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Luis Abinader asume el control político del PRM rumbo a las elecciones de 2028

by Redaccion
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El mandatario fue elegido presidente del partido oficialista para el período 2026-2030; Juan Garrigó Mejía ocupará la Secretaría General y Gloria Reyes dirigirá la organización territorial

Santo Domingo.– El presidente de la República, Luis Abinader, fue elegido como nuevo presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), en una reorganización que coloca al mandatario al frente de la estructura política oficialista durante una etapa decisiva para la definición del liderazgo y la candidatura presidencial de 2028.

Abinader encabezó la plancha unitaria aprobada por aclamación este domingo 9 de agosto durante la Convención Nacional Ordinaria Orlando Jorge Mera, celebrada en el Hotel Sheraton de Santo Domingo. La nueva dirección nacional ejercerá durante el período 2026-2030 y será juramentada formalmente el próximo 5 de septiembre.

La elección representa un cambio significativo dentro del PRM: por primera vez desde que la organización alcanzó el poder, Abinader ejercerá simultáneamente el liderazgo político del partido y la Presidencia de la República.

El mandatario sustituirá en la presidencia partidaria a José Ignacio Paliza, quien encabezó el PRM desde 2018 y tuvo bajo su dirección los procesos electorales que llevaron a la organización al poder en 2020 y permitieron su permanencia en el Gobierno en 2024.

Juan Garrigó sustituye a Carolina Mejía

La renovación también alcanza la Secretaría General, que será ocupada por Juan Garrigó Mejía, hijo de la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía.

Garrigó sustituirá precisamente a su madre, quien ejerció la Secretaría General durante los últimos ocho años y que es considerada una de las principales figuras con aspiraciones presidenciales dentro del partido oficialista.

Su designación introduce una figura joven en uno de los cargos de mayor influencia dentro del PRM y refuerza el discurso de relevo generacional promovido por la organización. Sin embargo, también coloca su ascenso bajo una observación política inevitable por sus vínculos familiares con Carolina Mejía y con el expresidente Hipólito Mejía.

La nueva dirección tendrá como primera tarea mantener cohesionadas las distintas corrientes internas en momentos en que comienzan a perfilarse las aspiraciones presidenciales para 2028.

Carolina Mejía entregará la Secretaría General tras afirmar que concluye su período con la satisfacción del deber cumplido y con la confianza de que la posición queda en buenas manos.

Gloria Reyes dirigirá la organización territorial

Gloria Reyes fue elegida secretaria nacional de Organización, una función estratégica desde la cual deberá coordinar el fortalecimiento de las estructuras territoriales, articular la militancia y preparar al partido para el próximo ciclo electoral.

Reyes sustituirá en esa responsabilidad a Deligne Ascención, quien pasó a ocupar la primera Vicepresidencia Ejecutiva.

La dirigente agradeció su designación y aseguró que recibe la responsabilidad con humildad y con el compromiso de trabajar por la institucionalidad y el fortalecimiento del PRM.

Su llegada a la Secretaría de Organización también representa uno de los movimientos de mayor peso dentro de la renovación partidaria. La posición le permitirá tener contacto directo con las bases y participar activamente en la reorganización municipal, provincial y nacional de la organización.

Deligne Ascención tendrá un papel operativo determinante

Deligne Ascención fue elegido primer vicepresidente ejecutivo y se perfila como una de las figuras con mayor responsabilidad en el funcionamiento cotidiano del PRM.

La estructura aprobada procura permitir que Abinader ejerza el liderazgo político de la organización sin descuidar sus responsabilidades como jefe del Estado. En consecuencia, Ascención estaría llamado a asumir una parte importante de las tareas administrativas y operativas del partido.

Las demás vicepresidencias serán ocupadas por Milagros Ortiz Bosch, Eddy Olivares, Nelson Arroyo y Salvador Ramos.

Como subsecretarios generales fueron seleccionados Kelvin Cruz, Lía Díaz, Jean Luis Rodríguez y Rosa Santos. Luis Delgado fue escogido secretario nacional Electoral.

La Convención también ratificó a Deligne Ascención como presidente de la Comisión Nacional de Elecciones Internas, organismo encargado de organizar, supervisar y garantizar el cumplimiento de las normas en los próximos procesos internos.

Dirección nacional permanecerá hasta 2030

Uno de los elementos más relevantes de la convención fue la modificación del período para el cual ejercerán las nuevas autoridades nacionales.

Aunque inicialmente se había planteado que la nueva dirección sería elegida para el período 2026-2028, los delegados aprobaron que sus integrantes permanezcan en sus funciones durante cuatro años, hasta 2030.

El período de dos años se mantendrá para las autoridades territoriales y las circunscripciones del exterior.

La decisión implica que Abinader conservará la presidencia del PRM incluso después de concluir su segundo mandato constitucional en agosto de 2028. Desde esa posición podría continuar ejerciendo una influencia decisiva sobre la organización, independientemente de quién resulte escogido como candidato presidencial y de los resultados de las próximas elecciones.

El reto de organizar una sucesión sin fracturas

La llegada de Abinader a la presidencia del PRM ocurre cuando el partido comienza a prepararse para un proceso sucesorio particularmente complejo.

El mandatario ha reiterado que no buscará modificar la Constitución para optar por un tercer período consecutivo. En consecuencia, el PRM deberá escoger una nueva candidatura presidencial para 2028 sin la figura que encabezó sus dos victorias electorales más importantes.

Dentro de la organización han comenzado a proyectarse diferentes liderazgos, entre ellos Carolina Mejía, David Collado, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, Wellington Arnaud y otros dirigentes que podrían participar en la competencia interna.

La presidencia partidaria le permitirá a Abinader actuar como árbitro del proceso, pero también lo colocará bajo presión para garantizar condiciones equitativas entre los aspirantes.

La aprobación de una plancha única permitió al PRM proyectar una imagen de unidad. Sin embargo, figuras como Jesús “Chu” Vásquez defendieron el voto directo como mecanismo para garantizar una participación más amplia de las bases.

La ausencia de candidaturas alternativas convierte la jornada en una demostración de consenso político, aunque también abre el debate sobre la democracia interna y el grado de participación real de la militancia en la selección de sus autoridades.

Paliza entrega un partido unido

Durante su discurso de despedida, José Ignacio Paliza presentó la unidad como el principal activo de la organización después de ocho años de gestión.

El dirigente reconoció que durante ese período existieron diferencias internas, pero sostuvo que el partido aprendió a administrarlas sin permitir que provocaran una fractura.

Bajo la presidencia de Paliza y la Secretaría General de Carolina Mejía, el PRM pasó de ser la principal fuerza de oposición a controlar el Poder Ejecutivo, la mayoría del Congreso Nacional y una parte considerable de los gobiernos municipales.

La nueva dirección recibirá, por tanto, una organización fortalecida electoralmente, pero enfrentará el desafío de conservar esa posición cuando Abinader ya no pueda presentarse nuevamente como candidato presidencial.

Una decisión con impacto más allá del PRM

La elección de Abinader no constituye únicamente una reorganización administrativa. Supone la centralización del liderazgo gubernamental y partidario en una misma figura durante los dos últimos años de su mandato.

Para el PRM, la decisión puede facilitar la coordinación entre el Gobierno y la organización política, mantener alineadas sus estructuras y reducir las disputas prematuras por la candidatura presidencial.

Al mismo tiempo, obliga al mandatario a establecer límites claros entre sus funciones como presidente de todos los dominicanos y su nueva responsabilidad al frente del principal partido del país.

Abinader tendrá ahora la responsabilidad de conducir una transición que determinará si el PRM puede mantenerse unido después de su salida del poder en 2028, organizar una competencia interna legítima y conservar el respaldo electoral que le permitió convertirse en la fuerza política dominante de la última década.

La renovación presentada como una apuesta por la unidad abre, en realidad, la etapa más delicada para el oficialismo: administrar la sucesión de su principal líder sin provocar divisiones internas.

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