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Los tradicionales triciclos eléctricos que solían trasladar pasajeros y mercancías por las avenidas habaneras, ahora se dedican a la recolección de residuos, una iniciativa destinada a atenuar la creciente crisis de basura en medio de la escasez energética que afecta a la isla.
Un total aproximado de quince unidades forman parte del programa local conocido como El Rampeño, nombre que proviene del barrio donde circulan, La Rampa, en el Vedado de La Habana. Su tarea principal consiste en recolectar desechos de restaurantes privados, comercios, mercados y lugares turísticos de referencia, entre ellos el emblemático Hotel Nacional de Cuba.
La flota del proyecto El Rampeño inició sus actividades en julio del año pasado, ofreciendo dos recorridos al día: el primero a las 08:00 hora local (11:00 GMT) y el segundo a las 20:00 (24:00 GMT). Asimismo, brinda servicio a domicilios particulares, con una tarifa fijada por la autoridad municipal en 100 pesos, equivalentes a cerca de 12 centavos de dólar en el mercado informal y 84 centavos al tipo de cambio oficial.
La iniciativa está liderada por Yasier Hernández, un emprendedor de 35 años que combina capital privado con tecnología sostenible para atender una necesidad social urgente que impacta la salud pública, pues la población suele incinerar la basura ante la paralización de los servicios comunales estatales y la falta de combustible.
“Contamos con 40 trabajadores entre personal de recogida, área económica y comercial”, declaró Hernández mientras mostraba a la prensa la estación de carga, equipada con 60 paneles solares y una reserva de baterías de 40 kilovatios, diseñada por el mismo proyecto para sortear los apagones que superan las 20 horas diarias.
El objetivo anunciado es “poder ampliar el servicio a otras zonas de El Vedado”. Con esa finalidad, el equipo ha solicitado al gobierno local que aumente la cantidad de contenedores donde depositar los residuos al concluir cada jornada.
La gestión de basura constituye una de las líneas de acción de este emprendimiento, que nació hace dos años en la provincia central de Villa Clara y que también se dedica a la fabricación de textiles, equipos de protección laboral y ropa especializada para el sector empresarial.
El Rampeño ha creado empleo para varios capitalinos que, frente a la crisis, se han visto obligados a cambiar de ocupación. Un caso representativo es el de Ana Román, de 58 años, quien antes alquilaba habitaciones a viajeros internacionales; tras la drástica caída del turismo, ahora colabora como asistente de los conductores de los triciclos.
“Es un trabajo bastante duro, bastante sacrificado y hay mucha indisciplina en la población”, comentó Román, quien percibe un ingreso promedio de 15 000 pesos, equivalentes a 18 dólares al tipo de cambio informal y 125 dólares al oficial.
Román aseguró que, pese a las dificultades, muchos vecinos agradecen la labor que realizan. “Estamos tratando de echar el proyecto para adelante. Todas las personas y los mercaditos nos lo agradecen mucho”, añadió.
Cada recorrido puede prolongarse alrededor de dos horas hasta dejar limpias las instalaciones, aunque los operarios reconocen que la duración depende de la cantidad de basura acumulada en cada zona.
La Habana lleva décadas siendo una de las ciudades cubanas más afectadas por la acumulación de residuos en sus calles, una problemática que el Estado no ha logrado resolver.
Desde 2023, el gobierno informó que menos del 40 % de los equipos de recolección estaban operativos y que la capital carece del número necesario de contenedores para gestionar los aproximadamente 30 000 metros cúbicos de desechos sólidos que se generan a diario, según datos oficiales.
El acúmulo de basura se ha convertido en foco de infecciones; en 2025 se lanzó una campaña de “higienización” tras reconocer una epidemia de chikunguña y dengue que dejó 65 fallecidos y 81 909 infectados en la isla.

