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París.- La mayor parte de la población reconoce que la Estatua de la Libertad, símbolo central de la cultura estadounidense, llegó como un obsequio de Francia, aunque pocos saben quién la concibió realmente, y muchos la confunden con el ingeniero Gustave Eiffel, quien solo diseñó su estructura interna.
El verdadero artífice fue otro francés, Auguste Bartholdi (1834‑1904), un escultor fascinado por los proyectos colosales; su logro de levantar la escultura más alta del planeta en su época será revisitado a partir de mañana en el Musée d’Orsay, donde la muestra permanecerá abierta hasta el 31 de enero.
La exposición, titulada ‘Auguste Bartholdi. La Liberté éclairant le monde’, conmemora el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776). Ese centenario sirvió de impulso a Bartholdi para lanzar la iniciativa, aunque la estatua no se inauguró oficialmente sino el 28 de octubre de 1886.
Los organizadores, François Blanchetière, conservador jefe del departamento de escultura de Orsay, y Juliette Chevée, directora del Museo Bartholdi en Colmar, ciudad natal del artista, sostienen que el escultor es un caso paradigmático cuyo trabajo eclipsó su propio nombre.
«Es famosa en todo el mundo, vista una y otra vez, y es reconocible de una forma casi universal, hasta el punto de haberse convertido en un icono. Sin embargo, paradójicamente, sus orígenes son bastante desconocidos (…) Sobre todo, por la identidad de su creador, que cayó un poco en el olvido tras la inauguración de la estatua, tras su muerte», señaló Chevée al presentar la muestra a la prensa este lunes.
La muestra se divide en seis áreas temáticas que incluyen esculturas diversas, réplicas —posiblemente— de la estatua más conocida del planeta, fotografías, carteles y objetos vinculados al proyecto.
El recorrido comienza situando la iniciativa dentro de la vida y carrera de Bartholdi, subrayando la chispa inicial de la idea: durante una cena, su amigo el jurista Édouard Laboulaye le propuso crear un monumento que celebrara la amistad franco‑estadounidense.
Laboulaye, liberal republicano que no buscaba la revolución, deseaba un símbolo basado en los principios del derecho y la justicia, alejado de cualquier connotación violenta.
De esa conversación surgieron diferencias notables entre la visión de la libertad plasmada por el pintor Eugène Delacroix en su obra ‘La Libertad guiando al pueblo’ y la de Bartholdi, cuya escultura lleva el título original ‘La Liberté éclairant le monde’ (La libertad iluminando el mundo).
«No es la libertad con un gorro frigio rojo y una pica en la mano que avanza sobre los cadáveres», explicó Laboulaye en su discurso de 1876 ante la Unión Franco‑Estadounidense, describiendo la antorcha como una llama que ilumina y las tablas en la otra mano como símbolo de la ley.
Blanchetière recordó que la estatua no fue “un regalo del Estado francés al Estado estadounidense”, sino un proyecto financiado mediante una colecta popular, es decir, un verdadero obsequio del pueblo francés al pueblo americano.
La exposición también recorre la amplia campaña de difusión destinada a reunir los fondos, destacando hitos como el envío de la mano con la antorcha a la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 —la primera celebrada fuera de Europa para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia— y la exhibición del busto en el Campo de Marte de París.
Todo el ensamblaje se realizó íntegramente en territorio francés y, durante varios años, la estatua se convirtió en un gran atractivo turístico antes de ser desmontada y embarcada en un buque de la Marina francesa desde el puerto de Rouen.
El pedestal, encargado a los estadounidenses, solo se materializó gracias a la intervención del magnate de la prensa Joseph Pulitzer, quien revitalizó la campaña de recaudación en Estados Unidos, hasta entonces infructuosa.
Con el paso del tiempo, el simbolismo de amistad entre ambas naciones se fue diluyendo y la escultura acabó consolidándose como un ícono puramente estadounidense y emblema de la ciudad de Nueva York.

