente continúa enfrentando desafíos de gran envergadura que deberá superar antes de culminar su mandato.
